El hombre que llegó tarde a la batalla

La llamada invasión del Falke (11 de agosto de 1929) probablemente sea un caso
de acción guerrera perdida por impuntualidad. Pero al responsable de esta
falla es imposible tenerlo en mal concepto ni reprocharle nada. Abajo les contaremos por qué

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE

ILUSTRACIÓN ERASMO SÁNCHEZ

 

De los participantes en la invasión del Falke por Cumaná se sabe casi todo, sobre todo de sus principales promotores. Román Delgado Chalbaud, financista y líder principal, estuvo 14 años preso en La Rotunda porque su compadre, Juan Vicente Gómez, no le perdonó una traición. Es a este general al que Gómez le informa, unas horas antes de mandarlo a arrestar: “Si la rana salta y se ensarta, la culpa no es de la estaca”.

Chalbaud salió de la prisión al exilio en París. En vez de quedarse quieto y reposando en la Ciudad Luz, se dedicó a organizar un partido y una invasión armada a bordo de una embarcación, con su propio dinero, apoyado por financistas menores y auspiciantes europeos. Chalbaud se puso al frente de la expedición y en los primeros intercambios de disparos cae muerto en combate en la avenida principal de Cumaná.

El escritor José Rafael Pocaterra, a quien habían confiado el cuidado del barco mientras los demás se caían a plomo, cuando supo de la muerte de Delgado y otros cabecillas (Armando Zuloaga Blanco, Emilio Fernández y otros) levantó anclas y se largó hacia el Caribe. A mitad del camino le dio por arrojar por la borda el cuantioso parque de armas y municiones, al parecer presionado por los reclutas sobrevivientes de la incursión; muy buen escritor Pocaterra, pero ese gesto no se lo perdonaron jamás.

Carlos Delgado Chalbaud, hijo del jefe militar de toda la aventura, era seguramente el que mayores razones tenía para estar destruido anímicamente. Ver muerto a su padre en acción, lograr replegarse hasta el barco y emprender camino al exilio; regresar y ser presidente de Venezuela 20 años después de la tragedia; luego, víctima del último magnicidio del que se tiene noticia en este país (1950): eso es una historia, una vida, una trayectoria.

Y ASÍ, MUCHOS MÁS.

Ah, pero falta alguien en todo este ensamblaje de historias cruzadas. Poeta tenía que ser (y bueno, de paso).

EL IMPUNTUAL

La breve batalla de los aventureros del Falke contra las tropas del Gobierno pudo, tuvo que tener un mejor resultado para las fuerzas antigomecistas. Pero ocurrieron varias cosas. Una, que desde la organización de la invasión en París ya Gómez tenía datos e información sobre la sublevación, ya que su embajador en Europa, el tachirense José Ignacio Cárdenas, había infiltrado muy bien al movimiento y le seguía los pasos de cerca. Dos: un financista clave de la operación, un tal Antonio Aranguren, quien se había comprometido a enviar una expedición con refuerzos (tropas), armas y recursos desde República Dominicana, a última (o penúltima) hora arrugó, se echó para atrás, desistió, echó el carro.

El 3 de agosto de 1929, al amanecer, llegan Delgado Chalbaud y sus valientes en el Falke a las costas y, a pesar de venir disminuidos sus pertrechos respecto al plan original, deciden desembarcar y lanzar el ataque. Pero había algo más: ese plan original incluía una invasión por tierra, organizada desde Caigüire y al mando del poeta Pedro Elías Aristeguieta.

Epa, pero poeta de los buenos:
La perpetua inquietud del océano
en sus trombas de amor tiene mi vida:
la lobreguez inmunda del pantano,
el blanco-virgen de las altas cimas.
te, el adorable
llanto del niño que a vivir empieza.
Yo tengo para el malo mis maldades
y tengo para el noble mis noblezas.
Mi vida sabe a mieles y sabe a hiel y tiene:
ternezas y suspiros y vértigos y arrullos.
Y es frágil y sensible y rabia y se retuerce
al peso de veinte años que pesan veinte mundos.

Pudo haber sido solamente poeta y ya eso le iba a garantizar un lugar de honor en la historia del estado Sucre. Pero no, no había forma de que esa sangre se conformara con tan poco: el muchacho era descendiente de Simón Bolívar y del Gran Mariscal Antonio José de Sucre. Conspiró contra Gómez desde bien temprano y, en 1919, tuvo que irse de Venezuela rumbo a Centroamérica. Hasta Nicaragua lo acompañó la fiebre del heroísmo; y he aquí que, en 1927, anda al lado de Gustavo Machado echando unos tiritos al lado de una figura inmensa de la historia de este continente: Augusto César Sandino.

Dos años después se encuentra en París, donde participa en la conformación de la Junta Suprema de la Liberación de Venezuela, organizada por Román Delgado Chalbaud, Santos Domínici, Rufino Blanco Fombona y otros. Ya antes había participado en fetos de organizaciones que planeaban invasiones a Venezuela, algunas desde Estados Unidos, pero esta de París parecía tener mejores auspicios.

En un diario suyo habla de los encuentros y conversaciones que tuvo con Delgado Chalbaud. Dice el 12 de junio, dos meses antes del desembarco: “Entrevista con el doctor Domínici y el general Delgado Chalbaud, quien sostiene que, dentro de seis semanas estaremos cumpliendo nuestro deber.

Acepta Delgado que es indispensable organizar un gobierno civil que lleve al país y asuma ante el extranjero la representación ejecutiva de la revolución. Quiere eso, ofrece apoyar y respetar eso y pide, en cambio de su ejemplar perseverancia y de su ejemplar espíritu de sacrificio, arriesgando lo que tiene y lo que no tiene, situando a un paso de la miseria a su mujer y a sus hijos, que se le designe, si así lo resolviere la mayoría, para director de la guerra. ¿Quién le discute esa aspiración? (…) ¡Qué vergüenza! El material se está preparando con la garantía de las hipotecas de Delgado Chalbaud. Además, empeña los cabellos para hacerle frente a una multitud de gastos chicos y grandes, derivados de la empresa, mueve comisionados, trae oficiales. No hay, sin embargo, un venezolano, ¡uno solo!, que ayude con un franco. Y yo tampoco contribuyo con un franco. ¡Qué vergüenza! Pero yo no tengo un franco. Yo gasté todos mis francos. Me queda un pedazo de vida y voy a darla”.

El Falke llega, entonces, el 10 de agosto a Cumaná. El 11, al amanecer, Delgado verifica que el poeta Pedro Elías Aristeguieta no ha llegado a la cita. Algún grave problema de coordinación se ha producido. El caso es que el jefe militar del Falke decide no esperar por el impuntual y se lanza el ataque en el que dejará la vida.

Pedro Elías y los suyos sí llegaron a Cumana, pero lo hicieron dos días después, el 13 de agosto. Y lo hicieron de manera bravía: lograron tomar la ciudad y controlar la plaza durante varias horas, sometiendo a las fuerzas del Gobierno, cosa que no lograron los generales y veteranos del Falke.

Gómez mandó una escuadra de aviones desde Aragua, en lo que fue la primera intervención de la aviación venezolana en una acción bélica, aunque los pájaros de hierro se limitaron a sobrevolar la ciudad. Los rebeldes no lograron mantenerse más tiempo en control de Cumaná y se replegaron. En una de las escaramuzas de ese repliegue Pedro Elías Aristeguieta cae herido de bala y fallece varios días después, en la vía hacia Carúpano.

Llegó tarde a la guerra y ha tardado en propagarse su memoria, su historia por toda Venezuela. Algo estamos intentando para corregirlo.