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DECIR QUE SE REDUCE SOLAMENTE A SU USO DENTRO DE LOS LÍMITES DE LA CIUDAD CAPITAL ES UNA EXAGERACIÓN, PERO DE QUE NOS CARACTERIZA, LO HACE. EL HABLA CARAQUEÑA ES SABROSA, CONFIANZÚA, EXPRESIVA, CREATIVA, FLORIDA, DINÁMICA Y PÍCARA COMO SU GENTE. A CONTINUACIÓN ALGUNOS ASPECTOS QUE LA HACEN TAN SABROSA

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO

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Se ha puesto de moda, entre algunas mujeres que apostamos por nuestra autonomía y nuestro derecho a la libertad, asegurar que nuestros cuerpos, nuestras personalidades, todo el compendio gigantesco de características que nos conforman son nuestros. “Yo soy mía”, digo si quiero hacerle saber a un novio que no me puede prohibir hacer tal o cual cosa, que no se me puede imponer nada.

Pero tanto nadar solo ha servido para morir en la orilla de una zapatería caraqueña, en la voz aguaíta, desganada, que pronuncia un “a la orden, mi amor”, “qué buscabas, mi vida”, y una empieza a cuestionarse el amor y sus múltiples formas, y una quiere decir “pues yo no soy tu vida, yo soy mía y de nadie más”; pero se cohíbe, sabe que la batalla se perdió y que es el momento de pedir por esa boquita porque esa muchacha o muchacho que está ahí, recostadx a la vidriera con las manitos cruzadas en la espalda se ha apoderado de ti por el resto de la eternidad, y ya sabemos que la eternidad a veces solo dura un instante, sobre todo cuando eres una persona poco proclive a los procesos de conquista o “solamente estabas viendo”, eufemismo bastante utilizado para “no he cobrado la quincena”.

LA AMPLITUD LEXICAL

Ni “el tostón” ni “la cuca” son comida en Caracas. En el caso de los filetes de plátano frito, o se mencionan por su plural, “los tostones”, o se mencionan por su diminutivo, “un paquete de tostoncitos”. El uso en singular de la palabra (“me provoca un tostón”) referiría directamente al piripicho, y a usted le saldría un chalequeo caraqueño de los buenos.

Lo mismo ocurre con la cuca. No hay caraqueño, ninguno, que llame cuca a una catalina o galleta de harina de trigo endulzada con papelón. Cuando una persona en Caracas quiere comerse una cuca, bueno, usted ya sabe.

Otros ejemplos de palabras muy nuestras podrían ser: para algo muy mediocre, “balurdo”; para la totona, “papo” o “cuchara”; para la paloma, pipe; para el vecino o camarada, “convive”; para algo chévere, “bandera”, “cartelúo”; para la novia o el novio, el “empate”; para la mujer operada para verse más despampanante, “tuneada”; para lo que está muy fácil, “pancita” o “manguangua”; para los tragos, “los palos”; para una persona pendeja y malintencionada, “becerro”; para decir que se está muy atareado se dice “estar abollado”; para la boca, “bemba”; para algo muy exagerado, “burrero”; para el adulterio, “cacho”; para los besos, “tusas”, “latas” o “jamones”; para un despelote, “cogeculo”; y, por cierto, para el culo, la maleta”.

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MARICO EL QUE LO LEA

El vocativo por excelencia, la palabra más sabrosa para llamar la atención del oyente o para dirigirse a él. Unas décadas atrás llamar marico a un compañero era una clara invitación a una coñiza. Con el tiempo, el exceso de uso o la muy caraqueña ligereza de tono que le brinda matices familiares hasta a la palabra más vulgar; desde Palo Verde hasta Propatria, desde Caricuao hasta El Hatillo, el uso de la mariconería por cariño se fue ampliando, relajando de tal forma que, para la fecha presente, entre la gente más joven e incluso muchos adultos contemporáneos, en Caracas es marica hasta la abuela.

Ojo, se hace necesaria una aclaratoria: si usted no nació caraqueño o si usted nació antes de 1980 deberá poner especial atención en la interpretación de la palabra marico/marica cada vez que algún conciudadano se la estampe en la frente. Dato importante para el uso de esta palabra es saber diferenciar la cuota de cariño que se le imprima. No es lo mismo que le digan marico a usted, así, como una bala, que le sustituyan su nombre por marico (“marico, llámame pa que hagamos la vaina”, “sí, marica, la reunión estuvo burda de buena”), a escuchar que le prohíban o cuestionen la maricura (“no seas marico tú”, “¿tú como que eres medio marica?”). En estos últimos casos deberá ponerse alerta: contrario a lo que pueda usted imaginar, en el segundo caso no se le estará cuestionando su tendencia sexual, sino que se le estará alertando sobre una posible invitación a la coñiza si sigue con la mariquera.

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LA “S” METAMÓRFICA

¿Quiere usted desconcertar a un caraqueño? Pues le voy a dar un dato: dígale la siguiente frase pronunciando claramente sílaba por sílaba y haciendo énfasis en la correctísima pronunciación de la letra “s” (haciendo pasar un soplidito de aire entre la punta de la lengua y la parte del paladar que queda justo detrás de los dientes) todas las veces que aparezca. Prepárese, pues, allá voy: “Vamos a escoger los ajos especialmente bonitos”. Será difícil que le salga a la primera, practíquelo en voz alta, vamos, no le dé pena que le escuche su vecino de banquito: “Vamos a escoger los ajos especialmente bonitos, pues”.

Escucharse a sí mismo es suficiente para sentir la incomodidad en el cuerpo, la rareza. No es necesario que dilapide de esa forma su imagen ante los demás para convencerse de que aquí en Caracas las cosas son como son, las sílabas, como los malos maridos, se divorcian y se mudan a la casa de la vecina, y la letra s se pronuncia j cuando el espíritu indica que tiene que ser así. Si no me cree hagamos el ejercicio nuevamente, esta vez leyendo y pronunciando la frase tal como la he de escribir a continuación: “Vamojaej-coger losajos ejpecialmente bonitoj-pues”.

LA IMPORTANCIA DE LO PEQUEÑO

Se dice que los mejores perfumes vienen en frascos pequeños. En Caracas ocurre algo semejante con las palabras: los diminutivos, lejos de significar un empequeñecimiento de los significados, le aportan al significante un carácter de urgencia, proximidad o intensidad insólitos. Casi, casi es como si habláramos al revés: decir “ahora” es decir dentro de un rato, pero decir “ahorita” nos remite a una celeridad de competencia; decir “afuera” es decir más allá, pero decir “afuerita” quiere decir “en el bordecito de la puerta”. Lo que está “cerca” está a unas cuadras, pero lo que está “cerquita” está en esta misma cuadra, si no, ahí al lado. “Ahí mismo” indica que estás en el lugar correcto, pero “ahí mismito” quiere decir que si te mueves un pelín hacia la izquierda, te perdiste. A propósito de esta particular, precisa y caraqueña unidad de medida debemos aclarar: “un pelo” es sinónimo de poco, pero un pelín es algo así como una unidad de medida de escala subatómica.

Sirve el diminutivo para certificar la paternidad de manera positiva. En Caracas decir “ese muchacho es igual a su papá” puede denotar que se le parece en ciertos rasgos del carácter, no necesariamente positivos o negativos; pero decir “ese muchacho es igualito a su papá” quiere decir que el carajito es de él.

Otros usos del diminutivo agregan cierta cuota de placer a las situaciones. Decir que algo está “caliente” no necesariamente da señales de que esto sea bueno o malo, pero cuando está calientico un caraqueño entrecierra los ojos y sonríe imaginando un regazo mullido y tibio. Hacerlo rápido es hacerlo con celeridad, pero hacerlo rapidito es más sabroso.

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ÉPALE 297 EDICIÓN 6º ANIVERSARIO

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