El rebusque

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen  / Ilustración Erasmo Sánchez

Patricia Ramírez es contadora. Se graduó con honores y ejerce con devoción su carrera en una consultora. Sin embargo, conforme pasa el tiempo, el sueldo cada vez se le ha venido haciendo más pequeño y no cubre sus necesidades personales. No quiere abandonar su trabajo, puesto que le da satisfacciones personales, profesionales y estabilidad; pero debe buscar la manera de poder solventar los gastos. Así fue como un buen día decidió empezar a vender mermeladas, y con ese emprendimiento está empezando creando un pequeño capital. Su marido, Antonio Rojas, ingeniero civil, está en las mismas. Hace su trabajo eficientemente, pero no le alcanza el sueldo. Por eso, decidió ofrecer sus servicios en la cuadra de su casa reparando ascensores, de albañil y maestro constructor, mientras taxea por la zona. Su hija Oriana estudia Comunicación Social  y vende tortas y ponquecitos para pagar los estudios.

Este caso no es el único. La inflación crece y la familia venezolana han tenido que generar nuevos ingresos. Así, han surgido negocios como los servicios delivery en bicicleta de comida y postres, fisioterapia, médicos, e incluso consultores comunicacionales. Hay empresas que aprovechan esta necesidad y ofrecen por internet empleos remotos para que se pueda trabajar desde la casa como community managers, redactores, docentes, teleoperadores, entre otros.

Que una familia pueda vivir de un sueldo parece pertenecer al pasado, al menos mientras se sincera la situación económica. Por eso la creatividad ha sido el estandarte para asumir el reto de poder subsistir en medio de esta desafiante época. Esto nos lleva a reflexionar sobre nuestro compromiso con un solo empleo. Antes podíamos vivir con un solo trabajo, nos bastaba para satisfacer nuestras necesidades. Vivíamos tranquilos y conformes con ese estilo de vida.

La crisis nos ha puesto a repensar nuestra vida y a transformarnos. Ante este escenario, la figura del emprendedor ha venido ganando cada vez más terreno cada vez con más fuerza. Las compañías que venden productos tipo Tupperware dicen que este es el momento para hacer negocios.

El sistema está sufriendo un cambio. La vida que conocíamos ya no es posible. No sólo se vive para estudiar una carrera y morir en un empleo, sino también para ver qué vocaciones nos llenan el espíritu. Saltar al ruedo del mercado a ofrecer nuestros servicios y productos requiere de un empuje, salir de la zona de confort que representa el horario de oficina. Por otra parte, la creación y producción artesanal ofrece una alternativa distinta a la producción en masa. El surgimiento de nuevos negocios apunta a que se genere una nueva economía local con aspiraciones globales.

Muchos temen dar este salto por la comodidad de tener un empleo estable. Una de las razones de no independizarse está en los beneficios de ley que se perciben en un empleo de oficina. La alternativa que muchos toman es asumir un segundo trabajo o “matar tigres”, sin dejar el empleo principal.

Los modos de intercambio de bienes y servicios también ha presentado cambios. El trueque ha venido ganando popularidad, y ya es común que se acepte comida y otros servicios como forma de pago. El hecho de que el dinero esté devaluado le está dando más peso a otras cosas, incluso al valor de nuestro trabajo, lo que genera otras formas de relacionarnos.

Esta nueva oleada ha hecho del rebusque la principal actividad económica de la mayoría de los venezolanos. Todo apunta a que una nueva economía independiente marcará, de aquí en adelante, nuestros patrones de producción y consumo.

ÉPALE 376

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