ÉPALE312-POLÍTICOS

LA TRAMA COTIDIANA POR RODOLFO PORRAS

Si el signo de la época es la confusión,

yo veo como base de esa confusión

una ruptura entre las cosas y las palabras,

las ideas, los signos que son

la representación de las cosas.

Antonin Artaud

El título de este artículo es un robo arbitrario y descarado a un extraordinario ensayo de Antonin Artaud. Salvando grandes distancias, en tanto intención, profundidad e inteligencia, la plataforma conceptual con la que el francés fundamenta sus contenidos es similar a la que fundamenta los contenidos de este texto: el teatro debe dar cuenta de la vida, no de lo que se parece a la vida.

La existencia, muchas veces, se expresa teatralmente o a la manera del teatro. No solamente cuando se establece un conflicto entre dos fuerzas o cuando una serie de símbolos  comienza a refundar la realidad, también cuando nos ponemos máscaras, algunas groseras, evidentes, artificiosas y otras más bien sutiles, hasta el punto de parecer la propia piel, el rostro verdadero.

El arte de la simulación, de la simbolización, de la metáfora hecha cuerpo deja de ser arte cuando la vida cotidiana se llena de falsas metáforas, simbolizaciones al servicio de la manipulación y cuando la simulación no es otra cosa que hipocresía. Así, el teatro que siempre se alimenta de la realidad corre el riesgo de vaciarse, porque se nutre de esa comparsa.

Comenzamos el año 2019 con una exageración de las imposturas que venimos padeciendo durante dos décadas. Otra vez arremete la oligarquía mundial. Y esa cierta clase media ignorantona en las colas de los automercados de lujo, dispuesta a saldar la cuenta con dólares en efectivo, anuncia que el hambre los está matando. Paradójicamente, la más feroz dictadura que ha sufrido el planeta en toda su historia, la de las trasnacionales, clama por justicia y democracia en Venezuela. Para ello nombra a un presidente de facto que en Venezuela nadie conocía: un tal Guaidó.

Este nuevo golpe de Estado es abierta y descaradamente orquestado por EEUU con complicidad rastrera de algunos países de la región. La petición de “ayuda humanitaria” adquiere un ridículo barniz legal… “pero peor es nada”, dice la oligarquía.

Así, la mascarada inicia de nuevo su terrible y añejo espectáculo de golpes de Estado y de violencia. Pero el círculo se estrecha y soluciones más contundentes son necesarias.

La pregunta que surge dentro del ámbito escénico es ¿cuál es el teatro que surge de esta repitencia?, ¿cómo desgranar la trama cotidiana —llena de tanta simulación y máscara bufa— para develarla en trama teatral y en arte luminiscente?

Es una buena pregunta, que trasciende el ámbito del teatro para impregnar cualquier actividad humana que requiera verdad y acción amorosa.

ÉPALE 312

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