El Fabuloso Fundamentalismo Religioso

Por Miguel Posani@mposani / Ilustración Forastero Lpa

Donde la moral se funda en la teología y el derecho en la institución divina, se pueden justificar y fundamentar las cosas más inmorales, injustas e ímprobas.
La esencia del cristianismo,
Ludwig Feuerbach (1848)

Yo sé que vas a leer esto y tal vez, dependiendo de en qué creas, tendrás una sensación de incomodidad que, en la medida en que continúes leyendo, se convertirá en una sensación de desagrado y, más profundamente, de miedo, como cuando te perseguían de pequeño para pegarte con una chancleta.

Es sencillo, porque cuando nos enfrentamos a algo que se sale de nuestros esquemas de comprensión, de lo que para nosotros es “normal” y pone en crisis toda la realidad, entonces nos defendemos, rechazamos, negamos, aislamos, denigramos, deploramos, castigamos, torturamos, cortamos, violamos y hasta asesinamos.

Y si tenemos la bendición de la virgen de lo que sea, de un dios, santo o mártir de cualquier cárcel religiosa, entonces no hay freno y entramos de lleno, como ahora, en una nueva Edad Media donde los fundamentalismos como el judío, el evangélico y el musulmán no se salva el cristianismo se amelcochan con un primitivismo comprensivo que mezcla alegoría con realidad, caricatura con imaginación y amor con miedo, además de asimilar el horror de cualquier tipo y naturalizarlo, como ese bendito castigo de Dios al que todos los creyentes le temen con todas sus entrañas.

Me asombra ver cómo ahora el nuevo fascismo está embadurnado de dogmas religiosos estúpidos. Pero tal vez es por eso que son tan, simplemente, aceptados.

Está modernidad post-post no me gusta. De moderna tiene sólo la cara tecnológica, lo demás es mierda semántico-religiosa, engaña-tontos y fabricada en diferentes versiones para el consumo de grandes y chicos. Nunca me hubiese imaginado que en 2019 estuviésemos viviendo los albores de la extensión del fascismo y del oscurantismo religioso, de la forma más tranquila del mundo.

Menos mal que aún en este opacamiento religioso-ideológico-político, costumbrista y surrealista, puedo distraerme con el celular y escribir esa célebre consigna de la revolución francesa: Libertad, igualdad y fraternidad”.

Bien, ahora ¿tienes náusea o te estás riendo?

ÉPALE 354