ÉPALE283-CCS MONTE Y CULEBRA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUEI / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

En los años 70 Colombia comenzó a internarse, de pecho y sin frenos, en un período de convulsión política y social que repotenciaba al que dos décadas antes (y un poco más) había detonado el Bogotazo. Al mismo tiempo, comenzaba lo que los estudiosos del tema de la droga llaman el boom marimbero: el cultivo y distribución de la marihuana comenzó a significar para muchos una opción para paliar la miseria, pero también significó la criminalización de miles de agricultores pobres.

De esa época data una de las movilizaciones demográficas más intensas de colombianos hacia Venezuela, y posiblemente también uno de los más lamentables momentos de xenofobia anticolombiana entre nosotros. Muchas mujeres pobres vinieron en busca de las mejoras que prometían un bolívar sólido y un presidente tan procolombiano que ahora mismo es muy difícil asegurar que nació aquí; es fama que miles de ellas solo consiguieron subemplearse como domésticas o como camareras. A todos, sin excepción, les cayó sin compasión el estigma: los venezolanos se ofendían cuando los llamaban colombianos, porque en el habla común “colombiano” era sinónimo de “ladrón”, y colombiana sinónimo de “puta”. Así de triste y así de injusta fue esa época.

A cambio de la amargura, los colombianos nos inundaron con mucho de las alegrías patrias que se trajeron en el equipaje. Y nada fue mejor que la música de ellos para enseñarnos una nueva forma de estar contentos. Una década antes su ingenio creador había producido una fábrica de músicos y juglares llamada Los Corraleros de Majagual: un conjunto de música inclasificable (acordeón, trombones, saxos, tambores…) con un reguero de porro, cumbia, vallenato y guaracha que desde el propio nombre les producía náuseas a las clases medias y altas, pero que entró con furor en los estratos más pobres hasta convertirse en fenómeno cultural perdurable. Todavía hoy, cuando alguien lo suficientemente humilde, sensible y de buen humor escucha en la calle a Los Corraleros no puede evitar olvidarse, por un momento, de los problemas y sonreír: esas canciones de hace 50 años tienen un efecto terapéutico del carajo.

Del grupo salieron cantantes y músicos de renombre: Alfredo Gutiérrez, Fruko (devenido después en salsero fundamental de Colombia), Julio Erazo, Lisandro Meza, Calixto Ochoa. El tono y la temática de las canciones de Los Corraleros de Majagual son, esencialmente, una eterna jodedera. El jodedor mayor entre sus cantantes y compositores es, sin ninguna duda, Eliseo Herrera; sírvanse escucharlo en La manzana, La yerbita y El vampiro. En las dos primeras, la temática sexual explícita o insinuada queda bellamente aderezada con el estilo vocal relampagueante de Eliseo, a quien hay que oír como debe ser: no solo mientras interpreta la letra sino cuando encaja aquellos gritos y giros improvisados, de los cuales el más famoso e inconfundible es aquel Nos juimooo

Después de Los Corraleros los nacidos en el Occidente, y luego todo el país, nos llenamos de Pastor López, Nelson Henríquez y el Super Combo Los Tropicales. Ya todo el mundo sabe que viajar puede ser muy sabroso, pero sin esos ingredientes la carretera y nuestra herencia musical están incompletas.

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