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POR MERCEDES CHACÍN • @MERCEDESCHACIN / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Cincuenta años de amor. Cincuenta años de desamor. Cincuenta años de matrimonio. Cincuenta años de separación. ¿No es mucho? ¿Ni poco? Esa es la cantidad de años que estuvo casado el doctor Juvenal Urbino con Fermina Daza. Cincuenta y ocho años de amores tuvieron Victoria y Rigoberto. En el triángulo Juvenal-Fermina-Florentino, al parecer, nadie sale perdiendo. Según se vea, Fermina no la pasó mal porque ella eligió al doctor. Tampoco la pasó mal Florentino que estuvo viviendo “livin la vida loca” por 50 años. Tampoco el doctor, en tanto Fermina lo hizo objeto de su “virtud” y “disfrutó” por un largo medio siglo de eso, al punto que murió de una tonta y rápida manera.

El caso es que en El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez no toma partido por ningún integrante del triángulo de marras. El cólera, que los diccionarios describen con una infección gastrointestinal aguda, no tiene nada que ver con el amor ni con el desamor. Se supone que la historia transcurre entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando pandemias del cólera azotaron el planeta con especial saña.

Cuando leí esta novela, por allá en 1985, apenas tenía cuatro viviendo en la capital de la República Bolivariana de Venezuela y el amor (que no el desamor) se expelía por cualquier poro de cualquier cuerpo en cualquier lugar en el que uno se encontrara. No puede ser distinto cuando solo se tienen 21 años.

Recientemente, mientras se trasmitía el primer programa de mi primer programa de radio (a través de Ciudad CCS Radio), Besos y plomo, donde nos acompañamos Teresa Ovalles, Gustavo Mérida y yo, me enteré que comparto con mi hija esta preferencia: la novela que más nos gusta a ambas es esta del triángulo Juvenal-Fermina-Florentino. Resulta que a los 21 años, uno menos de los que tiene mi hija actualmente, uno cree que esa novela es una historia de amor.

A los 53, 33 después, me ofrecí para acercarme de nuevo a esa historia para hablar de amor en el mes de las flores y el romanticismo en esta revista. Para hablar del amor romántico, del amor que enamora, del amor que dicen que es la fuerza más poderosa, la que mueve el universo. Entre un audiolibro, un PDF por aquí y otro por allá, y unos recuerdos juveniles, comparamos ambos momentos de lectura. Y volvimos a comprobar que el amor que sale por cualquier poro, porque se tienen 21 años, siempre se siente igual. Y ahora también sabemos que se lee igual.

El amor debe ser así porque, de lo contrario, la humanidad no tendría esperanzas de trascender a su proverbial estupidez; tiene una fuerza descomunal que se te mete por los poros, por las neuronas, por las cavidades del cuerpo y por el pecho y sigue causando las mismas sensaciones divinas, revoloteantes y ansiosas de la más tierna y hormonal juventud. El amor en los tiempos del cólera llega, y uno no se da ni cuenta.

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