ÉPALE 228 MINICRÓNICAS

POR DOMINGO MORENO

Era un tipo extraño. Extraño de verdad.

Un día de sol se apareció en el pueblo. Próxima celebración de las fiestas del Santo Cristo y las calles como hervidero con propios y extraños. Año 1974. La Grita.

De alguna manera se vinculó a la pata de muchachos de la Calle 3 y nos encantó con sus destrezas. Comía vidrio, hacía alardes de mentalismo jugando a las adivinaciones de números, tragaba una larga espada y con un juego de cartas en las manos demostraba prodigios y habilidades inusitadas.

A mí me pareció  un personaje venido de Macondo y escapado del circo que visitaba el imaginario de Gabo. Deslumbrante hasta en su aspecto físico: flaco, amarillo, pequeño y misterioso. También interpretaba la flauta con variado repertorio, deleitando a todos.

Se preparó todo para que en la plaza Jáuregui, y sobre una cama de clavos, se hiciera pasar un “escarabajo” por sobre se endeble humanidad. Lo logró, para asombro de todos. El faquir decía ser un trotamundos originario de Maracay y corrido por todas las veredas del continente. Ángelo era su nombre.

Mis hermanos Freddy y Agustín, conmigo tras ellos siendo un púber inquieto, lo convencieron para buscar una botija en el solar de la casa de doña Isabel Salcedo. Botija que se anunciaba con la aparición de una misteriosa luz al pie de la mata de limón.

Manos a la obra y frenética actividad en tres noches de oscuridad sucesivas. Prohibida la entrada de quien no estuviese “preparado”. Rezos, conjuros y expectativa de los pocos que conocíamos del acontecimiento.

Lo esperado, al decir de Ángelo, el faquir, no resultó porque “algo” hacía correr de lugar el entierro, a pesar de los muchos huecos dejados en el solar y un jardín casi destruido. Gran disgusto de doña Isabel y gran frustración de todos.

Ángelo estuvo con nosotros algunos días y como vino se fue, dejando en el recuerdo de todos una historia más de las tantas que guarda la ciudad del Espíritu Santo de la Grita.

Enclave de sueños y poesía que nos vio crecer para amarla por siempre, estemos donde estemos.

 

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