ÉPALE315-RECETARIO DE MALÚ

POR MALÚ RENGIFO •@MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN TATUN GOIS

El estado Trujillo es una de las zonas del país que más necesidades económicas ha debido superar. El pueblo trujillano, sin embargo, no ha caído jamás en la derrota. Revolucionario y noble como el que más, ha puesto a andar la imaginación y ha resuelto las comidas, dando lugar a un inventario amplio de recetas sabrosas y facilitas que, además, aplican perfectamente para incluir en este, nuestro espacio de ideas para sobrevivir a las vacas flacas.

Un asalariado como usted y como yo es, con frecuencia, una persona gregaria. Tenemos amigos o familiares que pasan por nuestras casas para echar la conversa, acompañarnos un rato y saber cómo van las cosas por ahí. Eso es lo que se llama “visitar”, y es una costumbre bonita que aquí en Caracas parece estar perdiéndose, pero aún se da, en ocasiones.

DONDE COME UNO COMEN DOS

Entonces, pasa que a veces uno le convida a la visita alguna modesta merienda. Otras veces la visita llega con algo para compartir. Pero cuando esto último no sucede y la nevera está vacía, se tiene que poner a andar la inventiva para preparar, con lo que haya, algo que alcance para todos los presentes. De una situación como esa surgió, en algún remoto día de nuestra historia, el mojito trujillano.

Para hacer el mojito trujillano, lo primero que debe hacer el pelabola es identificar los aliñitos que le quedan en la nevera. Algunos recetarios hablan de usar cebollín, ají dulce y ají picante, pero esos recetarios no saben nada de pelazones de bola, así que coja usted lo que tenga (ajíes, cebollín, ramas, cebolla, tomates, pimentones, ajoporros; incluso berenjenas, calabacines o casi lo que sea que encuentre) y, si a usted le parece que le va a quedar bueno a la receta, écheselo, que eso hace bulto.

Entonces, esos aliños los va a sofreír y, de forma simultánea, pondrá una (o más, si tiene) tacita de leche a calentar en una ollita pendiente de que no se le queme el sofrito hasta que esté a punto de ebullir. Entonces, ya casi hirviendo, la apagará y le agregará un huevito crudo por cada taza de leche que utilizó (o por cada dos, porque los huevos ahora parece que los pone la famosa gallina esa, la de las fábulas, la que se parece a Midas).

Revuelva constante y suavemente para mezclar bien y para que la yema se cocine con el calor remanente de la leche.

La mezcla se pondrá un poquito espesa. Entonces podrá agregar los aliños a la misma y sazonar con sal y pimienta a su gusto.

Tal como se hace en Trujillo, la idea es que ponga usted el mojito en un platico hondo (uno solo para no ensuciar más, que el lavaplatos tampoco lo regalan) y tenga usted a la mano unas arepitas de maíz pelado (aunque también pueden ser de harina de maíz de procedencia industrial, pero esas no son tan ricas) para que, remojando los pedacitos de arepa en el mojo, usted y sus visitantes merienden y echen la conversa hasta que se acabe la arepa, el mojo o todas las anteriores.

Si no hay arepas puede comérselo con pan.

ÉPALE 315

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