El padre de todos nosotros

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

Hace un tiempo un grupo de amigos y amigas estábamos bebiendo unas cervezas frías en un lugar espantoso. Estábamos felices de estar allí: el afecto vale mucho más que cualquier decorado.

Un pana se preguntó a santo de qué el mundo entero celebraba, admiraba, y propagaba a Nelson Mandela como héroe, mientras que otros revolucionarios africanos eran ignorados, incluso satanizados por los mismos entes. Una amiga dijo que Mandela era el abanderado de los derechos humanos y que eso, amén de ser completamente legítimo y necesario, no ponía en peligro ni la propiedad privada ni las jugadas imperialistas. Más bien los derechos humanos se han convertido en una buena arma con la cual acusar y hostigar a cualquier país o Gobierno que no esté alineado con los intereses del gran capital.

Cuando uno observa toda la propaganda, todo el márquetin sobre los derechos humanos comienza a sospechar que la amiga tiene toda la razón del mundo.

El sábado el TET (Taller Experimental de Teatro) presentó una función de la obra El padre de todos nosotros, del dramaturgo español David Desola, dirigida por Guillermo Díaz Yuma. Como siempre, un buen montaje, limpio, acertado. Las actuaciones están bien, con los inevitables desniveles de todo montaje. Destaca Silvia Gouverneur, quien presenta al personaje un tanto caricaturesco, con aplomo y estableciendo mucha coherencia entre intencionalidad, recursos técnicos y expresividad. La pieza es divertida siempre: al principio, llena de humor, que lleva al público a la hilaridad; luego, se pone taciturna, con tendencia al melodrama, pero sin pasarse de la raya.

Lo que desencadena el drama es una sospecha, bastante fundada, de un abuso sexual a una de las mujeres, cuando era una niña, por parte del hermano mayor. La duda, mal defendida por el sospechoso, no se aclara, pero igual queda execrado de la familia. No pude evitar el recuerdo de todo el ruido que hay en Hollywood con el tema del abuso sexual, ruido que se ha venido propagando y se ha convertido en una jornada mundial.

Los derechos humanos, el reconocimiento a Mandela, esta lucha contra el abuso sexual tienen mucha razón de ser. Siempre condenaremos cualquier iniquidad. Lo que extraña es quién impulsa la cruzada. Ojalá no sea una alharaca de moda y luego pase al olvido.

Sería fantástico que se inicien campañas similares contra el abuso a los países, el atentado a las soberanías, el inmenso dineral que pudiera solventar el hambre en el mundo y que se gasta en armas, el espantoso desequilibrio económico en el planeta, la masacre a los palestinos. Digo, también son cosas por las que, tal vez, valdría la pena luchar.

ÉPALE 357