ÉPALE260-PICHONES

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

ÉPALE260-PICHONES 1Lo fino es la gente que transmite esperanzas. Es lo que irradia Jean Carlos, supervisor de Café Avellana, en el segundo nivel del Unicentro El Marqués. Abre las puertas como un auténtico anfitrión, pone a disposición a su equipo de muchachas sonrientes, manda a servir el café y te vende hasta la madre, con esa pasión venezolana que seguro ha de ser una marca de identidad mundial, menos aquí.

Su estreno en el mundo barista fue el 15 de septiembre del año pasado, viernes a la 1 de la tarde, nos cuenta Jean Carlos con pasmosa precisión. Las chicas se ríen. Llega una doña pidiendo café en polvo, pero no queda a disposición y llama a un dependiente para que acerque el saco del depósito que llega oloroso a madrugada, a casa de la abuela, a café pues. Le muelen sus granos directos de Paria y la señora se va contenta.

Es un local de diseño, con terraza, de cuatro mesas que funciona también como dulcería criolla, manicería y bodegón. Sus dueños, Romer y Giovanni (ausentes) quebraron con una tienda de bisuterías cuando el centro comercial se vino a pique, según la historia oficial. Pero decidieron comenzar de nuevo. Uno de ellos es de Lídice, el otro no sé de dónde es, pero tienen tabaco en la vejiga y audacia en la sangre. Montaron Avellana, y en ella acogieron a todos los emprendedores que se vieron involucrados en un crédito al microempresario del Banco del Tesoro, por lo que distribuyen productos artesanales como mermeladas y esencias, frutos secos, productos gourmet, chocolates, repostería, etc., que incluso distribuyen por encargo al 0212-2391605.

La especialidad, estamos claros, es el café. El de avellana es demasiado malandro. No se me ocurre otro adjetivo. Una taza ancha barnizada por una cubierta de chocolate y avellanas, con esencia de almendra y café expresso, que si se combina con una marquesa de chocolate tiene un efecto devastador. Los precios son los precios, pero compiten con la “normalidad” avasallante de la inflación. En Instagram están sus señas: @cafeavellana.

Hay café para todos los gustos: el Sofía y el Anabella destacan porque son invenciones autóctonas con los nombres de las hijas de uno de los dueños. Están los clásicos capuchino, latte macchiato, mocaccino, avellana.

ÉPALE260-PICHONES 2Las tortas (tartaletas, marmoleadas, zanahoria, auyama, tiramisú) son todas del día. Me lo jura Jean Carlos y lo acreditan Venessa, María y Meivir. Si sobra, al final de la tarde, se ven obligados a comerse el sobrante. No es una mala chamba. Pero sobra poco, se hacen colas y se abarrota la terraza.

Uno busca aliento hasta debajo de las piedras, por eso le pregunto a Jean Carlos si vale la pena emprender en este país. No he terminado de formular la pregunta cuando lanza un enfático “claro que sí” que se queda prendado en nosotros, desde la estación del Metro La California en adelante.

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