El monstruo de Wuhan

Por Ketsy Medina / Ilustración Erasmo Sánchez

Las calles quedaron desoladas, millones de personas, de manera simultánea y en diversos continentes, permanecieron en sus casas como medida preventiva, era la primera vez que el mundo globalizado e interconectado al cual pertenecemos, experimentaba una pandemia a esta escala.

Para el 25 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportaba unos 414.179 casos acumulados, de los cuales 18.440 personas habían resultado en víctimas fatales de un enemigo común, el covid-19.

Especialistas en áreas de la salud, resaltaron que la tasa de mortalidad de este betacoronavirus, 4,3%, era la tasa de mortalidad más baja si la comparábamos con sus primos el sars-cov (síndrome respiratorio agudo desatado en China durante 2002) o el mers-cov (síndrome respiratorio agudo desatado en el Oriente Medio durante 2012).

Sin embargo, ni en el primer epicentro ocurrido en China, específicamente en la ciudad de Wuham, ni en su segundo epicentro, desplazado al centro de los Estados Unidos de América (EEUU), esta estadística disminuyó los nervios planetarios generados a humanos y humanas.

En Italia la incompetencia y negligencia del Estado recordó una manera de hacer política enraizada en corrientes de pensamiento fascista, que terminó resultando en la muerte de más de 6.500 personas en menos de un mes, los países que le siguieron el paso en Europa fueron  España y Alemania.

En el continente americano EEUU y Brasil encabezan la lista al reportar los mayores casos de personas contagiadas y muertas a causa del coronavirus. Los Gobiernos de estos países dilataron el cumplimiento de las medidas de prevención y control de la pandemia, ahora vemos los resultados.

Dicen que el responsable de esta desgracia es un pequeño monstruo mitad ave, mitad mamífero, de dientecillos afilados y color oscuro, que en un momento comenzó a ser comercializado y explotado como nunca antes, dicen que la movilización ininterrumpida de humanos y bienes en un mundo global potencia epidemias de este tipo.

Hasta ahora han surgido más versiones y vivimos entre mitos, cada quien ha decidido creer en aquélla que más le satisfaga, en las que se incluyen las que responsabilizan a laboratorios por haber creado esta arma biológica de destrucción masiva.

El mito sigue en pleno desarrollo, mientras el planeta gira y las potencias planifican estocadas, quién sabe lo que contaremos la semana que viene, por ahora sigamos tejiendo redes de solidaridad que son las que nos ayudarán, como lo han hecho hasta ahora a superar todas las dificultades.

ÉPALE 366

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