El año insólito

2020 SE TERMINA Y NO DEJA DE SORPRENDERNOS. EL INICIO DE UNA NUEVA
DÉCADA VINO MARCADO POR LO INESPERADO, LO TERRIBLE Y LO INUSUAL.
¿QUÉ BALANCE PODEMOS DARLE AL AÑO MÁS SORPRENDENTE,
HASTA AHORA, DEL SIGLO XXI?

POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE • @ANDESENFRUNGEN
FOTOGRAFÍAS ARCHIVO

Dicen las malas lenguas que los años bisiestos suelen ser pavosos. Pareciera que el hecho de que febrero, por fin, pueda exhibir 29 días es castigado con toda serie de calamidades, peor que los martes 13. Este 2020, al parecer, no fue la excepción.

¿Por qué todos insistimos en decir que este año ha sido catastrófico? ¿Qué ha acontecido en estos meses que hayan hecho de 2020 un ciclo extraordinario en nuestras vidas?

La dolarización se hizo más fuerte en 2020

INICIA UNA NUEVA DÉCADA

En la noche del 31 de diciembre de 2019, muchos en nuestras casas y con nuestras familias veíamos con ilusión la llegada de una nueva década. “2020 es un número bonito. Creo que será un buen año”, recuerdo a mi madre diciendo esperanzada. Veníamos de un 2019 duro y cruel, en el que sufrimos un ataque desde el extranjero contra nuestro sistema eléctrico. El agua también escaseó y la voluntad de supervivencia del venezolano fue puesta a prueba una vez más. Haber logrado superar todos esos desafíos nos pintaban un rayito de esperanza, por el solo hecho de saber que un nuevo año empezaría.

En Épale CCS, incluso, se hizo un bonito trabajo especial titulado “Invocaciones de año nuevo”, escrito por Ketsy Medina, para darle la bienvenida a la nueva década. Se hicieron conjuros mágicos en colectivo para bien del país, el planeta y la humanidad entera. Se juntaron afectos y talentos y entre todos redactaron una serie de deseos para imprimirle buena energía a este nuevo ciclo. Entre los magos y hechiceras que participaron de este aquelarre, compartimos el augurio de Malú Rengifo: “De 2020:

Sabiduría colectiva para reconocer y asumir con alegría nuestro deber individual. Lucidez para mirar la belleza de gente y país que somos. Creatividad para inventar maneras nuevas y más efectivas de ser y vivir en plenitud colectiva. Autonomía, entusiasmo y determinación para hacer de nuestras vidas una experiencia dignificante. Respeto y compromiso por el nuevo nosotros que estamos construyendo”.

Nadesjka Landaeta agregó: “De 2020: Deseo, desde mi labor comunicacional para la promoción del software libre, que sea un año productivo, donde podamos sacar a relucir las potencialidades que tenemos como venezolanos y venezolanas en la innovación en tecnologías libres, para lograr la soberanía tecnológica que tanto necesitamos, para seguir creciendo como nación. También deseo que para 2020 logremos un crecimiento económico con la apropiación del software libre y el petro. Teresa Ovalles le agregó al conjuro: “De 2020: Ya Venezuela comenzó a ser una potencia ideológica y política en el mundo. Deseo para 2020 que pasemos a ser una potencia en lo económico, como invocó el presidente Chávez”.

Iniciamos así una nueva década con alegría en el corazón, en medio de un panorama convulso, producto de la hiperdolarización y del bloqueo. El petro sonó fuertemente como alternativa para rebatir el dólar criminal y en las calles se empezó a ver, cada vez más frecuente, la aparición de promociones de “todo por un dólar”.

Para Venezuela, la preocupación principal era la estabilidad económica y poder manejar asertivamente las inclemencias del bloqueo y del dólar. La verdad, para nosotros el resto del mundo era un lugar muy distante.

Entre las noticias internacionales más destacadas a principios de año se veían las disputas entre Trump y Biden por captar más electores y la amenaza, aún lejana, de un virus llegado de la China.

El coronavirus nos cambió la vida a todos

Y ENTONCES LLEGÓ LA COVID

Las noticias empezaron poco a poco a volverse uniformes. Los conflictos en el Oriente Medio y la revancha de Estados Unidos contra China empezaron a perder fuerza y, cada vez más, el centimetraje del coronavirus fue haciéndose más contundente y avasallante. En España se cuestionaban su incapacidad para hacerle frente al virus y Europa cada vez se veía más vulnerable. El término “pandemia” aún no resonaba con fuerza. La verdad es que, para todos, el asunto del virus era probablemente una de esas enfermedades de moda, como el Anthrax y el H1N1.

En Venezuela, ni por asomo, creíamos que esa enfermedad fuera a pasar por aquí. Sólo veíamos en las noticias que Italia sufría horrores mientras mucha gente moría en banda. Hasta que llegó el 13 de marzo de 2020 y nuestro país ingresó formalmente en las estadísticas mundiales. Una pareja llegada de Europa no sólo traía chocolates de souvenir, sino el virus del año.

Automáticamente, todas las actividades que se tenían pensadas para esa época se paralizaron. Talleres, conversatorios, cursos y festivales se eliminaron. La gente en la calle, en los primeros días, no sabía cómo reaccionar: los transeúntes nos mirábamos unos a los otros, tanto los que usaban tapabocas como los que no. Desde el principio se notificó a la colectividad que el uso del tapabocas y guantes era obligatorio.

El Metro de Caracas se convirtió en un sitio soñado. Solo podían ingresar ciertos representantes del sector productivo nacional: médicos, enfermeras, bomberos, trabajadores de la alimentación y medios de comunicación, entre otros. La Policía empezó a hacer de las suyas para amedrentar a los transeúntes en la calle y la cuarentena se decretó a nivel nacional para contener la pandemia. Así, empezaron los partes de salud diarios emitidos por Delcy Rodríguez.

Todos apostábamos a que estas medidas iban a terminar pronto. Pero los meses pasaron y, más bien, la gente y las instituciones culturales empezaron a desarrollar resistencia ante el tedio. Surgieron así numerosos recitales, obras de teatro y actividades culturales en formato de videoconferencia; así como talleres, cursos, diplomados y conversatorios. El encierro abrió paso al deseo de aprender y nutrirse intelectualmente.

Los problemas de suministro de gasolina amenazaron con quitarnos la paz. Foto Javier campos

DAME MÁS GASOLINA

Uno de los principales embates que sufrió Venezuela este año se debió al bloqueo. La muestra más tangible del ataque contra nuestro país se pudo evidenciar con la imposibilidad de procesar el combustible aquí, en casa. Esto generó un gran descontento generalizado. Sin embargo, Irán fue solidaria con nosotros y nos trajo un buen suministro de gasolina a pesar de que Estados Unidos trató de hacer todo lo posible para que no llegaran los buques a Venezuela.

El asunto del suministro de gasolina sigue siendo un tema sensible, pero tanto Gobierno como pueblo siguen ideando maneras de resolver y de hacer posible una cotidianidad en medio del desconcierto.

Muchas celebridades importantes se marcharon este año

LOS QUE SE QUEDAN, LOS QUE SE VAN

Este año se ha llevado a un montón de protagonistas entrañables de la historia contemporánea. Quino, Maradona, Kobe Bryant, Max von Sydow, Kirk Douglas, Sean Connery, Little Richard, Eddie van Halen, Ruth Bader Ginsburg, Chadwick Boseman, Pau Donés, Tabaré Vásquez y, más recientemente, nuestro juglar del blues caraqueño: Gasolina; alzaron el vuelo junto a cientos de miles de infectados por el coronavirus.

Los comicios en Bolivia, Chile, Estados Unidos y Venezuela dieron resultados sorprendentes

SORPRESAS ELECTORALES

Pero no todo ha sido encierro y pandemia. Este año la voluntad popular se manifestó de manera contundente, propiciando cambios altamente positivos para la sociedad. En Bolivia, el 19 de octubre el candidato socialista ganó, echando así al traste todo el armatoste golpista que sacó a Evo Morales del poder. En Chile, el plebiscito aprobó masivamente el cambio de su Constitución y en Estados Unidos perdió Trump, a pesar de que los resultados se retrasaron por varios días y de que el actual expresidente estadounidense chilló y pataleó al no admitir su derrota. Otra agradable sorpresa electoral fue el triunfo del bloque patriótico en las elecciones parlamentarias de Venezuela, que lo lleva a recuperar el parlamento.

La casa se convirtió en oficina y escuela

AÑO QUE SE VA

Cierra este año y, al rememorar, fue más la impresión ante este cambio de vida lo que nos ha hecho sentir que 2020 ha sido la suma de todos los apocalipsis juntos. El mundo ha aprendido a convivir de otra manera y a mantenerse en contacto en la distancia. Hemos aprendido a valorar la alegría simple del abrazo y de transitar libres por la ciudad, al tiempo que nos hemos vuelto más cuidadosos de nuestra salud, nuestra economía y nuestra tranquilidad.