TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL

ÉPALE276-DETRÁS DEL DISCURSOEl filme El buen pastor (EEUU, 2006) aborda uno de los temas recurrentes del cine norteamericano: circunscribe la Historia de EEUU a la “Historia” de la Guerra Fría, limita el tránsito por los intersticios de la postguerra de la nación imperial a una era en la que se cree vencedora, donde busca reafirmar su “epopeya”. Lo que es lógico considerando el colapso de la URSS. Solo que los recovecos de la Historia concluyen que la de principios de los 90 fue una victoria pírrica.

Para este abordaje echa mano del thriller y lo hace con cierto grado de maestría. La fotografía propia del cine negro define un constructo visual: el carácter gansteril de la CIA. Grosso modo, el filme narra cómo se creó la central de inteligencia gringa antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, de una forma densa y sobria, sin recurrir a la innecesaria espectacularidad de las escenas de acción inherentes al género.

Pese a esta bien lograda sobriedad, al guion se le ven las costuras. Recurre a un ardid fílmico manoseado hasta la saciedad: la banalización del mal. Acciones terroristas, como la infestación de grandes cultivos de café por una plaga que los asola, con el objetivo de minar la gobernabilidad de una nación, se plantea como si se tratase de la ocurrencia genial y calculada de un niño prodigio: el agente Edward Wilson.

Por otra parte, al dar por sentado que solo las logias (Skull & Bones) son las únicas capaces de enquistarse en el poder de la otrora primera potencia mundial, define taxativamente una política en la que se practica el nepotismo racial, de castas: aquel que está constituido por los wasp: white, anglo-saxon and protestant (blanco, anglosajón y protestante).

Por supuesto, en aras de la supremacía, de un falso nacionalismo y de una condicionada lealtad la narrativa del filme sucumbe a la manida y maquiavélica frase: “El fin justifica los medios”. Pragmática que convierte al derecho internacional en poco menos que papel higiénico.

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