POR FREDDY FERNÁNDEZ • @FILOYBORDE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

ÉPALE259-FILO Y BORDESupongo que los años son una forma de medir el tiempo que nos cala profundo y que, por acumulación, ganan en peso y aceleración. De hecho, hay una diferencia filosofal entre cumplir 15 y cumplir 50 años. Cuando uno anda en esas edades cercanas a los 20 años percibe los próximos 20 como una eternidad abierta, capaz de hacerte dudar sobres tus capacidades para transitarla. Los próximos 20 años, después de cumplir 50, parecen un instante que sabemos que se irá muy rápido y no sabemos ya si tendremos tiempo de realizar el más pequeño de nuestros propósitos.

Venezuela, como conjunto, pareciera tener esa visión adolescente del tiempo. Los empresarios, por ejemplo, quieren el máximo de ganancias en el menor tiempo posible. Pareciera que no les importa el futuro o que no lo tienen. No están seguros de tener la capacidad para atravesar los próximos 20 años. Ha sido así desde siempre, no vayan a creer que es una visión que nació en respuesta al chavismo. La acepción de “empresa” como una obra de largo aliento, que se confunde con la vida misma de quien la ejecuta, no aparece casi nunca en nuestro imaginario venezolano. En política ocurre algo similar y, en este caso, es verdad que cierta urgencia permanente se ha establecido desde 1998. En mayor proporción para los grupos opositores, que sienten haber perdido su futuro y abandonaron todo propósito de construirlo.

En este momento, cuando apenas comienzan las gestiones regionales y municipales, sueño con la posibilidad de que a alguno de los nuevos responsables de los gobiernos de los estados o de los municipios le dé por realizar una gestión modelo y que no la conciba como una de esas mentiras publicitarias, uno de esos potes de humo a los que ya nos hemos acostumbrado. Es esta una deuda de casi todos pero, desde el punto de vista moral, es una deuda más grande para los gobernantes opositores. El desacuerdo con el Gobierno nacional no puede servir de excusa. Su incapacidad para siquiera recolectar la basura crea la certidumbre de que no tienen ninguna vocación para conducir una gestión de mayores proporciones. Pero la deuda es de casi todos. Nos hace falta un socialismo de lo pequeño, un socialismo de lo cotidiano. ¿Quién será el alcalde que al final de su gestión nos muestre un avance incuestionable de justicia social, producción y democracia en su localidad?

Hace falta, quizá, otra percepción del tiempo para que estos planes puedan concebirse. No nos ayuda esa idea de que el presente es un tiempo en fuga al que prestamos tan escaso valor. Valdría la pena asumir lo que es muy evidente: que el presente es la única idea real del tiempo a la que tenemos acceso. La construcción de cualquier mundo posible, que toma en cuenta el pasado y valora el futuro, solo puede realizarse en tiempo presente. La tarea es de hoy.

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