ÉPALE291-MÚSICA

MÁS QUE MÚSICA, EL ARTE SONORO NEGRO ESTADOUNIDENSE ES CLAVE EN LA LUCHA POR SUS DERECHOS SOCIALES. Y ARETHA FRANKLIN LEGÓ UN CAPÍTULO TRIUNFANTE A LA CAUSA

POR MARÍA EUGENIA ACERO  COLOMINE

Tras la llegada de los barcos negreros a EEUU, la comunidad negra raptada de África desarrolló con la música un método de unión, resistencia cultural y supervivencia ante los atropellos mortales del blanco cuáquero. Así, nacieron los cantos de labor (tildados despectivamte en inglés como negroes), que les servían a los esclavos para comunicarse entre sí detrás de piezas aparentemente inocuas.

La fe protestante importada desde el Reino Unido obligó a  grises y azules a adoptar la devoción al rubio Jesús. La comunidad de ébano forzosamente migró de su fe originaria a una veneración bíblica en cuerpo, alma y guataca.

Este contexto geopolítico y espiritual desembocó en los
gospels (en inglés significa evangelio). Se entonaron con la pasión que caracteriza el fenotipo de la matria original, y la sensualidad dio paso a alabanzas enardecidas al Señor. Rosetta Thorpe, bautista, fue la primera en meterle guitarra eléctrica a las loas. De sus lecos nació el rock and roll, pero por ser lesbiana y poco agraciada terminó condenada a la pobreza extrema y al olvido.

Antes de que Keruac, Ginsberg y Burroughs, junto a otros trascendidos como Anais Nin, Henry y June Miller, expusieran el desenfreno a través de la poesía, existía el jazz. Nueva Orleans fue la cuna de una corriente que se pasó por el forro convencionalismos clásicos y conjuró a Belcebú en un cruce de caminos bajo el influjo de banjo, trompetas, saxo, guitarra y más.

La mezcla de sabores sonoros color púrpura concibió otro género, que no sabemos ya de quién fue producto primero: si del huevo o de la gallina. La añoranza por regresar a casa ante el asedio del KKK dio vida al blues (que significa melancolía en inglés).

Sam Cooke, Ella Fitzgerald, Little Richard, Billie Holiday, Nina Simone, Ray Charles, Charlie Parker y un multiverso florido hablaron de frutas extrañas, de racismo, belleza y, sobre todo, de dignidad negra.

De ahí nació la reina del soul. Demócrata, fornida, madre soltera a los 12, abandonada por su madre y evangélica. Tuvo cuatro octavas de gañote, presencia y congruencia hacia su raza, pese a provenir de clase acomodada. Su mayor aporte fue la transformación de la pieza de Ottis Reeding en el himno feminista “Respect”. Esta pieza era más bien al revés: la historia de un tipo pidiéndole a la mujer que cumpliera con sus deberes conyugales. Franklin reivindicó lo que se calan las mujeres con maridos que no quieren servir para nada: el machismo es el mismo, sin importar el color.

Cantó hasta el bingo, actuó y se impuso con su obra, que resultó impecable y reconocida en vida, allanando el camino a nuevas generaciones. Militantemente ayudó a Angela Davis, de las Panteras Negras, a que saliera de la cárcel, le cantó a Martin Luther King en su funeral y pasó por Caracas gracias al programa de Renny Ottolina. Acá bailaban sus piezas subiendo los codos y los hombros y caminando como si llevaras un carrito de mercado. Su música catapultó la presencia negra en el espectáculo.

Este 16 de agosto Aretha se elevó al coro de los angelitos de Andrés Eloy. Curiosidad del pop: ese mismo día Elvis, El Rey del Rock, meneó sus caderas al cielo en 1977 y Louise Veronica Ciccone (mejor conocida como Madonna) cumplió 60. Su silencio ahora le vuelve a recordar al mundo que tanto la gastronomía como la identidad musical del imperio son gracias al martirio de la segunda raza más vilipendiada en el Norte después del genocidio indígena. La reina ha muerto. Larga vida al soul.

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