El quiriminduña de los ñeñeres

POR ARGIMIRO SERNA / ILUSTRACIÓN ERASMO SÁNCHEZ

En Venezuela escribimos más personas de las que pudiéramos contarnos, y han escrito tantos otros que podemos pasar años estudiando nuestra historia literaria. Algunos autores no los hemos leído y nos preceden en estilos, temas y líneas de investigación. No soy el único que sentí algo así cuando conocí al narrador conocido por su pseudónimo: César Chirinos.

Nacido en Falcón, se traslada a la ciudad del Sol poniente con el primer puente monumental. Esa de la que todos hemos oído hablar, antes de conocerla, por sus simpáticos y fanfarrones habitantes, por sus platos originales, por ser la primera locación filmada en el país y por su férrea identidad regional; pero no por sus experiencias locales ocultas, sórdidas y sin nombre, que constituyen los ambientes recónditos en una ciudad que, a veces, cometemos el error de definir como provincia.

Su lenguaje tiende al hermetismo sin dejar de mostrar la diversidad de expresiones locales, orales y silvestres. Los personajes pueden ser periodistas involucrados en la vida azarosa de la ciudad. Bares, rocolas, seres lastimados en las zonas populosas de Maracaibo esperando que las nombren. Se aproxima a grandes temas alternando entre reflexiones, narraciones y ensayos. Personajes que parecen imponer su dinámica sobre el narrador mismo. Se nota la influencia surrealista y de escritores como Asturias, Andrés Caicedo, Salvador Garmendia y Juan Ramón Jiménez. En su lenguaje oral el trasfondo psicológico se muestra sin pompa, como crónica relajada que va tomando profundidad. Un atentado contra las costumbres y statu quo. Vidas sin heroicidad, pulsión constante en casi todos los relatos de la idiosincrasia maracaibera.

Chirinos trabajó mucho tiempo en la Universidad del Zulia, de donde iban a despedirlo por el año 1993, justo cuando ganó el premio del Conac. Gracias a este reconocimiento no solo conservó el empleo, sino que terminaría recibiendo en el año 2005 el Doctorado Honoris Causa. La mayor parte de su obra se publica tardíamente, pero cuando aparecen sus primeros trabajos, como Diccionario de los hijos de papá, Buchiplumas, Si muero en la carretera no me pongas flores y, poco después, en el año 1985, la que titula este artículo: El quiriminduña de los ñereñeres, del cual aún no se puede medir su impacto. Según críticos como el profesor Julián Márquez, de sus muchas novelas, gran cantidad de ellas en secreto hasta su vejez, Mezclaje es la cumbre de su estilo narrativo.

Crítico de arte y dramaturgo, ha influido dentro y fuera del país con obras como Traje de etiqueta, llevada a escena por el grupo Sociedad Dramática de Maracaibo. Aunque participó en varios festivales (como el Festival de Guanajuato, México, 1984), ha sido poco difundido aquí; incluso, en la Feria del Libro que le dedicaron en el año 2014, la difusión no satisfizo a sus lectores.

Se ha erigido como referente de una escritura singular y atrevida, que cala en el estilo de los poetas malditos, aunque sin sus emblemáticos suicidio, depresión o alcoholismo autodestructivo. La palabra es un medio de expresión; la vida es para vivirla, como todo maracucho, celebrando el esplendor.

José Ramón Silva Chirinos nació en Falcón el 7 de noviembre de 1935 y dedicó su obra narrativa a mostrarnos los márgenes de una realidad urbana que no es Caracas, con un juego sonoro y rítmico que queda sonando mucho tiempo después de haberlo leído.

ÉPALE 345

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