El chimó se respeta

Por Gustavo Mérida / Ilustración Rosenvelt Collazos

Punto y aparte. Mientras, para ellas, para las que les da asco, para las cíclicas, para las que la menopausia les acalora a pesar del frío caraqueño; para las atrevidas, las consentidas, las bravas, las sonrientes, las específicas, las empoderadas. Para las que discuten sus procesos.

Mírense el ombligo. “El maruto”, me dice el ilustrador

Detallen su maruto. “Es mi universo”, me dice una que lo tiene grande: casi la mitad de la cajeta de chimó. El tamaño no importa, porque con una cajeta, alcanza. Usé, en este caso, un chimó que viene en la de color rojo. Están el azul y el amarillo. Se han hecho exposiciones con muchas cajetas vacías. Dicen, que por tres cajetas vacías te dan un chimó.

El chimó es parte de nuestra historia. La venezolana

Si usted conoce bien a la “paciente” (comillas del editor; el escritor no se atreve a nombrarlas así cuando están en sus procesos), humedezca con su saliva la pella. Colóquela con mucho cuidado en el maruto, asegurándose que tiene el tamaño correcto. Selle la zona: tapabocas, teipe, tela, venda. Use, como un chef de este siglo, lo que tenga a mano, que esté limpio. Es el maruto de una mujer que usted respeta.

Mire la hora

Como si pasara en el Waraira, la magia empieza. Ella siente, en pocos minutos, un alivio. Lo siente y lo cuenta. A veces, hay que entender el silencio.

El chimó, mascado, en contacto con la tierra, queda en las uñas. Se ven mugrientas. Como con los dientes, la viscosidad parda, negruzca, produce un efecto en algunas “pacientes” que, la ciudad, se vuelve divertida. Las calles caraqueñas tienen rastros de escupitajos que dicen y callan. En la esquina El Chorro, durante años, funcionó una Misión. El olor, al pasar por ahí, hacía desear que el sitio se convirtiera en una escupidera: al menos no pegaría el tufo a mierda humana, a orín de humanidad.

La alcaldía de Caracas inauguró, en esa esquina, una Farmacia Caribe. Las paredes están pintadas de blanco. Es un blanco reluciente, de farmacia nueva. Todo está limpio. No hay malos olores y gente joven atiende con prontitud.

Vaya un agradecimiento por la gestión y que ninguna pella vaya por esos lados.

ÉPALE 397