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POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

¡Ay!, compañeros, compañeras, ¿qué decirles que ustedes no sepan ya sobre el amor? Si hiciéramos una encuesta pidiéndole a cada humano que describa con detalle lo que siente cuando ama, las razones por las que ama, las maneras como ama, probablemente descubriríamos que hay tantas formas de vivir el amor como gente hay en el mundo. Después de millones de intentos por definirlo, el hombre ha llegado a una conclusión definitiva: el amor es una vaina bien jodida y bien sabrosa.

Para hablar del amor, incluso para sentirlo sin caer en ridiculeces y lugares comunes —que es decir lo mismo—, hay que empezar por dejar claro que el corazón es una bomba que mueve sangre por el cuerpo, y nada más. Ni es un escaparate que atesora recuerdos ni una plaquita donde se graban nombres ni es un duende que percute el pecho desde adentro de forma voluntaria al reconocer a la persona amada, o al sujeto de queso, que no es lo mismo pero es igual en términos hormonales. ¿Qué acelera el corazón cuando la ves llegar, cuando lo ves dormir? Una orden del cerebro, un coctel de oxitocina y dopamina.

La oxitocina, el mismo guarapo que le meten por las venas a las parturientas para estimular las contracciones uterinas, es responsable de generar en el ser humano una sensación de bienestar insólita, e incluso alucinaciones: dicen estudios científicos que una persona cualquiera puede ver a su compañerx más atractivx de lo que realmente es gracias a un buen subidón hormonal. Como el ser humano es bastante ocioso, ya existen en el mundo centros de investigación donde se desarrolla el uso de oxitocina en spray para mejorar la calidad de las relaciones interpersonales y favorecer las terapias de pareja. Pronto llegará el día en que nos vendan el amor en un frasquito.

Que no se puede vivir sin amor, que solo emparejados se puede ser feliz, que el amor puede contra todo y contra todos, que durará intacto para siempre. Afortunadamente, todas estas creencias las vamos abandonando la mayoría de las personas con el paso de los años y la llevadera’e vaina. Lamentablemente, cuando se acaba la parte emocionantísima del amor, solemos creer que fue culpa nuestra o del otro. A nadie se le ha ocurrido contarnos que la manifestación física asociada a la parte más intensa del amor, ese amor de los primeros años juntos, requiere de un enormísimo esfuerzo físico, un alto nivel de consumo en nuestro cuerpo que muy pocos, o capaz ningún ser humano, pueden sostener a lo largo de una vida.

Pero bueno, que manda a decir Cupido que le estoy echando el negocio para atrás. Ya dijimos arriba que lo único que realmente podemos considerar definitivo sobre el amor es que es una vaina bien jodida y bien sabrosa. Agreguemos que es el mecanismo que inventó la Pachamama para que nos acerquemos afectivamente entre nosotros y follemos sin condón. Qué grande es el amor: gracias a él no nos hemos extinguido.

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