POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE269-FILO Y BORDEEn la jerga de los periodistas venezolanos un “tigre” es un trabajo extra, eventual, distinto a la relación laboral permanente. Un tigre es un ingreso extra. A veces es labor de una ocasión, pero puede ocurrir que abarque períodos más largos o llegar a alcanzar ciertos visos de permanencia. Puede ser un gran tigre o solo un “tigrito”. Siempre es una buena noticia tener que “matar un tigre”. Ha habido momentos cuando alguien se ha sorprendido con el descubrimiento de que el tigre devoró su empleo. El trabajo eventual se ha tomado toda la energía, paga mejor y es más atractivo que la relación laboral estable.

En la Venezuela de este instante, víctima de una economía atacada y deformada desde afuera y saboteada desde adentro, se ha conformado una situación de locura en la que los venezolanos debemos enfrentar precios desmesuradamente millonarios, ajenos a cualquier realidad salarial, mientras que para los extranjeros todo el país les resulta regalado, al menos con las tasas ilegales de cambio de divisas. Con el tipo de cambio ilegal, les puede resultar más barato comprar en Caracas el teléfono celular de moda que hacerlo en su propio país.

La presión de esta situación, entre otras consecuencias, produce dos líneas de desahogo hacia afuera. Una implica irse del país para tratar de encontrar mejores situaciones salariales y otra encuentra en la red una vasta selva para buscar tigres que matar, que sirvan para multiplicar los ingresos al vender en el mercado negro las pocas divisas obtenidas.

No sé si abundan, pero en la red existen aprovechadores de la miseria que pescan talentos dispuestos a matar tigres por casi nada. En estos momentos muchos profesionales venezolanos están dispuestos a morder sus anzuelos. Periodistas, informáticos, estadísticos, traductores y editores audiovisuales son algunos de los más buscados.

Un desarrollo que podría costar dos o tres mil dólares, puede ser resuelto por un programador venezolano, desde Venezuela, con un tigre de apenas 25 o 50 dólares. Las oficinas de informática de las empresas y de las instituciones venezolanas se vacían por estas razones. El tema, aunque nadie quiera percatarse de ello, es ya un asunto de Estado. Una empresa del Estado capaz de investigar, desarrollar, exportar, brindar servicio y pagar muy bien, podría frenar este drenaje.

No faltan paradojas en este tema. Cinco euros no representan casi nada para quien se los gane viviendo en Europa y son una fortuna para quien los perciba en Venezuela. Quién puede determinar si en sus garras hay sangre. Tomo este célebre título de Jorge Luis Borges, para decir que el tigre no morirá, su oro está hecho de la miseria de otros lugares.

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