Imprimir

POR GERARDO BLANCO • @GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

Desde su más remoto origen el deporte ha sido el territorio de la masculinidad. Los griegos, quienes fueron los primeros en exaltar las bondades de la preparación atlética, formaban física y mentalmente a sus mejores hombres, no solo para competir en los Juegos Olímpicos sino para batallar en sus incesantes guerras. Lo femenino quedaba excluido de su agonística y las mujeres solteras solo podían asistir a las competencias como espectadoras.

Cuando se admite, finalmente, que las mujeres compitan en golf y tenis en los Juegos Olímpicos de París 1900 se comienza a combatir la exclusión femenina en el deporte, pero se mantiene intacta la idea fundamentalista de que el hecho deportivo supone una sexualidad definida. No es de extrañar, en consecuencia, que durante largos años los atletas hayan mantenido bajo cerrojo sus preferencias sexuales, por el riesgo de quedar excluidos por los prejuicios de la sociedad.

Pero hay deportistas que, progresivamente, han ido rompiendo con la barrera de la sexualidad. Uno de los casos más emblemáticos, por su impacto en el deporte, fue el del jugador estadounidense de baloncesto Jason Collins, quien se convirtió en 2013 en el primer atleta de una de las ligas profesionales de ese país en admitir abiertamente su homosexualidad. El exjugador de los Nets de Brooklyn abrió la puerta para que las diferencias sexuales en el deporte profesional fueran proclamadas para combatir la discriminación. De hecho, Collins fue designado por el ex presidente de EEUU, Barack Obama, como miembro del Consejo Presidencial de Salud Física con el propósito de luchar contra la homofobia en el deporte.

Los deportistas transgénero han tenido que dar batallas legales para ganar su espacio en las competencias. Como lo hizo en 1976 la tenista Renée Richards, quien nació bajó el nombre masculino de Richard Rasking pero en 1975 se sometió a una cirugía de cambio de sexo. Un año después demandó a los organizadores del Abierto de Estados Unidos para que la dejaran competir en el torneo. La Corte Suprema de Justicia de ese país falló a favor de Richards, quien pudo participar en el doble femenino en 1977.

En Venezuela, las medallistas olímpicas y mundiales, Yulimar Rojas (salto triple) y Stefany Hernández (ciclismo BMX) han abogado públicamente para que en nuestro país se respete y se legalicen las relaciones entre parejas del mismo sexo. Ambas suelen mostrar en sus redes sociales la afectuosa relación que tienen con sus respectivas parejas femeninas, en una demostración de que también pueden ganar medallas doradas por su lucha frontal contra la discriminación y el puritanismo sexual en el deporte y la sociedad.

ÉPALE 281

Artículos Relacionados