ÉPALE283-PARRANDA DE SAN PEDRO

CADA 29 DE JUNIO, EN GUARENAS Y GUATIRE (Y EN SARRÍA), AGASAJAN AL SAN PEDRO CON UNA FIESTA DEVOCIONAL QUE NOS HABLA DEL ARRAIGO. EN EL BARRIO 23 DE ENERO DE GUATIRE LO ASUMEN COMO PROPIO Y DEFIENDEN SU CICLO TEMPORAL: SON 60 AÑOS DE PARRANDA

POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS CORTESÍA TALLER ARTEFACTO

Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en diciembre de 2013, la Parranda de San Pedro de Guatire no es solo una tradición o una fiesta: es un mecanismo de integración del tejido social a partir de un elemento clave: la memoria.

La memoria, a su vez, es un acto de resistencia y traspaso, una forma de reanimar en el tiempo la sustancia de las cosas, aunque solo sean recuerdos inventados como escribe Enrique Vila-Matas.

Pero ¿de qué nos sirve recordar, en un mundo donde los imaginarios se traman en las tecnologías de la información? Quizás para que los pueblos sobrevivan a través de su identidad.

Y ¿qué significa tener identidad como pueblo?: amar la casa, amar a la madre y al padre y respetarlos, tener orgullo propio, apropiarte de tu historia y de tu destino.

Escribe el poeta maya Jorge Miguel Cocom Pech en La casa de tu alma: Tu nombre es la casa de tu alma. / Ahí habitan tus padres y tus abuelos. / En esa casa milenaria, hogar de tus recuerdos, / permanece tu palabra.

Lo primero que destruyen las operaciones de dominación, a través de las industrias culturales, es el acervo simbólico de la tierra arrasada, sus elaboraciones textuales, la palabra.

Nuestras voces indígenas en Venezuela se registran, al menos, 31 fueron devoradas por el castellano, a fuego y sangre en nombre de Dios. A punta de estigmas y estereotipos, hoy consideramos que los ritos chamánicos son caricaturescos y herejes, fruto de las bajas pasiones.

¿Qué han hecho los ejércitos invasores en su cruzada contra el terrorismo en Irak o Afganistán? Saquear museos y quemar bibliotecas que conservaban, entre otras cosas, las primeras versiones de Las mil y una noches y todo el acervo cultural de esa parte convulsa del mundo que es el Medio Oriente. Lo hacen en nombre de la paz y la civilización.

Sí, es un asunto ideológico. La memoria recuerda selectivamente y, con el paso del tiempo, quizás decida escoger el amor al prójimo, a la cuadra, al terruño, la solidaridad, la fe hacia uno o mil dioses, etc., todo donde se fortalezca como diría el antropólogo Esteban Emilio Mosonyi la comunidad como posibilidad extrema de la salvación del planeta.

Los tucusitos expresan el espíritu de conciliación de la Parranda

Los tucusitos expresan el espíritu de conciliación de la Parranda

SIMPATÍA POR SAN PEDRO

El San Pedro es aquello que nos contaron y en lo que depositamos fe ciega. Nadie sabe exactamente cómo, cuándo y dónde nació pero todos, gracias a la tradición oral, afirman que fue entre Guarenas y Guatire, cabalgando los siglos XVIII y XIX, como respuesta de los esclavos a la liturgia sincrética que diluía la devoción chamánica con la ceremonia eclesiástica impuesta por la Colonia.

El San Pedro funde lo africano, lo europeo y lo indígena con cuatros, maracas, levita y pumpá, y el afianzamiento de la identidad negra a través del betún que embadurna los rostros. Tiene versos en cuarteta alternados por solista y coros, dos acordes armónicos y la vigorosa percusión que repican con sus pies los coticeros.

Atraviesa la historia del siglo XIX con la representación de los colores de la Guerra Federal: el rojo y amarillo (azul en Guarenas) de liberales y conservadores que exhiben los niños en signo de reconciliación.

"Con la cotiza dale al patrón"

“Con la cotiza dale al patrón”

La Parranda susurra el aliento del negro que se reveló contra la violencia esclavista: una esclava embarazada (María Ignacia se llamaba, según la leyenda) enfermó y, temiendo por la salud de su hija Rosa Ignacia (otro nombre fabulado), le pidió a su marido Domitilo (más) que la bailara en homenaje al Santo para agradecer su recuperación, ya que ella continuaba convaleciente. Él se trajeó, cual dama, y salió a cantar y a bailar junto a sus cofrades ante la mirada impávida del rico hacendado quien, para divertirse, le lanzó trajes y cueros y así animar esa “pantomima”.

Los parranderos gritan “con la cotiza dale al patrón / vuélvelo polvo sin compasión”, y cada 29 de junio transitan en procesión por las calles de Guarenas y Guatire para aclamar la perseverancia de los pueblos que, con sus expresiones festivas, eternizan el camino transitado.

A los niños los ensalman con un baile de buen augurio

A los niños los ensalman con un baile de buen augurio

SANPEDREÑOS ALL STARS

En ese andar, hace 60 años, nació una parranda de barrio. Seis décadas atrás emergió en Guatire otra comunidad para celebrar la partida del dictador Marcos Pérez Jiménez: el 23 de Enero, que rápidamente asumió al San Pedro como una herencia natural de la festividad espontánea que lideraban personajes de principios del siglo XX como “El Negro” Pilar, Martín Rosas, Juan Berroterán, Ernesto “Machetón” Monasterio, Justo “Pico” Tovar, “El Negro” Tachón, Emilio Cañongo, Celestino Alzur, Antonio Núñez, Guillermo Silva, Lucas Mijares, Peruchito, “El Cieguito” Martín, Juan Ibarra y Pedrito Flores, quienes fueron por medio siglo baluartes de una parranda más bien pobre, casi menesterosa, que no tenía una estructura organizativa pero que se lanzaba a las calles a festejar con su santo cada 29 de junio, día de San Pedro Apóstol y San Pablo, según el calendario de la cristiandad.

Lo afirma el profesor Isidro Vilera, con más de 50 años parrandeando con El 23. “La parranda se establece en lo que sería el sector 23 de Enero de Guatire en 1956, y a partir de 1958 queda Felipe Muñoz al frente de la manifestación por enfermedad de Celestino Alzur. Es cuando Felipe invita a un grupo de jóvenes para que lo acompañen a fortalecer la Parranda, ya que muchos de sus antiguos integrantes, por enfermedad y entrados en años, estaban abriendo paso a una nueva generación”. Va más al detalle: la agrupación se consolida cuando el 19 de abril de 1958 se conforma la Asociación Comunitaria por el Deporte y la Cultura del sector 23 de Enero.

Aníbal Palacios, un cronista popular dedicado a la pesquisa de datos recónditos de Guatire, dice que eso no es verdad.

Insiste en que la misión de preservar la Parranda de San Pedro implica aclarar controversias, enfrentar distorsiones y erradicar desviaciones como “la campaña de la Parranda de San Pedro del 23 de Enero y su empeño en declarar que su origen institucional se remonta al año 1958. En primer lugar, el barrio no existía. A mediados de 1958 el Concejo Municipal comenzó a otorgar parcelas pero el barrio tardó más de un año en consolidarse. No es como en estos tiempos, en los cuales una orquestada riada de gente invade un terreno ajeno y conforman un barrio en menos de 12 horas. Por otra parte, Justo Pico Tovar, por muchos años esencia y alma de la parranda guatireña, murió en noviembre de 1965 y para entonces había solamente una parranda: la Parranda del San Pedro de Guatire. La tesis de los cultores del 23 de Enero implica admitir, contra todo razonamiento lógico, histórico y sensato, que Pico fue en realidad un humilde y anónimo (¿o usurpador?) miembro más de la Parranda de esa barriada. ¿Es eso lo que en el fondo pretenden establecer? Además, al morir Pico la conducción de la tradición recayó en Celestino Alzur quien, incluso, declaró que Justo Tovar había delegado en él esa tarea. Luego de la muerte de Alzur es cuando se encargan los dirigentes del 23 de Enero, ya a mediados de los años 70”.

"Si San Pedro se muriera, todo el mundo lo llorara"

“Si San Pedro se muriera, todo el mundo lo llorara”

Cuando muere Juan Berroterán aclara Vilera, Celestino Alzur y Felipe Eleazar Muñoz asumen la responsabilidad de la Parranda debido a que Pico vivía y trabajaba en Caracas y solo hacía acto de presencia los 29 de junio de cada año. Pero es a partir de 1958 cuando acompañan a Felipe Eleazar los hermanos Emilio, Jacinto y Enrique Cañongo, el propio Vilera, los hermanos Alfredo, Martín y Simón Pantoja, los hermanos Alí Rafael Moreno y Héctor Muñoz, José Caraballo, entre muchos otros.

En Guatire, el San Pedro siempre ha sido una parranda comunitaria, colectiva, de arraigo popular. Nació en los tablones de caña, y aún conserva ese tenor pueblerino de antaño que reivindica sus orígenes, apostilla Palacios.

Si entráramos a debatir si nació en Guarenas o en Guatire estas líneas podrían terminar en sangre, porque aún hoy ese tema despierta las más agrias diferencias y confrontaciones.

Actualmente cinco organizaciones parranderas abanderan en Guatire la jornada conmemorativa, recorriendo junto a sus seguidores los intersticios del pueblo, con paradas obligatorias en casas de promeseros y espacios memoriosos. Todas son hijas de esa parranda provinciana que mantiene su esencia en el 23 de Enero, donde los parranderos reverencian al Santo con devoción franca y asumen la manifestación como una liturgia del alma, heredada de padres a hijos, de abuelos a nietos, con la presencia contundente y protagónica de la mujer y la cándida proximidad de los niños y niñas, quienes parecen pieza clave y juguetona en el andamiaje de la fiesta.

Más allá de las contradicciones, la polémica de su origen o las diferencias conceptuales, la duda testimonial de la palabra alimenta la leyenda y coloca en el altar mitológico a la Parranda de San Pedro: hecho cultural, festivo y religioso que sintetiza las aspiraciones de redención del pueblo en su titánica labor de confrontar la desmemoria, el desarraigo, el asesinato silencioso por las marcas y el roce superficial en el centro comercial.

Que se desconozca su origen, o que sea impreciso, parece garantizar su eternidad.

El profesor Isidro Vilera lleva la cuenta de los 60 años de la Parranda del 23

El profesor Isidro Vilera lleva la cuenta de los 60 años de la Parranda del 23

ÉPALE 283

Artículos Relacionados