POR FREDDY FERNÁNDEZ @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE282-DIOSLo recuerdo mal o los responsables de administrarlo han encontrado formas más precisas de enunciar el Segundo Mandamiento: “No tomarás el nombre de Dios en vano”. En mi memoria está más como “No usarás el nombre de Dios en vano”. Tengo presente el amoroso esfuerzo de mi abuela para que sus nietos conociéramos y respetáramos los preceptos. No cabe dudar de su firme creencia en el decálogo, pero siempre sospeché que su enseñanza tenía el doble propósito de hacernos mejores y de facilitarle el manejo del rebaño de nietos. En el ámbito de una sociedad, la aceptación y la convicción compartida de que existe un solo dios omnipotente y omnisciente establece ya una relación que tiene como base el respeto al ser supremo. Si aceptamos, además, que hay personas o instituciones responsables de administrar tal convicción, nos encontramos frente al enorme poder de quienes tienen la autoridad de hablar en el nombre de Dios, y de la existencia de tal poder han surgido algunas de las peores cosas de la Historia.

En el nombre de Dios se han realizado muchas masacres. La esclavitud y la guerra de sometimiento y conquista contra los pueblos originarios se hicieron, supuestamente, amparados en la voluntad de Dios. No sabemos de cuántas guerras, envenenamientos, asesinatos y destierros se forjó el poder de antiguos monarcas que no dudaron en asegurar que su trono era obra de “la voluntad de Dios”. La sentencia “In God we trust”, impresa en los dólares, parece una burla del poder que la sustenta, poder que ha boicoteado, cercado, invadido y bombardeado a todas las naciones que no quieran arrodillarse frente a su moneda. Su accionar desmiente que confíen en Dios. Su confianza está más en las armas nucleares, los misiles, los aviones y los barcos de guerra. La Historia nos muestra que justificar crímenes en el nombre de Dios o del bien logra sumar, confundir o paralizar a muchos quienes, de alguna forma, terminan siendo cómplices de esos crímenes. Aunque soy muy ateo creo que, en efecto, lo que consideramos sagrado no debería ser invocado para justificar acciones que, de antemano, sabemos que son criminales. Dios, derechos humanos ni democracia deberían servir de estandarte a quien miente para obtener privilegios.

Esa es mi forma de entender el Segundo Mandamiento en nuestros días: “Lo sagrado no puede ser prostituido”. Basta de justificar el asesinato de millones de personas porque, supuestamente, no se había respetado los derechos de 200, 300 o 10.000 personas. Con todo, me mantengo cómplice con la respuesta de Maradona después de marcar el famoso gol ante Inglaterra en el Mundial de 1986, cuando dijo que sería “la mano de Dios” la responsable de la anotación.

ÉPALE 282

Artículos Relacionados