ÉPALE 223 PERFIL

QUISO SER UN RAMBO, PERO SE QUEBRÓ LAS PIERNAS EN EL INTENTO. OPTÓ POR SER AGENTE DE LA CIA, COMO EXPERTO EN INFORMÁTICA. SE CONVENCIÓ DE QUE EL SISTEMA DE ESPIONAJE GLOBAL PRISM ERA UN ARMA LETAL Y DECIDIÓ DENUNCIARLO. DESDE ENTONCES ES UN GENUINO PERSEGUIDO POLÍTICO

POR CLODOVALDO HERNÁNDEZ • CLODOHER@YAHOO.COM / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Toda la parafernalia de preocupaciones de Estados Unidos por el respeto a los derechos humanos y por la libertad de los presos, los perseguidos y los exiliados políticos (con todas las comillas que merezcan) se desploma como lo que es, una gran farsa, con la sola mención de Edward Snowden.

Es más, hasta podría ser una táctica de debate. Cada vez que algún vocero del Estado corporativo gringo salga con esa cantaleta, que alguien nuestro le conteste con ese nombre y ese apellido, sin necesidad de enunciados explicativos.

Edward Snowden es, sin lugar a dudas, el emblema de la funesta mentira de la democracia estadounidense. El hombre se atrevió a dejar evidencia de que el país imperial utiliza la información como arma letal, y ahora corre el riesgo de ser asesinado o condenado a cadena perpetua en una de esas prisiones de máxima seguridad.

Snowden no mató a nadie, no llamó a sus huestes a combatir hasta que el gobierno cayera, no incitó a guarimbas en Washington ni en Nueva York. Nada de eso, pero si EEUU le echa el guante, no habrá OEA ni Carta Democrática ni Comisión o Corte de Derechos Humanos que vele por él. Ya sabemos que eso solo sirve para los perritos de alfombra cuando caen en desgracia.

¿Por qué este hombre de 33 años dio el paso de convertirse en el enemigo público de la pandilla que gobierna su país, luego de haber prestado sus servicios nada menos que a la macabra Agencia Central de Inteligencia (CIA) y a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), dos de los más temibles cuerpos represivos estadounidenses? Ese es uno de los tantos misterios en la vida del personaje, que nació en Elizabeth City, Carolina del Norte, en 1983.

Hasta que protagonizó la más espectacular revelación de secretos de la historia estadounidense, Snowden era parte de esos formidables aparatos de espionaje interno y externo de EEUU. No era uno de los que (según las películas) se caen a tiros con terroristas de facciones árabes o desactivan bombas cuando solo quedan cinco segundos para que la Casa Blanca vuele en pedazos. No. Era un informático superdotado, un nerd al que seguramente contrataron para que “hackeara” las computadoras de otras agencias de seguridad o para que impidiera que otros nerds “hackearan” las de esta.

El origen laboral de Snowden es la causa por la que muchos no terminan de confiar en él. Se impone en este caso el aserto de los ñángaras de la época guerrillera: “No hay que creer en amor de mesonera* ni en amistad de policía” (*para los muy jóvenes, las mesoneras son una especie extinta, en parte sustituida por las anfitrionas). Para una buena cantidad de conocedores del tema, si fue agente de la CIA, ya no tiene compón.

Otros, en cambio, están felices de que al menos uno de estos siniestros sujetos se haya regenerado y escogiera el camino de denunciar públicamente la forma como el país que nos da clases no solicitadas de democracia, equilibrio de poderes y derechos humanos, se dedica a escudriñar en la vida privada de gente de todas partes, desde cualquier hijo de vecina que sea muy bocón en Twitter hasta la poderosa señora Ángela Merkel, la mujer fuerte de Europa.

El pajazo lo catapultó a la fama y lo puso a correr desesperadamente por el mundo, tratando de escapar de los capos de las dos agencias de seguridad, pues, tal como pasa en toda organización mafiosa, el que intenta salirse termina salido, pero no solo de la organización sino del mundo en general.

La historia de Snowden es de esas en las que un acontecimiento desafortunado marca la diferencia entre una vida cualquiera y una notable. Mediocre como estudiante, el muchacho quería ser militar, y no de cualquier cuerpo sino de las Fuerzas Especiales del Ejército, los famosísimos “Boinas Verdes”, tan amados por el cine hollywoodense (Rambo era uno de ellos), especialistas en contrainsurgencia en la guerra de Vietnam y en las de baja intensidad en Latinoamérica. Pues bien, Snowden quería ser un boina verde y estaba esforzándose para lograrlo, pero en pleno entrenamiento sufrió un percance en el que se fracturó las dos piernas y fue dado de baja.

DE LO QUE SÍ DEBE CUIDARSE PERMANENTEMENTE ES DE QUE LOS APARATOS DE INTELIGENCIA DE SU PAÍS BUSQUEN LA MANERA DE LIQUIDARLO O DE SECUESTRARLO. ÉL, MEJOR QUE MUCHOS, DEBE SABER QUE EEUU NO CONOCE LÍMITES EN ESE TIPO DE OPERACIONES, Y LO DEMOSTRÓ CUANDO FUE CAPAZ DE PONER EN RIESGO EL AVIÓN PRESIDENCIAL DE BOLIVIA, CON EVO MORALES A BORDO

El frustrado Rambo optó por incorporarse a otras fuerzas muy especiales, las del espionaje, aprovechando su más notorio talento: hacer cualquier cosa con una computadora.

Esa habilidad le hizo ascender rápido. En 2007 lo asignaron a una misión en Ginebra, Suiza, con cargo diplomático. Y allí comenzó su conversión, según lo que le explicó al diario británico The Guardian. “Me di cuenta de que formaba parte de algo que hacía más daño que bien”, dijo.

Ya por esa época, a Snowden se le había metido en la cabeza la idea de revelar las actividades del Big Brother que la administración Bush había llevado hasta el paroxismo, luego de los hechos del 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, decidió esperar a ver si Barack Obama desmontaba aquel aparato de violación de la privacidad mundial. Fue una esperanza ingenua que rápidamente se disolvió, porque el demócrata y afroamericano Obama hizo exactamente lo mismo que el republicano y blanco Bush. De modo que el espía continuó su proceso de arrepentimiento. Salió de la CIA y fue a trabajar con la NSA —caimanes del mismo pozo—, aunque indirectamente: a través de la empresa contratista Booz Allen Hamilton, una firma que tiene más de un siglo de relaciones carnales con los gobiernos de EEUU, y especialmente con sus militares. Esa compañía emitió un plañidero comunicado contra Snowden. “Este individuo cometió una grave violación al código de conducta y valores fundamentales de nuestra empresa”, dijeron, demostrando que hasta las empresas dedicadas a los asuntos más sucios y retorcidos tienen su código de ética.

La vida de Snowden quedó partida en dos luego de su decisión de poner a circular las informaciones del sistema global de espionaje Prism. Desde ese momento es un hombre sin patria (aunque un país virtual llamado Wirtland, que solo existe en internet, le concedió la ciudadanía) y hasta sin familia, pues declaró que teme comunicarse con sus parientes para no someterlos a mayor acoso por parte del gobierno más democrático del universo.

Meterse a denunciante fue un cambio duro para alguien que ganaba 200.000 dólares y vivía en Hawai con su novia. Perdió esa aburguesada felicidad, pero comenzó a ser una figura internacional que ya ha recibido una docena de premios, varias ofertas de asilo y hasta algunas peticiones de matrimonio. En cuanto al dinero, la situación no ha variado mucho, pues siempre tiene muchas solicitudes para dar conferencias y su tarifa ronda los 10.000 dólares.

De lo que sí debe cuidarse permanentemente es de que los aparatos de inteligencia de su país busquen la manera de liquidarlo o de secuestrarlo. Él, mejor que muchos, debe saber que EEUU no conoce límites en ese tipo de operaciones, y lo demostró cuando fue capaz de poner en riesgo el avión presidencial de Bolivia, con Evo Morales a bordo. En ese caso, el país imperial tuvo la complicidad de los gobiernos de Francia, Italia, España y Portugal, que no le concedieron permiso para aterrizar en sus territorios por sospechar que Snowden viajaba como pasajero, ya que Morales procedía de Moscú. Cuando finalmente lo dejaron bajar a reabastecer combustible en Austria, el embajador de España en Viena fue el encargado de hacer el papelón de pretender revisar el avión. EEUU, como es habitual, se lavó las manos y dijo que la responsabilidad de lo sucedido era de cada uno de los países europeos que le negaron al avión de Morales la autorización para sobrevolar sus territorios. Sin embargo, admitieron que habían conversado con todas esas naciones para detener a Snowden a fin de impedirle ejercer su derecho a asilarse en Ecuador. ¿Habrá alguien que sea más “perseguido político” que ese caballero?

Luego del giro que ha dado su vida, los rasgos misteriosos de Snowden se han agudizado. Se dice que es epiléptico, que habla japonés y chino mandarín y que adoptó la religión budista. Para completar el enigma, cuando empezó con su cuenta Twitter, en 2016, escribió un mensaje que aún genera paranoia en los servicios secretos: “¿Trabajaste conmigo? ¿Hemos hablado desde 2013? Por favor, ponte en contacto conmigo de forma segura. Llegó el momento”. Muchos opinan que está preparando otra gran filtración, utilizando ahora los datos guardados por otras personas honestas que han trabajado o trabajan para la CIA y la NSA. ¿Las habrá, en verdad, o serán como el amor de mesonera?

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