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DESDE COTIZA NO. TAMPOCO DESDE SAN BERNARDINO, NI POR LOS VENADOS: FUE DESDE MACUTO. CUANDO LLEGAMOS A LA QUEBRADA, EL DOCTOR ESLAVA SE ADELANTÓ, TROTANDO TODOS LOS CAMINOS. INCLUSO, EL MÁS PERVERSO QUE USTED SE PUEDA IMAGINAR

POR GUSTAVO MÉRIDA • @GUSMERIDA / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

De la columna izquierda del portal del edificio Gradillas, en la plaza Bolívar, un anciano recostaba sus huesos. Detrás de él, muchos más. De cerca, ni es tan anciano ni tiene tanto hueso. Su rostro barbudo, lleno de madrugadas, también se recuesta de la columna izquierda de la entrada del edificio Gradillas. “¿Desde qué hora está usted aquí, maestro?”.

5 Y 30 AM

Veo mi reloj de pulsera, en la mano izquierda. Faltaban veinte para las ocho de la mañana y el diario Ciudad CCS no había llegado. Una, dos, tres… hasta el adulto mayor número 23, más otra docena en otra cola, y en un santiamén, antes de que amanezca, puro caraqueño trasnochado mayor de sesenta años hacen (construyen) las primeras colas de cada mañana de estos tiempos que corren y que se nos están olvidando. ¿Quién se acuerda de Oscar Pérez, que en paz descanse?

Solamente se llevó agua, leche condensada y un par de sandúches. Y cambur

Solamente se llevó agua, leche condensada y un par de sandúches. Y cambur

DESCANSAR EN PAZ

A los últimos de la cola, les conté: “Un tipo contemporáneo con ustedes va a subir al Warairarrepano (mentira: dije al ῾Ávila᾿), pero por Macuto; dice que lo hace en menos de cinco horas”.

ESO ES EMBUSTE

Dijo uno. Espero que sea el mismo que está leyendo esto.

Jesús Eslava tiene 75 o 76 años, es cardiólogo, se ríe que jode y es uno de los sobrevivientes (de verdad; no es uno de nosotros) que subió desde Macuto hasta la estación del teleférico que desde siempre, o casi siempre, ha estado en Caracas pero ahora es cuando funciona, en pleno principio del año 18 de estos principios del tercer milenio de esta humanidad desmedida. Antes no era así (el teleférico no funcionaba: la humanidad, tampoco) pero ahora, la culpa de que alguien no pueda comprarse lo que antes podía es de Maduro. No mía, ni de él, ni de mi mamá, ni de la mamá de él: es de Maduro.

A veces parece cuesta arriba

A veces parece cuesta arriba

LÁVENSE EL CULO

Las disculpas, las ofrezco: pequeñas, ridículas, inútiles.

A una de ellos, los sobrevivientes, le falta un pulmón. Otro fue apuñaleado varias veces, tantas, que el chorro de sangre de la herida mayor salía como sale el chorro de pipí a los sesenta, pero más lejos. Y, por haber tomado tanta caña, no sintió tanto cuchillazo. Hospitales siquiátricos, unos con más alcoholismo que otros “y mi hermano se mató en una moto con la botella de ron en la mano”, drogas de todos los colores, infartos y accidentes cerebrovasculares a diestra y siniestra y una edad promedio, de los sobrevivientes, de sesenta y cinco años, salvo Eslava, que era quien marcaba el paso. También estaba otro sobreviviente a un tiro en el abdomen del 11 de abril de 2002, año en que tumbaron a Chávez. “A Maduro no lo han tumbado” estoy casi, casi seguro que uno de esos sobrevivientes lo pensó. O lo dijo.

“En realidad todo esto es idea de Tony Piccariello”, dice Eslava sin jadear. De repente, arrancaba a correr y había que apretar para seguirle, a un ritmo que ninguno de ustedes, viejitos que nos esperan recostados de la columna izquierda, alcanzaría a alcanzar, así como se lee, jamás.

QUÉ BOLAS TIENEN USTEDES

La sabiduría del doctor, otro sobreviviente, no puede perderse: hablamos de vivir unos 300 años. Pregúntenle a cualquiera que a los 75, garantiza los orgasmos femeninos. “Tiempo, dureza y movimiento: también puede ser un dedo”, dice sin pararse, o detenerse, Eslava.

La vista del puerto de La Guaira “uno de los más modernos de Latinoamérica” (y en alianza con los portugueses, agregó otro de los sobrevivientes, uno que vende un castillo que está por la Colonia Tovar en 120 mil dólares.“Te lo dejo en noventa mil”, y me mira esperando respuesta.

El amor está en todas partes

El amor está en todas partes

“No tengo ni un dólar”.

Luego de tanto parloteo, llega ese silencio silencioso que no se calla nunca, ni siquiera cuando sabes que te vas a morir, y que por tanto este es el tiempo de la alegría y el orgasmo, del movimiento y la creación y no de estar ahí recostado, en la columna izquierda del edificio Gradillas.

Además, ya Ciudad CCS tiene que encontrar un modo distinto de distribución, con pregoneros en bicicleta; mientras tanto, saber a quién le escribes, aquí en Caracas, a pocos metros de la casa en la que Simón y María hacían el amor, o casi, porque ella estaba enferma y Simón se murió antes de los cincuenta y Chávez antes de los sesenta.

Y ustedes están recostados de las columnas, en lugar de mover ese esqueleto e inventarse una y hacer como Alejandro, el pana que se sienta en las gradillas de la esquina de Gradillas y porque llegó tarde aquel día, no hizo la caricatura de Oscar López Rivera, que estuvo tanto tiempo preso y anda caminando América para que no se nos olvide y dejemos la maldita corrupción, incluso la mía, que quiero pasar tres birras como jugos porque la vaina está jodida.

Eslava me dijo tanto, y calló tanto, que el silencio aterrador y enternecedor de opositores y chavistas, todos unidos subiendo cerro con un viejo de 75 que lo sabe todo, o casi todo, se sentía en algunos recodos del camino y cuando sudamos subiendo cerro la piel se deshace de tantas ansias de comprar cualquier cosa que ya no podemos comprar. Cuando masticamos pan solo, y sabe sabroso, es porque teníamos tiempo sin comer pan solo. Primero la gente y después La Misma Gente.

PURO SOBREVIVIENTE ENCANTADO CON PODER VIVIR UN RATO MÁS Y VER ESTA CIUDAD INTRANQUILA Y REBELDE DESDE ALLÁ ARRIBA, SUBIENDO POR MACUTO, QUE ES DONDE VIVÍA REVERÓN

Ya es cerca de la medianoche y las madrugadas del lunes, del jueves y de los fines de semana, en esta Caracas que resiste, no necesita de colas de gente esperando el diario porque en esos días no se imprime aunque nada se suprime y la caricia que necesitas, la primera, la mejor, es la que nos damos todos cuando todos llegamos a la meta, juntos, solidarios. El más opositor de todos me ofreció, sin dudarlo, su tarjeta para pagar un refresco, porque en Galipán venden refrescos y chocolate caliente en el teleférico, barato, y caro también, en el mismo teleférico. Así es en Caracas, entre lo barato y lo absurdo, entre la esperanza que sube cerros y la lluvia que no nos deja jugar, entre la sonrisa y la cola y la tristeza que pasa, sin voltear a ver la alegría. Caracas es nube de cilantro en el cielo estrellado de la autopista Francisco Fajardo, un traidor. Como Rodríguez Torres. Puro sobreviviente encantado con poder vivir un rato más y ver esta ciudad intranquila y rebelde desde allá arriba, subiendo por Macuto, que es donde vivía Reverón. Casi llegando, Eslava me dijo que sabía cómo cuidar mejor al presidente; que el presidente está gordo y que tiene que subir cerro y que cuando venga otra vez a la plaza Bolívar (esto no lo dijo Eslava) que no cierren todos los locales en Gradillas, porque si en lugar de producir páginas, produjésemos comida y la lleváramos a las mesas, no hubiésemos vendido nada ese día. Y sin propinas. Ellos son los héroes.

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