ÉPALE295-ÁNGEL MÉNDEZ-EL MAESTRO

En la sala de redacción de El Universal

POR MERCEDES SANZ • @JAZZMERCEDES / FOTOGRAFÍA ARCHIVO ÁNGEL MÉNDEZ

No me dejaba de impresionar el “paso lunar” de aquel muchacho sobre el piano en la película Colegio de verano. Unos dicen que era Fernando Alcaraz, otros que se trata de Tommy “Alambritos” López; mientras que José Luis Ramírez Malagón afirmó que es él en una entrevista. Lo cierto es que entra Tin Tan al apartamento con unos jóvenes. Hay unas chicas ensayando un baile de rock and roll y uno de ellos se queda moviendo bárbaramente el esqueleto. Entre sus pasos hace el famoso moonwalk: deslizando hacia atrás un pie tras otro.

¡Es que ese carajo era un fenómeno! Todos esos pasos los sacó de bailarines de tap, que si Fred Astaire, después James Brown, y los actualizó. Eso fue lo que él hizo”, me dice mientras seguimos viendo videos de los años 40 y 50 sobre bailarines que influyeron sobre el “rey del pop”.

Entre videoclips de Bill Bailey, Resortes y otros recordábamos al célebre cantante, a quien Ángel Méndez admiraba. Pasábamos un buen rato viendo imágenes en su computadora (en su oficina de YVKE, donde están los LP), oyendo música o hablando sobre algún concierto, músico. Eso sí, siempre me echaba un cuento.

Porque Ángel era como esos viejitos que se saben un montón de historias, gracias a la experiencia acumulada. Muchas fueron mis visitas de consulta, hasta para preguntarle: ¿Qué escribo para Épale CCS?. Hazte el piano en la salsa. Hmm. Pero, en poco espacio, ¿crees que me pueda salir algo bueno?. ¡Claro!, haz eso.

Mi amigo, ¿qué puedo escribir sobre música y Carnaval?. Haz las orquestas que venían en los años 50, 60. Oye, pero ese tema me va a quitar tiempo, no sé. Mira, entrevista a Chuchito, Alberto Naranjo, Aníbal Abreu y Al Ramos. Aquí tienes los números.

Así era Ángel: enfático; y yo lo asumía como una tarea. Hasta me prestaba libros para que hiciera bien el trabajo. ¡Ah!, y me regaló un texto de la autoría del cubano Leonardo Acosta. Por eso también creo que soy parte de esa nueva generación de discípulos que está revisando el pasado de la música caribeña y popular.

Después de escuchar esto, ¿yo no sé qué coño puede sentir uno por un reguetón?, me dijo con una mirada pícara, llena de ironía, porque Ángel hablaba con los ojos. Eso pasó una vez mientras oíamos tangos, otra de sus debilidades. De hecho, estaba poniendo este género en Swing Latino, en radio.

A Ángel lo conocí en El Universal, junto a Fernando Sánchez, por allá en los 90, donde trabajamos. Era una estudiante de la UCV. Luego me entero que había fundado la conocida revista y comencé a seguirle la pista, hasta que supe que estaba en Ciudad CCS (por la plaza Bolívar) y lo visitaba. Después, nos tropezamos en el edificio de YVKE Mundial. Lo tenía al lado.

Serían cosas del destino, que siempre me ponía a Ángel en mi camino. Era un tipo con muchos proyectos, muy activo, más que cualquier joven. Una vez me dijo que quería hacer talleres en la radio para formar cronistas de la salsa. ¡Vaya que hacen falta! Y más cuando se nos ha ido tanta gente valiosa en este mundo musical. El mejor homenaje es continuar ese legado: investigar y crear. Por eso, y más, Ángel es vida. ¡Gracias, maestro!

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