Editorial

Andrea Quiñones Rubio

Este noviembre 2020, nos demostramos (en principio a nosotros) y luego al mundo que una pandemia, un bloqueo económico, las amenazas, el acoso y asedio constante desde los distintos flancos, no son suficientes para impedir la realización de una de las actividades emblemáticas de nuestro proceso revolucionario: la Feria Internacional del Libro de Venezuela.

La FILVEN 2020, es ahora un espacio, donde cohabita la tecnología y lo presencial, nos muestra mucho más allá que una extensa programación con diversas actividades nacionales e internacionales para toda la familia, nos pone a disposición una tienda virtual que permite la venta de libros, las descargas sin costo de cientos de ejemplares y la participación gratuita para los expositores dentro de la feria, lo que la hace única en el mundo. Sigue siendo un espacio abierto al diálogo, al debate con ejes temáticos de interés social, político y educativo.

Un espacio que extiende un puente para unirnos a nuestros hermanos latinoamericanos y conocer la palabra emancipadora de los autores mexicanos, quienes tienen este año un sitial de honor, al igual que Earle Herrera, nuestro homenajeado, ícono de la crónica en Venezuela, y quien es, junto al gran Aquiles Nazoa en el centenario de su nacimiento, una de las plumas venezolanas más prolíficas de nuestra historia. Reunir al menos 20 países en un mismo encuentro literario y adaptarse rápidamente a las nuevas tecnologías y herramientas tras la coyuntura sanitaria mundial que nos ha llevado a replantearnos la vida entera, no es poca cosa. La FILVEN 2020 es escudo y cosecha de una sociedad que resiste y lucha desde las letras y la cultura.

Esta EPALE CCS está dedicada a ustedes quienes nos leen en la web y también la reciben en sus manos de manera impresa, viéndonos a los ojos porque son ustedes los que aman la palabra, esa palabra escrita, el discurso, el entrelíneas, la imagen de la palabra. Esa palabra leída, es la que penetra, nos ata, nos libera, no se cansa, lucha, trabaja, se apropia, se extiende. Y es quién la lee, el que la percibe, la legitima, la convalida, para que la palabra que nos desbloquea, sea la palabra sembrada. Nuestros hijos y sus generaciones recogerán la cosecha.

ÉPALE 390