POR MALÚ RENGIFO /@MALURENGIFO

Ilustraciòn-RecetarioHace varias semanas una joven pelabola consiguió un paquete de compotas a precio regulado y lo hizo suyo en un impulso consumista irracional. No se arrepiente: luego de haberse chupado del dedo índice hasta el último mililitro de compota del último de todos los frasquitos, se dio cuenta de que el tesoro de aquel acontecimiento no radicaba en la sabrosura de los tres litros de colado de frutas con sabor a manzana que ya se habían acabado, sino en algo más útil y duradero: los envases.

“Todo está caro, mami”, le responde el pana de los alquilaítos a cualquier pelabola que se atreva a cometer la osadía de quejarse por el precio de un chocolate o de una chuchería ramplona (ellos calculan todo por regla de tres: si el minuto de llamada está a 10 bolívares, las chucherías valdrán su equivalente en el tiempo que te tardes en consumirla, de ahí que un caramelo cualquiera cuesta ya 10 bolos). Y es verdad: todo está caro, al punto que el pelabola está esperando los aguinaldos para comprar el topergüer del año que viene, porque el de este ya se le rompió. Por fortuna, había comprado las compotas y ahora se lleva el almuerzo pa’l trabajo en frasquitos por separado: dos frasquitos pa’l arroz, uno para la ensalada, uno para el plátano sancochado —que mete en el frasquito espaturrado pa’ que quepa— y uno para el bistecito, el que guarda picadito.

Como al bolsito de la comida le cabe hasta un sexto frasquito, el pelabola se da el lujo de, incluso, llevar postre (ya dijimos que las chucherías andan por las nubes, hay que solucionar) y elige como merienda para ese día una imitación de majarete que inventó, de fácil preparación, y que se hace así:

Usted va a agarrar dos tazas de leche y las va a licuar con dos cucharadas de harina de maíz, dos de maicena, dos de coco rallado y cuatro de azúcar. Le agregará una pizquita de sal y un chorrito de vainilla. Luego, lo cocina a fuego lento revolviendo hasta que espese todo y, al final, el resultado lo va a poner en sus frasquitos de compota (rinde para seis porciones), le coloca encima media cucharadita de canela, dos pasitas y los mete en la nevera, que friítos son más sabrosos.

Cuando ya se haga un experto en majarete pirata, se podrá aventurar en el negocio de la venta de postres caseros y reciclaje de envases. Como en la loncherita le caben seis frascos de majarete, lléveselos a su trabajo, ofrézcalos a un precio razonable y guarde las ganancias para cuando se le acaben los frasquitos de vidrio y pueda adquirir un topergüer (léase un pote cualquiera comprado en una quincallería china).

De este modo los aguinaldos quedarán intactos y usted podrá llevar su almuerzo para el trabajo bien contento, recordando el tintinear de la alegría o el de los frasquitos de compota, que son igualitos.

ÉPALE 151

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