ÉPALE298-LIBREMENTE

POR MIGUEL POSANI  •@MPOSANI / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Según Freud, en los primeros años de vida de los niños las pulsiones del organismo que se traducen en excitación se dirigen hacia cualquier objeto que pueda proporcionar placer, a través de fuentes muy diversas.

Esta pulsión no se limita a los genitales: todas las partes del cuerpo son susceptibles de recibir gratificación. Y esto, después, se extiende a lo que es externo a nosotros

Pero más allá de que esta teoría freudiana sea verdadera o no, es bueno darnos cuenta que esta “perversión polimórfica” que se da en los niños pequeños también existe en el contexto de las relaciones de poder sociales y políticas.

El poder excita, y ejercerlo también.

Así, vemos que el político se va acostumbrando a las “mieles del poder”: privilegios, prebendas, halagos, miradas aprobatorias y condescendientes de los demás, gestos de sumisión, sexo, etcétera; o, en un ejercicio más abierto de poder, cuando se complace en decidir y modificar la suerte de personas y situaciones.

Todo esto resulta excitante y, muchas veces, se convierte en una droga.

En este contexto, los políticos se van volviendo polimorfos: su excitación se expande y se profundiza porque en toda perversión existe un núcleo de excitación. Esta excitación de base se va ampliando a cualquier objeto animado o inanimado: una persona, un zapato, una corbata, un uniforme; o bien a relaciones de sumisión, reconocimiento o adulación, cercanas a las relaciones sadomasoquistas de dominio y control que tanto excitan a los “sadomasos”. Demostrar y ejercer poder es muy fálico.

Se torna natural estar en un constante estado de excitación en sus decisiones y a requerir, como un adicto a la cocaína, situaciones más intensas que lo exciten, en una práctica constante de aplicación y reconocimiento de su poder.

Las perversiones, entre las cuales podemos nombrar el fetichismo, la pedofilia, el exhibicionismo, el sadomasoquismo y el voyerismo, se concentran y transmutan en el ejercicio de la política.

La estrella de la TV se confunde con el funcionario y el político y se reproducen en una mezcla de contenidos simbólicos. Se vuelven imanes de contenido, y eso excita.

Sucede entonces que los primitivos objetos infantiles de deseo, así como las tendencias parciales abandonadas en nuestro inconsciente, cuando entran en la relación constante con el ejercicio del poder y no tienen freno ni mediación por una consciencia reflexiva van emergiendo y, combinadas con impulsos a veces irrefrenables, van tejiendo una cotidianidad excitante para el político, llena de muchos momentos de excitación.

El político perverso polimorfo expuesto a las radiaciones del poder se libera en sus múltiples caras de dominio, control, narcisismo, negación, satisfacción, excitación, simbiosis, figuración, idolatría, representación; todas relaciones-conceptos de las cuales se nutre la vivencia del perverso polimorfo que habita la política como cotidianidad burocrática, carrera profesional o modo de sobrevivencia.

ÉPALE 298

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