ÉPALE 227 LIBREMENTE

POR MIGUEL POSANI • @MPOSANI / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Una de las emociones más perniciosas y destructivas que posee el ser humano sin duda es el odio.

Fíjate que no existe en los animales, sólo nosotros somos los portadores de esta emoción.

El odio es un sentimiento intenso y profundo que altera cualquier pensamiento racional, cualquier tipo de mediación con la realidad y con los demás, llevándonos en segundos a los más bárbaros niveles de reacción y respuesta.

Cuando me domina el odio, se liberan hormonas y sustancias como adrenalina, cortisol y prolactina; y mientras más tiempo se secretan en el organismo, más daño sufre el sistema inmunológico. Pero no solamente esto, sino que te vuelves adicto a sentirte así.

Y esto se hace más acentuado cuando se le suma una actitud narcisista y egoísta totalmente infantil.

Desgraciadamente muchas personas no han interiorizado una educación sentimental y no están preparadas para mediar con emociones tan fuertes. Cuando somos dominados por el odio, no hay razones, no hay posibilidad de diálogo ni de reflexión, simplemente se desata la violencia, hacia el otro, en la familia, en la calle, donde sea.

Muchos son los casos en donde la persona, luego del episodio de odio y violencia, se pregunta: ¿cómo pude llegar a esto?, ¡este no fui yo!, pero ya es demasiado tarde.

Una característica de las personas con psicopatías y los criminales es la de no mediar ni contenerse en sus reacciones pasando al acto violento, sea verbal o físico, en donde se trata de anular al otro de forma total.

El ejemplo de la mujer golpeada por el marido que se ha vuelto objeto de las frustraciones de él es el más sencillo.

También podemos plantear que detrás del odio existe dolor y frustración al no cumplirse expectativas, y si a esto se suma una personalidad que no se ha ejercitado en mediar con sus emociones y que además tiene una visión infantil de las relaciones y del mundo, entonces la receta está hecha para que nuestra mente y nuestro cuerpo se vuelvan un “coctel molotov” que cualquier situación enciende y hace explotar sin darse cuenta de las consecuencia para uno mismo y los demás.


EJERCICIO

Aparece el milenario consejo “cuenta hasta diez”, aléjate de la situación que sientes que genera esa emoción en ti, pon música, localiza qué te hace sentir esa emoción destructiva y respira profundo. Aprende a mediar con la emociones, no porque te haya sucedido debes seguir repitiendo.

Y date cuenta de que no eres un niño herido en una tienda de juguetes con derecho a hacer lo que te dé la gana, comienza a respetarte a ti respetando al otro y a los demás.

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