El Municipal se defiende solo

Publicado en Épale N°  el 26 de enero de 2014

Por Mercedes Chacín / Fotografía Ambrosio Plaza

Manuel Álvarez salió de Galicia, España,en 1962 y en 1974 montó el restaurante El Municipal. Detrás del Teatro Municipal, en pleno centro de Caracas, puede comerse una trucha a la alcaparra, con la que me pasó lo que siempre me pasa con los peces de agua dulce: creo que encontraré un pescado desabrido y siempre me quedo corta con lo bueno que sabe al paladar. Los pescadores de agua salada han extendido la máxima según la cual “los peces de mar tiene mejor gusto”. La truchita tenía buen tamaño, buen sabor y la salsita de alcaparra me devolvió a la reciente época navideña.

La decoración de El Municipal es típica de las tascas y restaurantes españoles de Caracas. Madera, vidrios, espejos, divisiones también con madera, amplia barra donde siempre veo comer a hombres solitarios, de espalda al mundo y de frente a la barra.

A las fotos de ciudades españolas, también usuales, se les suma una buena muestra de armería traída de la región de Toledo, España, en barco, en una maleta, según nos contó Mario.

A diferencia de otros restaurantes de estos lados del centro, más allá de La Candelaria, tienen una carta de vinos que el año pasado tenía unos precios bastantes justos pero que ya no aguantan el escrutinio de ningún bolsillo.

¿Las especialidades de la casa? Cocido gallego los miércoles, ese plato que es muy feo a la vista pero que dicen que es muy bueno (les con_ eso que dudo en probarlo), y lechón al horno los jueves.

También tienen peces de mar, además de las truchitas. Mero, carite, curvita y pargo son asiduos en su carta. Al ajillo, frito, a la plancha, al gusto, como se dice, son pescaditos que bien merecen una pasadita por allá si gusta de las “delicias del mar”.

De la atención extrañamos a Mario, que todo el año pasado supo qué recomendar, qué decir, qué comentario hacer, qué mesa es mejor para ver un juego de fútbol (un día casi nos obligó a ver un juego que presumo que le interesaba a él), pero que ya no se cuenta entre los mesoneros del restaurante El Municipal. No es fácil encontrar un lugar donde la atención sea, más allá de un trabajo, eso que llaman vocación. Los cafés negros “envenenados” formaban parte de esa “vocación” de Mario. Se fue porque estaba “cansado”. Y le creemos.

Ese día comimos cuatro pichones y una pichona y dos pidieron un mero poche, que es sencillamente un sancocho de mero, generoso en porciones, del que comieron tres que quedaron con el corazón contento.

El Municipal abre de lunes a domingo y tiene, también, entre sus especialidades la paella, el fideuá y el asopado. Cuenta con una clientela afianzada, son casi 40 años de experiencia. El restaurante se defiende solo.

Resumen: buena comida, buena atención y precios poco amables con los bolsillos.

ÉPALE 382