El señor (o la señora) de las excusas

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

El señor (o la señora) de las excusas vive en nosotros, algunas veces de manera abierta y otras, encubierta. Sale a relucir desde los tiempos infantiles, cuando no queremos estudiar o hacer la tarea; y ya de adultos, para incumplir con las responsabilidades de padres, madres, funcionarios o dirigentes. Carmelo Salazar, mi profesor de castellano, allá en Antímano, solía decir que “desde que se inventaron las excusas nadie hace nada”.

No es raro, entonces, que el señor o señora de las excusas se haga presente en una faceta que puede llegar a ser muy exigente para la fuerza de voluntad, como lo es correr.

Para dejar de  trotar hay un repertorio tan extenso de justificaciones que ni siquiera hace falta tener mucha imaginación a la hora de exhibir una diferente cada día a lo largo de varios meses.

Enumeraré algunas, cortesía de mi propio señor de las excusas: lluvia o amenaza de; demasiado sol, mucho calor, ¡qué frío!; zona peligrosa, piso resbaloso, perros mordelones, zapatos gastados; dolor de cabeza, de oído, de muela, de garganta, de barriga, de testículos, de rodillas, de canillas, de tobillo o de dedo gordo; gripe, ratón, cansancio, insomnio, exceso de sueño; mucho trabajo, jefes ladilla, subalternos tarados; carro accidentado, una reunión, viene el plomero, el carpintero, el albañil, el electricista, el técnico de la computadora; depresión clínica o depre sifrina… En fin, cualquier argumento puede volverse genial.

Aclaremos que muchas de las razones anteriores pueden ser realmente válidas. Pero, algo te aseguro: tú sabrás perfectamente cuándo es causa razonable y cuándo es excusa. No te engañes.

Lo terrible de las excusas es cuando te acostumbras a ellas y entonces vas saltando de una a otra hasta que un día sacas la cuenta y llevas un mes sin trotar. Por eso, al señor (o la señora) de las excusas hay que picarle adelante y apagarle el audio. Inténtalo.

ÉPALE 405