ÉPALE315-CAPITÁN AMÉRICA

LA SIMBOLOGÍA OPOSITORA MOSTRADA SIN RUBOR DURANTE LAS ÚLTIMAS MANIFESTACIONES CALLEJERAS, QUE ENALTECE LOS VALORES NORTEAMERICANOS A PARTIR DE LA ICONOGRAFÍA DE LOS CÓMICS Y, EN GENERAL, DE LA INDUSTRIA DEL ENTRETENIMIENTO, NOS HACE TEMER QUE EL PROPÓSITO DEL AUTOPROCLAMADO GUAIDÓ SEA ARMAR UN GABINETE DE SUPERHÉROES, PERO DE FICCIÓN 

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO

Un disfraz del Capitán América, para niños de entre 6 y 24 meses, se cotiza, según el portal Mercado Libre, en Bs. S. 65.000, precios hasta la semana pasada; hoy, quizás sea el doble. Por un pedacito de tela ahí que no te cubre ni un brazo, pero que en estos Carnavales segurito va a ser lo más uf de lo uf de las fiestas del Rey Momo, al Este del Este de la ciudad capital.

A mis hijos, dos preadolescentes que no se calan los esfuerzos de adoctrinamiento de sus padres chavistas, la presión social les ha exigido ataviarse con una que otra indumentaria de ficción y, muy a pesar de nuestra resistencia, hemos terminado emperifollándolos con los interiores por fuera aderezados con una capa de tela de paño, a lo
Superman. Sí, les hemos ofrecido la opción del disfraz del Cacique Guaicaipuro (que, además, es más barato), con cintillo, pluma y falda acampanada de yute, pero han terminado mirándonos con un odio indescriptible.

Nos hemos preguntado, padres inexpertos, idealistas frustrados, teóricos del Facebook, cómo hacer para que nuestros chamos asuman como suya la identidad de nuestros héroes trigueños y patriotas y nos hemos tropezado, indefectiblemente, con una pared que parece decirnos que va ganando, por paliza, el imperialismo cultural con toda su higiénica fuerza de seducción y su impresionante arsenal armamentístico, que algunos llaman industria del entretenimiento.

La clásica imagen del Caballo de Troya

La clásica imagen del Caballo de Troya

POMPEO SABE

Ahora que se encienden de nuevo las llamas del odio social (que nunca desaparecen, sino que apenas se disimulan), vimos asombrados cómo esa iconografía extranjera —pero más nuestra que la arepa— se luce con descaro en las manifestaciones callejeras de la oposición, en momentos en que la vocería política está a cargo Michael Richard “Mike” Pompeo, empresario y, oportunamente, Secretario de Estado de los Estados Unidos.

ÉPALE315-CAPITÁN AMÉRICA 2No por casualidad dos feligreses en misa escoltaron, cómodamente, al cura de una iglesia en Mérida disfrazados del Capitán América, a pocas horas del reconocimiento por parte del Gobierno norteamericano del mandato interino de Juan Guaidó. Nada raro que las banderas yanqui e israelí flameen en el backing digital que domina la tarima donde se monta la vocería opositora a gritar que ahora sí que sí.

Pero no es novedad. La guerra simbólica tiene en la iconografía pop una manera silenciosa, pero eficaz, de dominar. No, claro que no nos están hipnotizando abiertamente, sino que nos están mostrando cómo es más bonita, aséptica, noble y universal la representación de lo que somos, siempre desde la visión de los vencedores habituales: esos muchachos de cabellos rubios, ojos rubios y dientes rubios que barnizaron a Cristo de blanco leche y le pusieron barba hippie sueca, invisibilizaron al negro, al indio y al mestizo y nos despojaron como pudieron del amor por nuestra etnicidad, singularidad e idiosincrasia, por un asunto de globalización, que no es más que la manera en que traduce el mercado la estandarización de gustos y saberes para posicionar —y vender— sus productos.

En Mérida dos capitanes América, macho y hembra, presidieron la “santa” misa

En Mérida dos capitanes América, macho y hembra, presidieron la “santa” misa

¡MIRANDA: REGRESA!

Es, en palabras del ex ministro de cultura, sociólogo y autor del libro El chavismo salvaje, Reinaldo Iturriza, una expresión de superioridad étnica: “Suena muy fuerte plantearlo en esos términos. Tú me dirás que fulanito de tal que es mi vecino, mi amigo y antichavista, no se cree racialmente superior ni nada por el estilo, porque uno lo escucha y le suena como una cosa nazi. Pero esa idea de que son superiores étnicamente, limpios y puros de sangre es consustancial al antichavismo de élites, el antichavismo en tanto sujeto político. Esa blancura es su capital cultural más poderoso y es el que están permanentemente recreando, para así mantener una distancia frente al chavismo, desde los primeros días”.

Han surgido, sobre todo desde el pensamiento crítico (normalmente de izquierda), diversos esfuerzos por desmontar las matrices de dominación cultural de las élites del mundo desarrollado, con muy poco éxito; desde la lúcida propuesta del cómic ilustrado del escritor argentino Julio Cortázar Fantomas contra los vampiros multinacionales, que en 1975 trataba de denunciar los males del mundo personalizándolos en diversas multinacionales y agencias de seguridad imperiales, hasta la criollísima historieta El Patriota del artista plástico y militante Omar Cruz, creado en 1993 y que solo hasta 2016 fue posible publicar a través de unos pocos ejemplares. Es justo agregar al portentoso Miranda de plástico, un muñeco movible del prócer de la Independencia de 20 centímetros de alto que, con algunos detalles, te venden como curiosidad para coleccionistas en el mismo portal de compra-venta por tan solo 25 “trumps”.

“Yo, que vivo del dibujo, del cómic, no critico a quien se crea la Pantera Rosa, la Gata Loca o Pinocho. Yo solo los invito a que profundicen en cada uno de los personajes y las comiquitas que nos gustan y que ven nuestros hijos. Sobre todo ahora que no son como las de antes: ahora te hablan de sexo, violencia extrema y mensajes de doble sentido”, puntualiza el mismo Cruz.

A nadie le huele bien un superhéroe de tez oscura o de ojos achinados, no solo por feo, sino porque uno siente que sus poderes vienen menguados. Por eso la industria cultural tiene la habilidad de metabolizar su impacto en las “minorías” y muestra a un ídolo negro como Black Panther, de la factoría Marvel, o al pansexual Deadpool, que buscan atender todas las “demandas del mercado”.

El Patriota, de Omar Cruz, plantea un acercamiento estético desde la óptica de acá

El Patriota, de Omar Cruz, plantea un acercamiento estético desde la óptica de acá

Y AHORA, ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

“Mundialmente el Capitán América es el símbolo de colonización más contundente que tiene los Estados Unidos para llegarle a grandes y chicos. Fue creado en 1941 para comercializar la Segunda Guerra Mundial y crear historietas donde los soldados gringos siempre ganaban las batallas. El cómic era enviado a las tropas estadounidenses para motivarlos para la guerra y hacerlos sentir superhéroes. Hoy no deberíamos sorprendernos cuando vemos a algunas personas enarbolando la bandera de los Estados Unidos o disfrazándose de Capitán América porque, lamentablemente, su conciencia no va más allá de lo que aprendieron viendo TV”, nos explica Omar, quien ha impulsado, muy valientemente, pero con pocas alianzas gubernamentales, una cruzada por dignificar a nuestros personajes históricos con la estética del cómic a través de sus ilustraciones. Peroooo: “Con este tipo de apoyo al talento nacional es poco lo que podremos lograr, y tendremos que conformarnos con seguir viendo en la televisión venezolana cómo nos siguen dominando a través de las comiquitas enlatadas, sin darnos cuenta”.

TURBADORA FUE LA APARICIÓN, DURANTE LAS MANIFESTACIONES OPOSITORAS POR EL DÍA DE LA JUVENTUD, DE UN SPIDERMAN DE PACOTILLA, “DEFENSOR DE LA DEMOCRACIA”

Omar es un respondón, necesario, como Waika, la respondona, ese personaje que se transfigura en María Centeno, su creadora caricaturista y arquitecta, quien nos señala: “Más peligrosas que las guerras con fuego y balas, más peligrosas que las guerras económicas que asfixian a los pueblos, más peligrosos que todos esos cañones son las guerras simbólicas, cuya artillería son los productos culturales como las películas, las historietas, los cuentos infantiles y, últimamente, los videojuegos. Más peligrosas porque estas armas se nos meten en el alma, nos convencen de que el imperio, Estados Unidos, es benévolo, inocente, amante de la paz y la justicia, contrario a lo que la evidencia de la historia nos ha confirmado. Estos personajes de historieta, como el Capitán América, Mickey, Donald, nos hacen olvidar el exterminio de los indígenas, la esclavitud, las invasiones y los despojos que han plagado al mundo en el pasado y el presente y siguen protagonizando EEUU y sus ratones, quienes le siguen en esta marcha macabra que, como en el cuento ‘El flautista de Hamelín’, llevará al planeta entero al abismo de la destrucción y la muerte”.

Parece ser, además de una guerra asimétrica, la continuación del rito ancestral que enfrenta a los débiles y comunes contra los poderosos, acostumbrados a arrasar con sus cruzadas la actitud impía de los diferentes, los que sueñan con soberanía e independencia.

Un Hombre Araña medio guarimbero

Un Hombre Araña medio guarimbero

“Es preocupante —puntualiza Centeno— que una parte de la población venezolana quiera entregarse en los brazos del Capitán América y entregarle todo el botín para que Rico McPato y sus secuaces sean más ricos aún. Pena ajena por ellos. El cerebro se les llenó de cotufas”.

Turbadora fue la aparición, durante las manifestaciones opositoras por el Día de la Juventud, de un Spiderman de pacotilla, “defensor de la democracia” —según el argumento de la batería discursiva de las redes sociales—, ondeando el tricolor nacional frente a los vítores de jóvenes marchantes y abuelas recalcitrantes percutiendo sus gastadas Tupperware.

“Tú, como sujeto político, te muestras tal cual eres en un momento que te exige distanciarte simbólicamente del otro, al que consideras enemigo, chusma, irracional, bárbaro, genocida o criminal, que somos los chavistas; entonces, apelas a la diversidad de símbolos, entre ellos a los que están focalizados en la industria del entretenimiento”, remata Iturriza y uno se ruboriza y se siente idiota cuando recuerda que de chiquito quería ser, si acaso, El Chapulín Colorado.

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