El golpe de abril en la memoria

Por Julián Márquez / Fotografía Archivo

Obra de la perspicacia del periodista venezolano Ernesto Villegas Poljak, Abril, golpe adentro, entre los libros publicados hasta ahora, surgidos de los dramáticos sucesos del golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez Frías el día 11 de abril de 2002, despierta, cada vez más, un auténtico interés hacia su inaplazable lectura .

La nueva edición de este intenso testimonio brinda una oportuna ocasión de apoderase de sus páginas a las y los nuevos lectores, en particular a los más jóvenes, interesados en conocer e investigar cómo se suscitaron los hechos en aquellos días estremecedores.

El texto de Villegas cobra cada vez más vigencia

El reportaje de Villegas Poljak relata los antecedentes, ejecución, consecuencias y revelaciones ulteriores de una conspiración programada para no fracasar. La obra, próxima a las crónicas o los reportajes periodísticos narrativos, consigue trasladarnos al pasado, hacernos contemplar los acaecimientos como si estuviéramos inmersos en el instante, el lugar y la hora puntual de las eventualidades. Merced al logro de una atmósfera literaria que nos deja entrever, como veraz, la participación del narrador en medio de los hechos.

Tres ejemplos valiosos para enmarcar este trabajo entre periodismo y literatura serían acaso Chile, el golpe y los gringos de Gabriel García Márquez, La noche de los generales del periodista Alexis Rosas y Operación masacre del narrador y periodista argentino Rodolfo Walsh, suficientes para valorar los nexos entre peripecia narrativa y documento histórico.

Sin embargo, no olvidemos el carácter de producto genuino del periodismo de investigación de Abril, golpe adentro, a pesar de ciertas influencias literarias. Como lo demuestra Villegas Poljak, en el relato periodístico nunca debe perderse de vista la sencillez profunda de la diafanidad informativa, sin exceso de figuras retóricas, en el compromiso ético del periodista con la objetividad.

En el espacio público es donde la honestidad del periodista responsable, enemigo de la improvisación, está sometida a su prueba de fuego. Como estará sujeta al juicio histórico la veracidad de los contenidos del reportaje o la crónica, en el transcurso del tiempo.

En una observación retrospectiva a las circunstancias de los sucesos de abril de 2002, los ciclos del calendario tienden a desvanecer los rostros, a borrar los nombres de los principales cabecillas de la sedición, civiles y militares enemigos de una verdadera democracia.

El Gabo fue pionero en fusionar periodismo con literatura

Inmóviles, en una perspectiva lejana, los recuerdos tienden a borrarse, sumergidos en la vorágine de un sinnúmero de acaecimientos ocurridos desde ese abril hasta el presente.

Uno de los propósitos de la obra acaso sea establecer una actitud de vigilancia, un auxilio necesario a los olvidos de la memoria. Al reclamo imperecedero por esas acciones violentas donde cayeron muertos muchos partidarios de las facciones en pugna, en últimas, venezolanos y venezolanas nacidas en el vientre de la misma patria.

Las transnacionales de la información junto a los medios opositores locales tratan de cubrir de telarañas los sucesos narrados en Abril, golpe adentro, como si nada extraordinario hubiera ocurrido en Venezuela hace 17 años, cuando el comandante Hugo Chávez Frías fue despojado de su autoridad presidencial, con la complicidad de España y Estados Unidos apoyando a una gavilla de políticos, meritócratas de Pdvsa, eclesiásticos y militares traidores, todas y todos dispuestos a hundirnos en un mar de sangre, sin temblor en sus manos ni miramientos a la hora de aportar las víctimas necesarias a su macabro plan golpista y fascista.

El poderoso enemigo ignoraba la fe, el convencimiento del comandante Chávez en la fuerza del pueblo, en el compromiso patriótico de los cuadros medios militares, quienes juntos, 48 horas después de derrocado el Gobierno Bolivariano, dieron al traste con la felonía mediante un contragolpe victorioso.

Entre los militares leales estaba el actual ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, entonces comandante del Batallón de Infantería Simón Bolívar, destacado en Fuerte Tiuna, quien, dada la importancia de los sucesos narrados por Ernesto Villegas Poljak, asume para esta edición ser el prologuista de Abril, golpe adentro, sumando al reportaje la valiosa mirada de un testigo de excepción

Realmente, volver a las páginas de este apasionante documento es emprender un camino de regreso hacia nuestro reciente pasado histórico, cuando el oprobio fascista asomó, en todas sus dimensiones, su macabra faz de terror, imposible de olvidar, para mantenernos alerta en unidad de civiles y militares ante la conspiración incesante. Abril sigue siendo, cuando lo recordamos, un duro golpe en la memoria.

ÉPALE 354