ÉPALE300-RECETARIO DE MALÚ

POR MALÚ RENGIFO •@MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

¡Hay mortificaciones tan grandes en esta vida!, yo no sé… Como querer merendar y no poder porque es muy caro. Y quedarse miraaaaando la vidriera llena’e postres y no entender si son tres mil trescientos, o trescientos mil, o tres mil millones, o treinta millones, o trescientos treinta y tres bolívares lo que cuesta esta guarandinga; pero entender, eso sí, que son demasiados ceros, más los que caben en el bolsillo de uno, y sentirse como un cero… pero a la izquierda.

Pero ni usted ni yo somos de quedarnos con la espinita del antojo así de fácil. Con originalidad y gracia ingeniamos soluciones para cuanta cosa se nos pase por la mente como una necesidad; y es así que, cuando pegan las ganas de una meriendita, nos preparamos un golfeado casero y esa guarandinga alcanza para media comunidad, sin gastar tanto.

Pero antes de compartir la receta del casi golfeado (no es un golfeado pero, masticado, sabe igualitico), vamos a justificar un poco la medida.

Resulta que pasan varias cosas con relación al golfeado. La primera: que no se consigue en cualquier lugar. La segunda: que del total de negocios que ofrecen el golfeado como uno de sus productos, apenas un pequeño porcentaje vende golfeados sabrosos. Porque, eso sí, estaremos en la mera carraplana pero nos gusta comer sabroso, y nos hemos hecho expertos en eso de detectar cuando una masa está dura o un queso está pichirreado.

La tercera cosa que pasa con el golfeado es que, a veces, es muy caro. En Caracas están de moda unos locales, muy bonitos y publicitarios ellos, que venden golfeaditos sin queso bien caros, y si lo quieres con queso tienes que pedir un crédito de política habitacional para pagarlo. Por eso yo te propongo preparar una receta que sabe igualito que un golfeado y que se llama:

LA TORRE DE PANQUEQUITAS CON MIEL DE PAPELÓN Y QUESO

La primera cosa que hay que hacer es poner en una olla una panela de papelón y echarle una tacita de agua para derretir a fuego lento la panela. Este almíbar de papelón derretido se puede guardar en la nevera y usar por mucho tiempo, hasta para endulzar el cafecito.

Luego licúa una taza de agua con tres cuartos de taza de harina de trigo (preferiblemente leudante), una pizca de sal y algo de azúcar. Puedes agregar un huevo, si eres millonario, o un poco de polvo de hornear para que esponje.

En una sartén antiadherente, precalentada a fuego medio, echa un poco de la mezcla y cocina una panqueca delgadita, por ambos lados. Al mismo tiempo ralla un cuadrito de queso blanco, sin distraerte para que no se te queme la panqueca.

Haz tantas panquecas como te lo indique el hambre y organiza una torre, capa a capa, mientras cantas la canción: panqueca, papelón y queso; panqueca, papelón y queso; panqueca, papelón y queso; panqueca, papelón y queso.

Listo, tienes frente a ti una especie de torta que a simple vista no se parece a un golfeado. Pero como nosotros tenemos, además de inventiva, muchísima imaginación, cierra los ojos y respira hondo mientras todo ese aroma salado y dulce que impregna la cocina te invita a probar esa nueva y jugosa receta, que no es golfeado, pero huele y sabe igualitico.

ÉPALE 300

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