Edsel Sierralta: maestro en hacer cine  con 30 $ y en 1 minuto

Un guaro de 30 años se ha convertido en figura emergente del cine independiente venezolano, con sus cortometrajes hechos con celular. Hasta a Cannes fue a parar y sigue trabajando, con todo y coronavirus

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Cortesía

Edsel Sierralta es escritor, productor y director cinematográfico autodidacta que saltó a la fama cuando su cortometraje, Pálida, entró en el programa 3 Días del Festival de Cannes y fue seleccionado como uno de los mejores 50 del Mobile Film Festival 2018 para producciones hechas exclusivamente con teléfono celular.

Nació en diciembre de 1990 en Barquisimeto, estado Lara, y al momento de arrancar la cuarentena nacional para frenar el avance del coronavirus, en marzo de 2020, se encontraba por iniciar el rodaje de su primer largometraje, que hubo de detenerse a causa de la contingencia.

Es un muchacho optimista, convencido, que se mantiene activo produciendo y dictando conferencias, con una alta movilidad en diversas plataformas digitales y redes sociales, siempre con la esperanza de un mañana mejor, y con muy poco billete en la cartera. “Yo creo que los creadores audiovisuales no debemos detenernos en ningún momento y menos ahora, que la gente necesita consumir más arte y cultura”.

Casi comunicador social, en 2020 fue jurado del Cine Átomo del Festival del Cine Venezolano, y continúa siendo incluido, como una especie de fenómeno emergente, en la selección oficial de varios festivales internacionales con sus cortometrajes.

—¿Cuál es la clave de tu éxito?

—La constancia y el trabajo en equipo son clave, es importante crear con quienes al igual que tú, no se detienen ante cualquier dificultad, además de la admiración mutua por el trabajo de cada integrante de nuestras producciones. Un director puede ser bueno, pero con el equipo indicado el resultado será genuino, lleno de calidad. Crear y creer.

—¿Qué sumaste en 2020, el peor año en la vida de casi todos?

—2020 fue un año difícil para el mundo entero, lleno de cambios y mensajes. Adaptándonos a nuevas formas de hacer las cosas creamos Confinado, un filminuto con un mensaje contra el suicidio. Este filme fue selección oficial en el Litfoff Session de Londres. Luego hicimos otro filminuto para el Mobile Film Festival donde fuimos selección oficial, con el cortometraje Anna, un mensaje sobre la violencia contra la mujer. Además, comenzamos a filmar mi primer largometraje titulado Gvantsa, una película inspirada en una historia real. Todas, producciones siguiendo de manera estricta normas de bioseguridad.

—¿Cuáles son los méritos de tus cortos?

—Creo que el reconocimiento en lugares donde al principio eran sólo un sueño, además que existan personas que confíen en lo que haces y produces. Una de las cosas que más llama la atención es la creación con los recursos que tenemos en nuestras manos, además, lo preciso y contundente de los mensajes.

—¿Si tuvieras más plata harías más largometrajes?

—Claro, todos nuestros cortometrajes que han sido reconocidos en festivales internacionales, han sido producidos con no más de 30$. El largometraje que estamos realizando está siendo posible por personas que creen en lo que hacemos. Creo que en el cine la inversión es de gran importancia; para el desarrollo de la industria cinematográfica se necesitan sectores dispuestos a producir y coproducir filmes locales, nacionales, esto se verá reflejado en turismo, arte, cultura y moda. Mientras no esté el dinero, seguiremos creando de cualquier manera.

—¿Cómo financias tus producciones?

—Siempre hemos buscado producir con lo mínimo de recursos, sacar provecho de crear desde la nada, menos es más, buscamos generar vínculos con emprendedores, gente que cree que aún se puede hacer cine y arte en Venezuela. Para la película también hemos generado campañas de recaudación, además de nuestro dinero personal generado por otros trabajos. Es ardua la tarea pero el trabajo ha dado sus frutos, se nos acaba de unir como coproductora desde la India, The Garage House.

—¿Qué pasa con el cine venezolano?

—En Venezuela la industria cinematográfica está en un momento difícil, creo que es un momento donde debe existir mayor variedad de producciones, documentales, creaciones artísticas para cubrir las necesidades. Creo que las condiciones están dadas para hacer cine, falta la verdadera inversión que merece el cine nacional y sus creadores, tenemos muchas cosas que contar.

Afirma que el cine venezolano, en medio de las precariedades, debe “darse una sacudida” y tomar en cuenta que existen nuevas formas de hacerlo. “Lamentablemente no tenemos en este momento una estructura ni una industria y eso hace que cueste más conseguir recursos para desarrollar historias. Lógicamente, la pandemia crea una crisis dentro de otra crisis, aunque considero que de las crisis surgen oportunidades”.

—¿Te crees parte de una nueva generación de cineastas venezolanos? ¿Se puede hablar de una nueva generación?

—Hay nuevas condiciones para hacer cine, por lo cual es necesario ese cambio generacional. Sí existe una nueva generación de cineastas con otras formas de hacer cine, otras cosas por contar, otros horizontes que mostrar. Venezuela es un gran país, muy diverso, así es el cine. Con respeto y admiración a otras generaciones de cineastas, considero que nuestra generación debe crear sin importar la circunstancia, el cine venezolano no se detendrá.

Si bien en la década de los 90 se hacían una o dos películas al año en Venezuela, luego de la creación del Ministerio del Poder Popular para la Cultura al comienzo de la Revolución Bolivariana, el ritmo de producción llegó a alcanzar hasta 40 filmes en un año, casi todos de impecable factura.

A ello contribuyó también la puesta en marcha de la Ley de la Cinematografía Nacional en 2005, que a su vez generó la creación del Fondo de Promoción y Financiamiento del Cine (Fonprocine), con el que el Estado orientaba parte de los recaudos de taquilla a la producción cinematográfica. Hasta 2014, más o menos, se vivió una etapa de florecimiento y esplendor, que se tradujo en el reconocimiento internacional en festivales de primer nivel, como Venecia y San Sebastián.

Las precariedades económicas, el bloqueo y, por supuesto, la pandemia, han ralentizado dramáticamente el ritmo de producción cinematográfica hasta condenarla a su casi extinción.

—¿Qué le recomiendas a l@s cham@s que van a tus conferencias?

—Siempre hablo de la importancia de creer en lo que haces, amar lo que haces y hacerlo con personas que admires y te respeten de la misma manera que tú lo haces, además siempre recalco que debemos ser constantes ante alguna meta u objetivo, demostrar que realmente lo queremos. Producir sin importar las condiciones, con un teléfono celular, cámara, fotografías, recortes, la capacidad de crear es infinita, depende de tu creatividad.

—¿Qué esperas para 2021?

—Estamos trabajando para terminar de filmar y editar mi primer largometraje escrito y dirigido, espero que todas las condiciones se den para poder hacer esto realidad, aunque sea difícil, yo sé que no es imposible. Además espero poder trabajar con videoclips a algunos artistas, me encanta mantenerme creando, filmando.

ÉPALE 398