El coronavirus infectó el deporte mundial

Por Gerardo Blanco@GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

Ante el confinamiento mundial que ha generado la pandemia desatada por el coronavirus, también se ha producido una suerte de desintoxicación forzada de fútbol. Horas y horas de transmisión incesante de los campeonatos, ligas y torneos; los debates televisivos sobre el día a día de las competencias; las portadas y páginas de los medios dedicadas a exaltar el triunfo de este o aquel equipo; todo ha entrado en pausa por culpa de este enemigo invisible llamado covid-19, que se encuentra en todas partes y amenaza con contagiarnos. Deportes que nunca descansan, como el fútbol, con un calendario inagotable de competencias (Liga de Campeones, Copa Libertadores, Eurocopa, Copa América, eliminatorias al Mundial de Catar, campeonatos nacionales y pare usted de contar), se detuvieron hasta que el virus sea derrotado. Tal vez habrá que atender también a quienes entren en crisis por su dependencia al fútbol y comiencen a sufrir un síndrome de abstinencia.

Si el virus ha puesto a temblar al planeta, por su rápido contagio y las miles de personas que ya han sido afectadas por el covid-19, la peste ha servido para que algunos jugadores muestren su compromiso social con esos millones de desconocidos que siguen sus carreras y los idolatran, como ha ocurrido con Cristiano Ronaldo. Fiel a su nombre, Cristiano puso a disposición del Gobierno de Portugal la cadena de hoteles de las que es propietario para atender, de forma gratuita, a los enfermos de coronavirus en su país. El astro del fútbol pagará de su propio peculio todos los gastos que genere atender a los contagiados. No es común este acto de generosidad. Lo corriente es observar a los famosos del deporte destinar sus fortunas en lujos de nuevos ricos (autos y costosas propiedades) y haciendo trampas fiscales para evitar pagar impuestos por sus millonarios contratos. El propio Ronaldo fue condenado en España a pagar una cuantiosa multa por evadir al fisco de ese país. Pero si ayer fue criticado por sus faltas financieras, hoy se ha ganado el aplauso del planeta al anotar el gol más luminoso de su legendaria carrera.

¿Suspender los Juegos Olímpicos de Tokio 2020? La interrogante comienza a rondar por el Comité Olímpico Internacional y por el Gobierno de Japón, que ha invertido años de trabajo y millones de yuanes en la organización del evento multipeportivo más trascendente del planeta. La posibilidad de que el coronavirus siga extendiéndose por el mundo y contagie a los deportistas que se preparan para las competencias está latente. El problema más complejo es cómo asegurar que las miles de personas que viajarán a Tokio para participar en los Juegos Olímpicos no generarán en ese país otra crisis de contagio de coronavirus. Los Juegos Olímpicos de Brasil 2016 también estuvieron amenazados por el virus del zika. La Organización Mundial de la Salud levantó la voz hace cuatro años para advertir el peligro de realizar los juegos. Pero la ciudad maravillosa de Río de Janeiro acogió la competencia y no hubo un solo caso de atleta infectado por el zika. Hoy nadie se acuerda de aquella amenaza, como esperamos que, tal vez, de aquí al 24 de julio, cuando se inauguren los JJOO Tokio 2020, la epidemia del covid-19 haya quedado como un mal recuerdo.

ÉPALE 365

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