ÉPALE 237 CRÍTICA Y MEDIA

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

 

Arturo Ui es un gánster que comienza a ascender a punta de traiciones, mentiras, asesinatos y mucha crueldad disimulada con buenos deseos para con la ciudad. Bertolt Brecht, desde el título, nos advierte que a estos personajes se les puede impedir el ascenso, pero que si no se hace a tiempo se desata algo así como la Segunda Guerra Mundial.

Esta pieza tiene la grandeza de contarnos dos historias de manera simultánea: Ui es un gánster de Chicago y, al mismo tiempo, es Adolfo Hitler. Los sucesos que estructuran la historia son reales, aunque distanciados de su contexto geográfico; igualmente los personajes de la obra tienen su paralelo en la creciente Alemania nazi.

El resistible ascenso de Arturo Ui es una pieza que, a pesar de los 76 años transcurridos desde que fue escrita, sigue teniendo una vigencia que uno no sabe si celebrar por la genialidad del autor o lamentar por la estupidez humana.

Esta pieza nos viene a la memoria dados los acontecimientos recientes en Venezuela: la violencia generada sistemáticamente, contabilizada, celebrada y presentada como si cada muerte, cada hecho de destrucción es un paso más hacia la ascensión al poder. Al igual que Arturo Ui, son la fusión impecable del gánster y el fascista.

En nombre del bien común, en nombre de rescatar la democracia, la libertad, respetar la Constitución, cometen todo tipo de actos delictivos, desde saltarse las normas más simples hasta el asesinato cruel. Se valen de las libertades democráticas para convertir a la Constitución en su piñata y su excusa para adueñarse del poder.

Los personajes brechtianos de esta obra parecen inspirados en esta terrible derecha criolla. La escrupulosidad, la cara de asco, el rostro de dignidad ofendida con la que la troupe de delincuentes políticos suele enmascararse a la hora de gritar fraude porque no se abren todas las cajas electorales del país, porque una mesa de Chabasquén cerró media hora después de lo acordado o porque vieron a una señora haciéndole señas a un viejito para que cambiara su voto; esa cara, digo, se vuelve de piedra cuando queman las actas, cuando le suben 50.000 votos a un estado como si nada, cuando no hay escrutinios en mesa y cantan la cifra de siete millones y medio de firmas de una consulta írrita, en menos de siete horas.  Esa mala pantomima es la excusa para volver a impulsar su golpe de Estado.

Brecht tendría que volver a escribir su genial obra porque el descaro de estos gánsteres no tiene nombre, aunque las consecuencias de ese resistible ascenso sí que lo tiene.

 

ÉPALE 237

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