POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN FORASTERO

ÉPALE291-BOLEROSLa primera vez que escuché este bolero de Pepe Delgado fue en la voz de Roberto Faz, hace tantos años que ya no me acuerdo si fue en Cuba, en uno de esos festivales del bolero. Pero en 25 años dictando conferencias cuando se podía, ¡qué carajo me voy a estar acordando! Lo que sí recuerdo fue que me pareció curiosa esa letra, que ya anunciaba este despecho que aún me aturde: Siempre me decías yo te quiero mucho. / Vi que fue un engaño todo aquel amor / que, al convertirse en realidad, / más tarde fue una decepción. / Y hoy pasan los días, y pasan las noches, y pasan los años, / pero en el dolor de mi amargura tú serás / la dueña de mi corazón.

Cuentan los cronistas que “Dueña de mi corazón es un bolero antológico del compositor Pepe Delgado, que nace a partir de una historia de amor que vivió en Holguín, Cuba, con una beldad de la burguesía local: Carmen Cortina. En la página La aldea a la mano (Holguín, Cuba) reseñan a Pepe como un hombre “alto, trigueño, muy sobrio en su carácter, un tanto introvertido, con aureola de buen músico y porte y actitud de romántico tardío o trasnochado, Pepe no parecía hombre de este sino de otros siglos, de ahí que las muchachas de la ciudad se enamoraron de él apasionada y secretamente. Y para tenerle cerca lo contrataban para que el joven las visitara y les impartiera clases de música”. Y allá rodó el Pepe cuando, de clase en clase, con las carajitas de la burguesía holguinera, tropezó con Carmen Cortina y se enamoró locamente. La radionovela El derecho de nacer se quedó pendeja: “Ella, niña de bien (hija de dulceros y terratenientes), y él, músico pobre, tuvieron que fugarse y consumar el matrimonio para que la familia los obligara a casarse. Fue en la iglesia San José en 1942. Luego llegó Carmita, fruto del amor tan serio, tempestuoso y breve”.

Fue la hija de los amantes quien narró al cronista de la música holguinera, Zenovio Hernández, la historia. Por un motivo que no supo nunca, un año después concluye la unión, en 1943. Entonces, Pepe escribe la letra que adquiere visos de misterio. Y premonición, porque Carmen Cortina nunca se volvió a casar y, como si fuera viuda, llevó ropaje negro cerrado hasta su muerte.

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