El teatro como voluntariado

Guillermo Díaz Yuma: director del TET

Entre el 2 y 3 de febrero se presentará con la obra El padre de todos nosotros en un festival alemán. Es un esfuerzo titánico que rematan, puya a puya, con una pieza que revisa el dilema ideológico de un mundo entrampado en las contradicciones, donde un orden caótico quiere morir, pero patalea, Como en la vida real

Por Marlon Zambrano@marlonzambrano / Fotografía Jesús Castillo

Como una metáfora del país que atravesamos, en un ala del teatro Luis Peraza de Los Chaguaramos (en los sótanos de la impresionante Basílica Menor de San Pedro Apóstol) se sentó un grupo de chavistas de la vieja guardia encabezados por una distinguida gerente, de grata recordación para quienes suspiran con nostalgia por los tiempos mejores. Del otro lado, las demás gentes.

La obra se presentará en suelo teutón

Si observabas el panorama desde el escenario donde esa tarde de enero se interpretó, en una de sus últimas funciones, El padre de todos nosotros, del dramaturgo español David Desola, la gradería estaba dispuesta en perfecta simetría ideológica: los de derecha y afines a la diestra de los actores; los de la izquierda en el ala siniestra. Tal como hicieron los bandos opuestos aquella vez en que, en las postrimerías de la Revolución Francesa, se dio inicio al cliché de los dos extremos políticos.

Pero si observabas el anfiteatro desde la posición de dios del Olimpo de Guillermo Díaz Yuma (el director), suspendido sobre una especie de buhardilla panorámica, desde donde controla luces y sonidos del teatro, sucedía todo lo contrario: los chavistas a la derecha y los otros a la izquierda. Sin más.

Algo —más allá de lo ideológico— se jugaba esa tarde: completar los cobres para el largo viaje que depositará al Taller Experimental de Teatro (TET) en el Festival de Teatro Iberoamericano Adelante de Heidelberg (Alemania), los días 2 y 3 de febrero próximos, a donde van sin más apoyo que el martillo, las colaboraciones nacionales y extranjeras, los crowdfunding (micromecenazgo) y la juntadera.

Lo más inaudito es que están aún calientes sus días de Ecuador, donde giraron, también, con el mismo montaje en pleno auge de las manifestaciones de octubre del año pasado contra el presidente Lenin Moreno, mismas que, prácticamente, incendiaron al país.

La primera función alemana está agotada

No es un sino del Centro de Creación Artística TET, parece consolarse Díaz Yuma, quien observa que es el espíritu que reina en el mundo entero, donde gobiernan los imponderables mientras un nuevo orden quiere nacer de las cenizas del pasado.

Casi al calco lo argumenta la obra de Desola: entretenida historia del reencuentro de cinco hermanos que se dan cita para debatir la conveniencia o no de permitir que una marca comercial transnacional (la Coca Cola) utilice la imagen de su padre (muerto trágicamente durante un acto heroico, cuando rescataba a una niña de las aguas de un mar embravecido) para un spot publicitario a cambio de una importante cantidad de millones, con el aliciente de que el viejo era un convencido militante de izquierda que combatió del lado republicano durante la Guerra Civil Española y mantuvo, durante toda su vida, una integridad revolucionaria inquebrantable.

Los demonios de las ambiciones, contradicciones y tragedias familiares salen a relucir durante el encuentro que acaba en una esperpéntica puja política y filial que, a ratos, hace reflexionar, comprime el alma y desata carcajadas gracias a las extraordinarias actuaciones de Iván Dalton, Patricia Castillo, Silvia Gouverneur, Sara Azócar y Richard Mercado, quienes completan este fin de semana 44 funciones del montaje a lo largo de tres temporadas, que arrancaron a comienzos de 2019.

Guillermo es artífice (dirección y concepto escenográfico) y otro militante inamovible que ha trenzado su historia personal con la del TET durante los últimos 47 años, desde que nació en la Dirección de Cultura de la UCV con Eduardo Gil. Hace 27 años el grupo ocupa los espacios del teatro Luis Peraza, donde mantiene una nutrida agenda de formación a través de talleres, cursos y montajes de significativo impacto en la ciudad como Sueño de una noche de verano —que provocó colas de taquilla impensables para los tiempos que corren— y, más recientemente, Un dios salvaje o el mismísimo El padre de todos nosotros, que ha alcanzado un ritmo de audiencia por encima del promedio caraqueño (como mínimo 25 personas por función, y tiende a remontar).

“Activos, como un país normal”

“Activos, como un país normal”, se asombra Díaz Yuma, a pesar de que ya no cuentan, ni el grupo ni la sala teatral, con aportes del Estado venezolano, aunque siempre prestan sus espacios para los festivales nacionales. Lo que antes hacían once empleados, hoy lo enfrentan los mismos directores y actores.

“Nosotros mantenemos nuestro compromiso inicial: tener obras en estreno, un centro de formación para niños, jóvenes y adultos y una programación constante”, refiere.

A sus 70 años, Díaz es de los que suma una pensión, su jubilación de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), sus clases de profesor en Unearte y talleres a destajo para completar el pote que le permite sostener económicamente su existencia. No parece temer a su condición de comulgante: “Nosotros no vivimos de esto. Esta administración es voluntaria”.

Tampoco dista demasiado de los más jóvenes: chamos y chamas que hacen teatro y que transitan la ciudad cotidiana, como quien se desplaza a través de la cuerda floja. Todo vale para que el drama y la comedia en la vida real se interpongan al arrebato de las artes escénicas: desde una guarimba hasta un intento de magnicidio, desde el temblor hasta los apagones, desde una avería del Metro hasta las tormentas tropicales. Llega un momento —denuncia Díaz Yuma— en que no se sabe dónde acaba la ficción y comienza la realidad.

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