El dopaje como arma política para imponer sanciones en el deporte

El Comité Olímpico Internacional y la Agencia Mundial Antidopaje demuestran ser un brazo ejecutor de la política de sanciones estadounidense en el ámbito deportivo. Cuando se trata de dopaje, mientras sobre los atletas rusos caen las más duras e inflexibles condenas, por las mismas transgresiones se actúa con mano de seda sobre los deportistas gringos

Por Gerardo Blanco@GerardoBlanco65 / Fotografías Archivo

El uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo, con el propósito de conseguir victorias y récords que serían imposibles de alcanzar a través del simple entrenamiento, ha sido una práctica frecuente en el deporte moderno. Sin embargo, las organizaciones internacionales encargadas de regular y combatir el uso de cualquier procedimiento ilícito en las competencias deportivas han medido con distintas varas, más rigurosas o complacientes de acuerdo a la geopolítica mundial y los intereses económicos que hay detrás de atletas de renombre mundial.

Desde los antiguos Juegos Olímpicos de Grecia los atletas han utilizados artificios extradeportivos para alcanzar la gloria. Filóstrato y Galeno señalaron en sus escritos que los médicos de entonces elaboraban estimulantes a base de vino, hongos alucinógenos y semillas de sésamo para potenciar la resistencia de los corredores. Cuando el emperador Teodosio I decide adoptar el cristianismo como única religión del Imperio Romano, en el año 380, una de las medidas fue prohibir la realización de los Juegos Olímpicos porque estaban destinados a exaltar el paganismo. Pero entre las justificaciones que Teodosio I señaló para acabar con los Juegos Olímpicos, estaba el hecho de que las competencias se habían convertido en “un foco de trampas, dopaje y afrentas a la dignidad humana”.

 Las organizaciones internacionales (…) han medido con distintas varas, más rigurosas o complacientes de acuerdo a la geopolítica mundial y los intereses económicos

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1.600 años después, el Comité Olímpico Internacional (COI) y la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) se hayan en el dilema de combatir a los tramposos que buscan ganar utilizando sustancias o procedimientos ilícitos en las pruebas. Pero este combate no ha sido equilibrado ni justo, porque mientras en los años más recientes al deporte ruso se le ha perseguido y castigado con saña cualquier infracción, los campeones de Estados Unidos son tratados con alfombra roja y se les permite infringir, de manera complaciente, las severos reglamentos de la AMA.

Dentro de EEUU, en algunos deportes, las pruebas antidopaje son confidenciales

¿Dopaje sistemático?

Una investigación realizada por el COI y la AMA acusó al Gobierno de Rusia de participar en una compleja trama de dopaje estatal, según la cual el exdirector de laboratorio antidopaje de Rusia, Grigory Rodchenkov, encubrió el uso de sustancias prohibidas de los deportistas de su país en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014, y que habría actuado por órdenes de los funcionarios rusos del Ministerio del Deporte.

Esta denuncia la formuló Rodchenkov bajo el amparo del Gobierno Federal de Estados Unidos, que presionó para la que el COI y la AMA enfilaran todas sus armas en contra del deporte ruso. Después de una investigación de apenas dos meses el abogado canadiense Richard McLaren, contratado por la AMA, presentó en julio de 2016 el llamado Informe McLaren, en el cual se afirma que entre 2011 y 2015 autoridades deportivas rusas manipularon los controles antidopajes que afectaban, al menos, a 15 medallistas de los Juegos Olímpicos de Sochi. Como consecuencia de ese informe, para los Juegos Olímpicos de Río 2016 todo la delegación de atletismo (67), y un total de 118 deportistas rusos clasificados, quedaron marginados de la cita por decisión del Comité Olímpico Internacional y la Federación Internacional de Atletismo.

No conforme con esta sanción, el COI y la AMA volvieron a enfilar sus baterías sobre el deporte ruso. En diciembre pasado la AMA aumentó sus sanciones y decidió excluir a Rusia de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, de los Juegos de Invierno de Pekín 2022 y del Mundial de Fútbol de Catar 2022. Rusia tampoco tiene permitido competir como nación en los campeonatos internacionales de atletismo. Sin embargo, los atletas rusos que presenten ante la AMA informes y controles antidopajes supervisados y limpios podrán competir bajo bandera neutral del COI.

De acuerdo al presidente de la AMA, el británico Craig Reedle, las nuevas sanciones se produjeron porque la Agencia Rusa Antidopaje (Rusada) incumplió con los controles estrictos de los datos de los atletas en su laboratorio en Moscú. Rusia ha tenido todas las oportunidades del mundo para poner su case en orden (…) pero ha elegido continuar con la postura de engaño y negación”, recalcó Reedle cuando, en diciembre pasado, anunció los cuatro años de sanción para el deporte ruso.

Lo extraño de este castigo es que en marzo de 2017 la Agencia Mundial Antidopaje había admitido que el informe McLaren “carecía de evidencias para acusar de dopaje a los deportistas rusos”. Y en noviembre de ese mismo año el propio Reedle había destacado que “existía una amplia cooperación entre la Agencia Mundial de Dopaje y la Rusada, que contribuiría a levantar la suspensión”.

Sanciones a atletas rusos: arma política

¿Dopaje terapéutico?

Al tiempo que los organismos deportivos internacionales y la Agencia Mundial Antidopaje dedican todas sus energías a investigar a Rusia, miran hacia otro lado cuando se trata de Estados Unidos, quien a través de sus poderosos medios de comunicación que controlan los derechos de transmisión de los Juegos Olímpicos ejercen una gran influencia en el Comité Olímpico Internacional y sus entidades satélites como la AMA.

El caso de Michael Phelps evidencia el doble rasero de las suspensiones

Una agrupación de piratas informáticos, denominada Fancy Bear, publicó en 2016 los informes confidenciales de la AMA sobre los atletas estadounidenses que utilizaban medicamentos “legales” incluidos en la lista de sustancias prohibidas, sin que fueran objeto de ninguna sanción, porque lo consumían por razones “terapéuticas”, con la venia de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (Usada).

Michael Phelps (…) admitió que tomaba cápsulas de gabapertina. Se trata de un fármaco atiepiléptico prohibido (…) porque se le suministra a los caballos para aliviar los calambres y espasmos

Biles asumió que uso sustancias prohibidas

De acuerdo a los documentos filtrados, que la AMA reconoció como auténticos, el legendario Michael Phelps, quien posee el récord de haber ganado más medallas olímpicas de oro (23), admitió que tomaba cápsulas de gabapertina. Se trata de un fármaco atiepiléptico prohibido por la Federación Internacional de Ecuestre, porque se le suministra a los caballos para aliviar los calambres y espasmos que se producen en los entrenamientos y competencias.

También la estrella de gimnasia Simone Biles, cinco veces campeona mundial y ganadora de cuatro medallas de oro en Río, también figura entre los atletas estadounidenses que utiliza medicamentos terapéuticos. La atleta consume 15 mg diarios de focalin, que contiene metilfenidato y anfetaminas, ambos prohibidos por la Asociación Mundial Antidopaje por ser sustancias psicotrópicas que potencian la actividad del sistema nervioso central.

Profesionales encubiertos

Mientras a Rusia, y al resto de países afiliados al COI y a la Agencia Mundial Antidopaje, se les exige que cumplan con las reglas del juego limpio, el deporte estadounidense se rige por sus propias normas. De hecho, la AMA no ejerce ninguna autoridad en el deporte profesional de Estados Unidos que, a través de acuerdos legales con los sindicatos, determina cómo se realiza los controles antidopajes. En el caso de las ligas de baloncesto (NBA), fútbol americano (NFL) y hockey (NFH) los resultados de esas pruebas son confidenciales.

El consumo de sustancias prohibidas ha sido una práctica común en Estados Unidos, cuyos atletas figuran anualmente en la lista de países con mayor número de casos de dopaje. La lista de atletas que han recurrido al dopaje en diversos deportes da pie para aplicar duras sanciones por parte de la AMA, pero esta organización no tiene ninguna jurisdicción en Estados Unidos. Durante una década la Usada miró hacia otro lado mientras el ciclista Lance Armstrong conquistaba siete títulos consecutivos en el Tour de France, entre 1999 y 2005. No fue sino hasta 2012 cuando la Usada acusó al pedalista texano de hacer trampa por haber consumido hormonas de crecimiento, esteroides y testosterona, y los despojó de los títulos alcanzados en la mítica prueba del ciclismo francés.

El uso de fármacos para mejorar el rendimiento se ha vuelto una constante

La misma actitud permisiva se mantuvo por décadas en el beisbol, donde la MLB y la Usada nada hacían mientras un centenar de peloteros, encabezados por Mark McGwire y Samy Sosa, utilizaban potenciadores del rendimiento como los esteroides para despachar jonrones a diestra y siniestra.

El caso Balco, la empresa de nutrición deportiva fundada por Víctor Conte y Greg Anderson, abrió las puertas en 2006 para conocer con detalle una red de distribución formada en Estados Unidos para el consumo de sustancias ilegales, en la que no sólo estaban involucradas estrellas de las Grandes Ligas, sino
atletas de la talla de Marion Jones y Tim Montgomery, campeones olímpicos y mundiales de velocidad, quienes recurrieron al consumo de esteroides para ganar sus competencias.

A pesar de que Estados Unidos ha sido el corazón mundial de la producción y consumo sistemático de sustancias dopantes, el Congreso de este país quiere aprobar la llamada Ley Rodchenkov, con la que pretende castigar con multas de un millón de dólares (y hasta 10 años de cárcel) a cualquier atleta que incurra en casos de dopaje, dentro y fuera de sus fronteras. Es decir, el país más permisivo del mundo sobre el dopaje en el deporte, ahora quiere ser el policía de los atletas. El mundo al revés, como diría Eduardo Galeano.

ÉPALE 357