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LA LENGUA DE LOS CARAQUEÑOS (MUY MARCADA POR LAS CLASES SOCIALES) ESTÁ LLENA DE OCURRENCIAS, MUCHOS PRÉSTAMOS Y UN SINFÍN DE HISTORIAS: “A CADA INSTANTE, COMO UN MAR INQUIETO, DESBARATA CUALQUIERA MARRA QUE LA QUIERA DETENER”

POR JESSICA DOS SANTOS JARDIM • @JESSIDOSSANTOS

El idioma español llegó a Venezuela con la colonización emprendida desde los primeros años del siglo XVI. La mayoría de los colonizadores eran originarios de Andalucía, Extremadura y las islas Canarias.

El habla de estas regiones españolas, diferente entre sí, son la base de nuestro castellano actual. Sin embargo, aún persisten palabras indígenas. Y también se incorporaron algunas del habla inglesa: “ok” (para indicar que se está de acuerdo con algo).

Además, también es un hecho ya estudiado que el español americano produce más diminutivos que el español peninsular.

“El español americano suele extender los diminutivos a adverbios e interjecciones que no los llevan en el europeo: ahorita, apenitas, detrasito, entre otras”, expresa el manual titulado La nueva gramática de la lengua española.

Asimismo, el español venezolano se permeó de un sinfín de “modalidades regionales”, acordes a la identidad cultural de cada zona del país. Por lo general, la capital es dueña de la modalidad de habla más prestigiosa. En este sentido, el habla caraqueña se ubica entre las más estudiadas.

Al respecto, el escritor y ensayista Pedro Díaz Seijas explicaba: “Una ciudad cosmopolita como Caracas ofrece un tejido casi impenetrable en el campo del habla. Hay, por lo menos, tres fuentes que han hecho crecer el cauce de las influencias integradoras de los modos de expresión oral del caraqueño: la contribución de la inmigración interna desde diferentes zonas del país, la de los medios de comunicación en general y la de inmigración externa (entre las que se destaca la influencia del inglés, del italiano y del portugués; sin olvidar la fuerte influencia del francés, que tuvo su auge en el siglo XIX)”.

Además, “la lengua, a cada instante, como un mar inquieto, desbarata cualquier amarra que la quiera detener (…) El lenguaje caraqueño está salpicado por términos insospechados, como los del lunfardo de procedencia argentina (jerga originada y desarrollada en la ciudad de Buenos Aires), los de los bajos fondos urbanos y los arcaísmos (términos usados en el pasado) con alguna vigencia en las zonas campesinas”, agrega Seijas.

En este sentido, el famoso filólogo Ángel Rosenblat, quien nació en Polonia y vivió en Argentina, Alemania y España, llegó a Caracas en 1946 para fundar la Cátedra de Filología de la Universidad Central de Venezuela para, desde entonces, dedicarse a investigar “el español de América en su modalidad venezolana”, y especialmente caraqueña.

Rosenblat exponía en su libro Buenas y malas palabras en el castellano de Venezuela (1956-1960) que cualquier extranjero que viniera a Caracas se sorprendería, y hasta se sentiría desconcertado, por nuestra forma de hablar, así fuera hispanoparlante.

Quizás se asustaría, por ejemplo, si alguien lo invitara a “caerse a palos”.

Pues, en efecto, la lengua de los caraqueños (muy marcada por las clases sociales) está llena de ocurrencias, muchos préstamos (la ciudad es un sitio de paso de gentes de múltiples procedencias) y un sinfín de historias.

También más de un caraqueño lo ha notado. Por eso, el escritor y ensayista Aquiles Nazoa, en su obra titulada ¿Verdad que los caraqueños parece que hablan en sueño?, plasmó (enmarcado en su humor característico) la manera de hablar del caraqueño de mediados del siglo pasado:

ÉPALE297-HABLA CARAQUEÑA 5“¡Qué formas tan pintorescas

son nuestras formas de hablar!

Para decirnos dos cosas

que en cualquier otro lugar

se dicen directamente

con dos palabras no más,

aquí estamos media hora

tratando de concretar,

y el pavoroso enredijo

que nos formamos es tal,

que el que nos está escuchando

no entiende ni la mitad,

ni nosotros entendemos

lo que él nos quiere explicar.

Y si quieren una muestra

de nuestros modos de hablar,

acomoden las orejas,

que allí van:

 

Yo, chico, hablé con el hombre

y él me dijo que si tal

que si qué sé yo qué cosa,

que si yo no sé qué más,

que si esto, que si lo otro,

que si lo de más allá,

que si patatín,

que si patatán…

¡Bueno, puej, me volvió loco

con ese tronco’e macán!

 

Pero yo le eché coraje

y le dije: Para guan,

si usted me viene con curvas

que si tal que si cual

ÉPALE297-HABLA CARAQUEÑA 3y que si yo no sé qué

y que yo no sé qué más,

conmigo estás bueno, puej,

¡porque conmigo qué va!

 

Si él me dice en un principio:

Mira, Pedro, ven acá,

yo vengo a tal y tal cosa,

pero tal y tal y tal,

pues entonces qué carrizo,

¿pero así? ¡No oh, qué va!ÉPALE297-HABLA CARAQUEÑA 6

 

Y así como habla ese tipo

que acabamos de escuchar,

así hablamos casi todos

en la Caracas actual:

un montón de frases mochas,

alguno que otro refrán,

cien mil mentadas de madre

y el resto, ni hablar, ni hablar!.

 

Con el paso del tiempo la “cosa” no ha cambiado tanto. Al respecto, la investigadora venezolana María Elena DAlessandro Bello, en su Diccionario coloquial de Caracas, expone: “Durante meses me convertí en un ‘radar del habla’ en mi propia ciudad. Y me di cuenta que trabajé con palabras que raramente se encuentran escritas, pero se oyen por todos lados. Un buen ejemplo es ‘cambimbiar’. La usa todo el mundo pero nunca supe cuál era su grafía correcta: si es con v o con b”.

De hecho, el profesor Eloy Yagüe, entre los salones de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, solía relatar la historia de Peter, un joven neoyorquino estudiante de español que vino a practicar a la capital venezolana, y se la pasó anotando en una libretica lo que significaban las palabras caraqueñas que no aparecen en los diccionarios oficiales del idioma, y menos en el de la Academia de la Lengua.

“Me di cuenta de la dificultad de explicarle, por ejemplo, el uso de la palabra ‘vaina’ y todas sus variantes: ‘una vaina’: una cosa; ‘echar vaina’: bromear; ‘ni de vaina’: ni por casualidad; ‘de vainita’: por un pelo; ‘qué vaina’: expresión que se usa para lamentarse de una situación desagradable. Fue difícil que entendiera que era muy diferente decir ‘te voy a echar vaina’ a ‘te voy a echar una vaina’, pues en el primer caso se trata de bromear mientras que en el segundo es una amenaza. Pero también fue trabajoso hacerlo comprender que para nosotros ‘poco’ es mucho. Por ejemplo: ‘En la cola había un poco de carros’; mientras que ‘pocotón’ es muchísimo: ‘Había un pocotón de gente saliendo del metro”, relataba Eloy.

Además, en la ciudad siempre aparece alguna palabra o frase nueva que muchas veces solo entendemos los que vivimos acá. Así como los larenses tienen su inconfundible “na guará” y los zulianos su incomparable “qué molleja”, los caraqueños tenemos más de una palabra que nos caracteriza.

En este sentido, las profesoras Kristel Guirado y María Inojosa de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV trabajaron los marcadores conversacionales en el habla de Caracas con expresiones como “caramba”, “carajo”, “cónchale”, “mierda”, “no joda” y encontraron que “coye” es el más utilizado, le sigue “coño” y “cónchale”.

“El coye no está estigmatizado, no suena a cosa vieja. Se puede emplear en cualquiera de las clases sociales (…) Es un comodín muy especial (…) De coye no hay referencia en diccionarios, pero es el marcador más caraqueño y venezolano que hay. Se recurre a él para manifestar asombro, concesión, titubeo y súplica, entre otros usos. La utilización del o sea también es muy criolla”, explicó Guirado.

Entonces, ¿cuál es tu palabra y/o expresión más caraqueña?

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ÉPALE 297 EDICIÓN 6º ANIVERSARIO

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