ÉPALE256-CIPRIANO CASTRO

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos. Eso fue Cipriano Castro y su restauración, aunque muchos lo califiquen de ser un tirano o un déspota cegado de poder. En su defensa, debo decir que durante su mandato el único fusilamiento que se realizó fue el de un gran amigo suyo, el general Antonio Paredes, quien había aprovechado una ausencia de Castro para invadir al país. Suena terrible, sí, pero se dice que la orden de fusilamiento fue dada por el general Castro bajo los efectos de los sedantes que le ayudaban a sobrellevar un grave padecimiento urinario que amenazaba su vida en ese momento.

En su primera juventud se perfilaba orgullosamente como el que algún día llegaría ser el cura de la familia, gracias a sus estudios en un seminario de Pamplona, pero le fue imposible dedicarse atentamente a la Teología, dada su pasión por la política. Estando en Colombia estudió los postulados del movimiento liberal que se desarrollaba por allá, en aquellos años, y de regreso a San Cristóbal organizó un movimiento que, junto a Juan Vicente Gómez y otros compañeros de ideas, logró derrocar el gobierno de Ignacio Andrade y tomar las riendas del país en una época de enorme endeudamiento, enfermedad y miseria.

Pronto se dio cuenta Castro de que ese gran territorio que había quedado bajo sus órdenes no era más que una inmensa factoría. El capital extranjero hacía estragos por todo el espacio, llevándose nuestros más preciados recursos. Identificó entonces la necesidad de crear una escuela militar en Venezuela, y así hizo. Hizo bien: más tarde, cuando los banqueros le dieron la espalda como consecuencia de su decisión de expulsar de Venezuela a las trasnacionales, cuya actividad empobrecía a la nación, y se gestó la Revolución Libertadora (aquella en la que se aliaron banqueros, caudillos y capital extranjero en contra de los intereses de Venezuela), fue necesario un enorme esfuerzo militar para poner orden en el país y fueron miles de vidas las que tuvieron que sacrificarse por hacer realidad las ideas de soberanía de Cipriano Castro.

Su estado de salud se mostró precario en varias ocasiones durante su mandato, pero esto no le restó ánimos a su deseo de contradecir los intereses imperialistas de los Estados Unidos o de ponerle freno a la comodidad con que Holanda, Francia y otros países se habían apoltronado en nuestro país con fines extractivistas. En 1902 Alemania e Inglaterra bloquearon las costas venezolanas, y fue gracias a la famosa proclama “Venezuela, la planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria” que hombres y mujeres de todas las regiones acudieron al llamado para defender, incluso con sus vidas, a la nación.

Una de sus recaídas de salud fue la oportunidad para que el general Gómez tomara el poder y diera inicio a casi tres décadas de verdadera tiranía. Cipriano Castro murió en el exilio, en 1924, con la tristeza de no haber visto a su país emerger hacia la prosperidad que deseaba.

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