El capitalismo tiene fiebre

El fenómeno del año 2020 no sólo ha generado una oleada desesperada de alertas y prevenciones que buscan que el coronavirus no genere más tragedia. El sistema económico mundial ha colapsado, y ha sido la solidaridad entre los pueblos la que ha venido marcando la pauta de lo que debe constituir el verdadero orden mundial de los tiempos por venir en el planeta

Por María Eugenia Acero Colomine  @andesenfrungen / Fotografías Archivo

El recrudecimiento del virus covid-19 no sólo ha obligado a la humanidad a reforzar sus medidas de prevención ante la pandemia. El hecho de que los sistemas de producción y transporte se hayan detenido, casi del todo, está dibujando un mapa muy distinto del que normalmente se ve en un sistema capitalista. No sólo las casas de bolsa de todo el mundo se han desplomado, sino que el petróleo y el dólar redujeron su valor.

El hecho de que la industria del espectáculo y el deporte hayan tenido que cancelar sus eventos supone una pérdida millonaria. Nomás el hecho de que el Gobierno japonés haya decidido postponer los Juegos Olímpicos acarrea una gran pérdida en materia de productos de memorabilia y boletería.

Gobiernos como el de Francia, El Salvador y Venezuela se han pronunciado en apoyo a los trabajadores y pequeños y medianos empresarios para que no pierdan sus trabajos, mientras que en Estados Unidos apenas están empezando a ofrecer subvenciones a la pequeña empresa.

De acuerdo con el filósofo esloveno Slavoj Zizek, el coronavirus ha destapado la realidad insostenible de otro virus que infecta a la sociedad: el capitalismo. Mientras que muchas personas mueren, la gran preocupación de los estadistas y empresarios es el golpe a la economía, la recesión, la falta de crecimiento del producto interno bruto y cosas por el estilo.

“El mundo entraría en una depresión terrible. las grandes ganadoras serían las farmacéuticas”.

(Juan Martorano)

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Este colapso económico se debe a que la economía está basada, fundamentalmente, en el consumo y en la persecución de valores propugnados por la visión capitalista, como la riqueza material. Pero esto no tendría que ser así, no tendría que haber una tiranía del mercado. Zizek sugiere que el coronavirus presenta también la oportunidad de tomar conciencia de los otros virus que se esparcen por la sociedad desde hace mucho tiempo, y de reinventar la misma: La actual expansión de la epidemia de coronavirus ha detonado las epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías conspirativas paranoicas y explosiones de racismo. Zizek concluye que esta pandemia constituye el final del capitalismo.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, más bien rebate a Zizek al afirmar que el virus no vencerá al capitalismo: “Zizek afirma que el virus ha asestado al capitalismo un golpe mortal y evoca un oscuro comunismo. Cree, incluso, que el virus podría hacer caer el régimen chino. Zizek se equivoca. Nada de eso sucederá. Otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y, con suerte, nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del Estado nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”.

Aún es muy pronto para vislumbrar el futuro que nos espera una vez superada la pandemia. Hay quienes apuestan a que el panorama que nos aguarda es desolador. El columnista Juan Martorano cree que lo que nos viene no será sencillo: “No soy economista, pero el mundo entraría en una depresión terrible. Las grandes ganadoras serían las farmacéuticas. Esto se va a traducir en escasez de alimentos, medicamentos. Los precios del petróleo se desploman y eso implica pérdida de 85% de los ingresos de los países OPEP (incluyendo Venezuela). El fenómeno de la migración se incrementará, así como la demanda de servicios”.

Japón debió posponer los JJOO Tokio 2020 hasta el año que viene

Algunos referentes históricos

El panorama de lo que pudiera terminar aconteciendo en la economía mundial trae reminiscencias de tragedias similares ocurridas en el pasado.

En el siglo XX se suscitaron un par de fenómenos que pusieron en jaque a la población y amenazaron con destruir los sistemas económicos de entonces: la hiperinflación en Alemania durante la República de Weimar, en 1923, y la crisis de 1929 en Estados Unidos.

En 1923 el dinero dejó de tener valor y las personas debían salir con carretas repletas de dinero a la calle para comprar sus víveres. La capacidad de ahorro desapareció al tiempo que desaparecía la moral y la autoestima alemana. Haber perdido la guerra no sólo les costó la dignidad, sino también la posibilidad de llevar a cabo una cotidianidad normal. El dinero no valía nada y la pobreza se exponenció a niveles de miseria masiva.

El dinero perdió sentido casi por completo. Las prensas no podían satisfacer la necesidad de producir billetes con valores cada vez más astronómicos y los ayuntamientos empezaron a imprimir billetes propios de emergencia. Los empleados recogían sus sueldos en bolsas o carretillas y corrían a las tiendas para comprar lo que necesitaran antes de que el constante descenso del valor del dinero las pusiese fuera de su alcance.

En las tiendas los precios se mecanografiaban y se colocaban cada hora. Los efectos más graves eran los relacionados con el precio de los alimentos. Una mujer que se sentara en una cafetería podía tomar un café por 5.000 marcos y al levantarse para cancelar, al cabo de una hora, el camarero podía pedirle 8.000 por él.

El dinero perdió todo valor en Alemania en 1923

Un kilo de pan de centeno, básico en la dieta alemana, costaba 163 marcos el 3 de enero de 1923, más de diez veces ese precio en julio, 9 millones de marcos el 1° de octubre, 78.000 millones de marcos el 5 de noviembre y 233.000 millones de marcos quince días después, el 19 de noviembre. En el punto culminante de la hiperinflación más de 90 % del gasto de una familia media correspondía a la alimentación.

Las familias que dependían de ingresos fijos empezaron a vender sus propiedades para poder conseguir alimentos. Las tiendas empezaron a almacenarlos en previsión de subidas de precios inmediatas. La población, al no poder cubrir las necesidades básicas, se amotinaba y saqueaba las tiendas de alimentos.

Por otro lado, en 1929 estalló la Gran Depresión. Este período, que abarcó desde 1929 hasta 1940 y afectó a numerosos países, también fue conocida como el período de las “pompas de jabón”. En cuestión de horas todo el valor del dinero desapareció y llevó a la desesperación y al suicidio de muchos: el sistema capitalista mostraba los dientes.

El 24 de octubre de 1929 (Jueves Negro) se produjo una quiebra del mercado de valores de Nueva York que provocó un prolongado período de deflación. La crisis se trasladó rápidamente al conjunto de la economía estadounidense, europea y de otras áreas del mundo. Una de sus consecuencias más inmediatas fue el colapso del sistema de pagos internacionales.

Mucha gente se suicidó durante la Gran Depresión de 1929

El sistema depredador

No se sabe todavía qué consecuencias traerá esta pandemia. Por lo pronto, es seguro que las pequeñas empresas pueden terminar quebrando y la productividad, en general, se vea golpeada. Por otra parte, y producto de la misma cuarentena, los precios se dispararán, dando pie así a la inflación.

Algunos rubros económicos, con esta pandemia, han pasado a perder validez e importancia, como las industrias del turismo, del entretenimiento y del deporte; en tanto que la industria farmacéutica y la de alimentos constituyen el interés primordial para todos.

Curiosamente, y a diferencia de las dos crisis históricas anteriormente mencionadas (la República de Weimar y la Gran Depresión), la voluntad de la humanidad por preservar la vida ha dejado a un lado intereses monetarios. Las personas se han dedicado a seguir la cuarentena y a acatar las indicaciones médicas. Por otra parte, la solidaridad con los enfermos ha llevado a que la economía esté pasando a un segundo plano.

Sin embargo, el detenimiento de la vida por la enfermedad ha cobrado consecuencias. Así, tenemos que tanto las acciones de la bolsa (como el Dow Jones y las casas de bolsa de todo el mundo) como los precios del petróleo y el dólar se han venido precipitando, palo abajo como el sistema inmunológico de las cientos de miles de personas contagiadas en el mundo.

“La nulidad del sistema capitalista queda en evidencia, sometida a prueba a través de un vulgar virus”.

(Martín Acero)

En Estados Unidos, por ejemplo, a pesar de ya haber muertos por el covid-19 y ser el cuarto país con mayor número de contagiados, el despistaje de la enfermedad sigue siendo un asunto elitesco, ya que la prueba cuesta 35.000 dólares y en ese país no están suministrando asistencia humanitaria de la manera en que lo hizo China.

Europa ha venido aplicando, lentamente, medidas de protección. Sin embargo, la prioridad en este continente parecen ser los negocios por encima de la salud. El periodista Ahmed Kaballo, desde Londres, nos reporta: “Es horrible la situación. La gente teme perder sus trabajos”.

El economista Martín Acero opina:“Es la irracionalidad del sistema que se come a sí mismo. Es un tasador de lo político a nivel mundial, con lo cual queda en evidencia la precariedad y debilidad de un sistema económico. Si lo sometemos a un nivel simplista, la nulidad del sistema capitalista queda en evidencia, así como la debilidad de un estilo político sometido a prueba a través de un vulgar virus. Sin ánimos de ser apasionado, y tratando de ser lo más objetivo posible, este virus permite evidenciar la permeabilidad sanitaria de un estilo político-económico que se ufana de detentar el poderío militar a nivel mundial”.

Alan Watts

Esta pandemia obliga a replantearse un nuevo modelo civilizatorio. La economía mundial tiene rato alejada de lo humano por dar preponderancia a las variables macroeconómicas. Según el filósofo británico Alan Watts, el sistema capitalista no es materialista, sino abstraccionistas, ya que confunde la riqueza con dinero, y así está sucediendo en el resto del planeta.

El modelo económico actual ha permitido el posicionamiento de las industrias armamentista, tecnológica, farmacéutica y alimenticia (pero con productos transgénicos). El sistema actual está bajo la tutela de corporaciones WASP (White Anglo Saxon Protestant: Protestantes blancos y anglosajones). Teniendo ellos la doctrina manifiesta, todo ha sido para eliminar aquello que no es blanco. De ahí que no es de extrañar que los primeros afectados por el covid-19 fueran China e Irán.

Christine Lagarde

El carácter depredador del sistema puede seguir los ideales neomaltusianos que sostienen que las guerras son buenas porque reducen la población. Christine Lagarde sostuvo principios por el estilo cuando, recientemente, afirmó que los adultos mayores representaban demasiado gasto público.

Aun así, ha sido la solidaridad la que se ha posicionado en todos los países afectados, para poder enfrentar el virus.

Después de la pandemia deberían plantearse otras formas más holísticas y colaboradoras de relacionarse. Pero, mientras tanto, quienes desde ya están brindando ejemplo de otro mundo posible son China y Cuba, países que están dando apoyo con medicinas, con médicos y con insumos a países que, históricamente, han tenido una fuerte historia capitalista.

Los médicos cubanos salieron a salvar al mundo

ÉPALE 366