El coma de Catalina (Teatro para leer)

Por Rodolfo Porras/  Ilustración Erasmo Sánchez

Narrador:

Aunque parezca una broma, después de pasar un año, Catalina, que estaba en coma, despertó para ir al baño. El doctor que la estaba viendo, que del lugar era dueño, no brincaba en una pata, sino se estrujaba la bata: cancelar mensualidades, le faltaban de su yate, que el coma de Catalina, pagaba con su hospedaje. Catalina ensimismada, por la ventana viajaba, tratando de recordar, cómo era que pasaba, la vida antes de abordar, ese desmayo tan largo. La cosa no estaba buena… le venía un tal Almagro y una pandemia terrible; se enredó más la cuestión y hasta faltó gasolina, recordaba Catalina.

Al cuarto de sopetón, entró Pedro su marido, contento y medio llorón, pero también sorprendido.

Pedro: Antes de llegar yo creía… Catalina: ¿Que levantarme no podía? Pedro: Dormida por casi un año, amor mío ¡Es un milagro! Catalina: No, Pedro, todos los días, la enfermera se ponía, y me levantaba la pata, me jalaba los brazos, y aunque aquello era una lata, yo a ella le doy las gracias porque ahora quedé curada y me voy para mi casa. Pero dime mientras tanto, que ya no aguanto las ganas, de saber qué ha pasado en la lucha venezolana. Pedro: ¿Qué te cuento, Catalina? Ha pasado mucho tiempo. Catalina: Para mí apenas un día, dime cómo es que ha ido, todo este tiempo perdido. La locura de Guaidó, ¿qué pasó con la Asamblea? ¿Mamá se recuperó? ¿Se acabaron las peleas?

Pedro: No… mucha gente ayudó, pero sigue la faena, tu vieja sí se salvó, y se recuperó la Asamblea. Guaidó huyó para España, donde vive a todo tren, lleno de oro y de caña y se autonombró el nuevo rey. Catalina: ¿Y los gringos? ¿Quién ganó? ¿El malandro o el malón, el idiota o la chayota? Pedro: Trump es historia pasada, aunque Biden, esa momia, es largo rato peor. Marco Rubio, desde Miami y Almagro desde la OEA, junto al grupete de Lima, nos ponen la cosa fea. Catalina: Hay algo que yo no entiendo, antes del coma, en la derecha, terminaron todos rompiendo: parecían piezas sueltas de varios rompecabezas. Se recuperó la Asamblea, el malandraje escapó, pero ¿quién hace la tarea, que antes hacía Guaidó? Pedro: No me lo vas a creer. Ni me pongas esa cara… no, no es Leopoldo… bueno es él, pero con otra mampara… Narrador: Catalina está furiosa, no se puede contener, y le pregunta imperiosa.

Catalina: ¡Tú me vas a responder! ¿Es que hay otro interino, que reconocimiento goza, de los cincuenta cretinos, que nos acosaron ayer?

Pedro: Este no es un “presidente”, pero es vocero imperial, aunque sus antecedentes lo dejan parado mal. Cuando miras para Europa, metida en tremendo lío, con esto se hace la loca, y por ahora no ha dicho pío. Pero deja ya y escucha, ¡alégrate, Catalina! que saliste de la neblina, y seguimos en la lucha. Vámonos para la casa, que nos espera la gente. Catalina: Es verdad, mi Pedro amado, eso de que “nada será igual” y que si tal y pascual. ¡Ja!, no es el tiempo que corre, quien triunfa sobre el pasado, es la gente y su pelea, es el trabajo y la acción. Narrador: Así esta historia termina de cómo salió del coma, la gran pana Catalina.

ÉPALE 386