ÉPALE314-MIRADAS

STALINGRADO FUE EL CENTRO DECISIVO PARA LOGRAR EL DESCENLACE DEFINITIVO DE LA GUERRA PATRIA, O II GUERRA MUNDIAL COMO SE LE CONOCE EN OCCIDENTE. LA ORGANIZACIÓN DE UN PUEBLO SENSIBILIZADO Y PATRIOTA DIO AL TRASTE CON LAS INTENCIONES INVASORAS DE HITLER Y LOS NAZIS, GRACIAS A LA POLÍTICA DE STALIN Y A LA DECISIÓN DE SUS MUJERES, HOMBRES, NIÑAS Y NIÑOS DE LOGRAR EN SU PAÍS, EN EL CONTINENTE EUROPEO, Y EN EL RESTO DEL MUNDO, LA PAZ

                              POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE  • @ANDESENFRUNGEN                           ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Y comprendió que la guerra
era la paz del futuro

Mucha gente cree que la guerra es asunto de comiquitas, de documentales domingueros por NatGeo o The History Channel, de pelis o de juegos de video. Prendes el perol, y eliges el avatar que mejor dibuje tus fantasías secretas, ocultas en el inconsciente colectivo, desde donde Jung nos observa. Así, seleccionas el uniforme que te haga parecer un G.I. Joe, un Rambo, Bárbara Bleid o Beto el Recluta. Luego, para arrancar la partida te dan un bate, una china, una glock, uranio empobrecido, mucho captagón del bueno, una metralleta, y a matar zombis, que el juego de Doom está fino, y además tal vez te ganes unos dólares o bitcoins si el festín de vísceras se juega onlain con el último software financiado por Bono (vocalista de la banda irlandesa U2 y gran mecenas de videojuegos de guerra donde, curiosamente, desde hace un par de décadas aparece Venezuela como objetivo a conquistar). Así la vida es un jamón.

Pudo más la organización popular que la obsesión macabra por invadir Stalingrado

Pudo más la organización popular que la obsesión macabra por invadir Stalingrado

Así crecimos muchas y muchos. En los tiempos de la generación actual de cuarentinagers, cincuentinagers, sexigenarios y los pisos más altos de la existencia, era normal y hasta bonito, especialmente entre los varones, ver que jugaran a la eterna batalla entre los buenos y los malos. Ergo, se jugaba Atari, Play Station y afines para exterminar al mal con Baygón. También eran válidos palos de escoba, pistolas de plástico, disfraces con una cortina vieja, y la eterna separación de bandos en el tablero de ajedrez del imaginario párvulo se le inoculó a la humanidad como un artículo de consumo de primera necesidad. En su poema, “El miedo manda”, Galeano retrata esta agenda diabólica en palabras sencillas. Compartimos un fragmento:

La guerra no se gana el Oscar nunca

La guerra no se gana el Oscar nunca

Habitamos un mundo gobernado por el miedo, el miedo manda, el poder come miedo, ¿qué sería del poder sin el miedo? Sin el miedo que el propio poder genera para perpetuarse.

El hambre desayuna miedo.

El miedo al silencio que aturde las calles.

El miedo amenaza.

Honrando las palabras de Galeano, esa práctica del bien contra el mal no solo era (y sigue siendo) lo común, lo bien visto: para la esquizofrenia social de la gente que extrañamente insiste en autodenominarse “normal” ese era el deber ser. Con la certeza de estar equivocada desde este lado de la pantalla, es posible que la única película occidental sobre guerra en aquellos tiempos que problematice el asunto bélico con peras y manzanas dentro de un universo infantil sea la versión original del filme francés La guerra de los botones (Yves Robert, 1962). El aparataje mediático se encargó de distorsionar el argumento original de esta película, para convertirlo en una babosada proyanqui en el refrito que reestrenaran en 2011 bajo la dirección de Christophe Barratier. Juegos de guerra (1983, John Badham), predijo grosso modo lo que podía suceder en el planeta a partir de usar el poder de la informática y los juegos de video; especialmente, en materia de guerras, invasiones y bombardeos. Nada supera el terror del peor mal posible que la película El día después (1983, Nicholas Meyer). Esta trama es un canto de alerta a la humanidad para deponer las armas y prevenir cualquier escenario de destrucción posible de la humanidad con misiles y bombas nucleares, y un clamor por la paz en el mundo. Ambos filmes se estrenaron en los tiempos en los que Ronald Reagan impulsara el programa “Star Wars” (o “Guerra de las Galaxias”), para financiar y catapultar la defensa de los buenos contra los malos de la extinta Unión Soviética, en los tiempos más álgidos de la Guerra Fría, sobre la base de bombas, misiles y material radiactivo.

Willem Dafoe se destacó en "Pelotón"

Willem Dafoe se destacó en “Pelotón”

En vez de un ruso, un gringo salvador

En vez de un ruso, un gringo salvador

Apocalyppse Now? Apocalypse Never!

Apocalyppse Now? Apocalypse Never!

De nada le sirvió ser aria

De nada le sirvió ser aria

El judío jázaro ashkenazi Spielberg y su combo, por otra parte, se han encargado de hacer lo suyo. El chequesote por concepto de la misión de lavado de cerebros y blanqueamiento de la memoria de la opinión internacional han sido los responsables de hacer creer a quienes no leen y solo ven televisión por cable que quien ganó la II Guerra Mundial fue Estados Unidos. Tenemos así títulos como La lista de Schindler (1993), Rescatando al soldado Ryan (1998), Cartas desde Iwo Jima (2006), La conquista del honor (2006) y Auschwitz (2015), entre otros, que este gran influenciador del cine ha usado, con su pluma o con sus reales, para distorsionar la verdad de lo que realmente sucedió durante la II Guerra Mundial, y de quienes realmente pusieron coto a este conflicto bélico.

Vale señalar que el patrimonio Steven Allan Spielberg (EEUU, 1947), quien es considerado uno de los fundadores pioneros de la era del “Nuevo Hollywood” asciende, según Wikipedia, a 3,7 mil millones de dólares y contando. El filme Semper Fi (2001) fue financiado por este magnate de historias de la gran pantalla. El argumento de esta película retrata las vidas de los valerosos jóvenes infantes de marina del pelotón 3015 del ejército estadounidense, en la localidad de Parris Island: ¡Qué ternura!

Este señor no ha sido el único que se ha encargado de manipular la verdad en temas de armisticio. Pearl Harbor (2001, Michael Bay), nos hizo a las mujeres odiar una vez más de cochina envidia a Liv Tyler, a suspirar con “I Don’t Wanna Miss a Thing” de la banda Aerosmith, y a aplaudir de alegría que esos militares gringos tan bellos y grandotes decidieran exterminar con dos bombas nucleares a más de 100 mil inocentes en las localidades de Hiroshima y Nagasaki, dando al traste con cualquier vestigio de humanidad posible. La vita e bella (1997, Roberto Benigni) nos arrancó lágrimas a rabiar cuando el tanque estadounidense salva al pequeño Giosue del sacrificio de amor de su padre ante los desmanes del campo de concentración donde se encontraban.

Se hace indispensable recordar al público lector que existen otras obras del séptimo arte, así como también libros, documentos y registros históricos de audio y video que muestran atisbos de la verdad: esa, que no se ve con un combo de cotufas en el Cinex más cercano (vale acotar que la franquicia de Cinex le pertenece al clan Capriles). Es necesario también leer algo más que El diario de Ana Frank: el señor Otto Heinrich Frank fue el verdadero autor de esta novela, y la Fundación Ana Frank tuvo que admitir este pequeño detalle en 2016, según reseñara Argentinatoday.org en su momento, por motivos económicos.

Tenemos así recomendaciones fílmicas como El gran dictador (1940, Charles Chaplin ), El matrimonio de Maria Braun (Rainer Werner Fassbinder, 1979), Enemigo al acecho (2001, Jean-Jacques Annaud), La decisión de Sophie (1982, Alan J. Pakula), Stalingradskaya bitva I (1949, Vladimir Petrov), El niño de la pijama de rayas (2008, Mark Herman), Stalingrad (2013, Fyodor Bondarchuk), y el libro Retrato de grupo con señora de Heinrich Böll, por citar solo un par de recomendaciones donde hay verdades y ficciones bien contadas. Si nuestros lectores desean refrescar un poco más su memoria sobre las mentiras que se suelen urdir para desatar un casus belli, y sobre todos los desmanes que se cometen durante un conflicto bélico, el equipo de Épale CCS, también sugiere que descarguen (o compren quemaditas) las obras Pelotón (1986, Oliver Stone), Apocalipsis Now (1979, Francis Ford Coppola) o Gángster americano (2007, Ridley Scott), entre otras.  

En referencia al tema bélico, el pasado 2 de agosto se conmemoraron 76 años del fin de la Batalla de Stalingrado.

La batalla de Stalingrado fue la mayor de la Segunda Guerra Mundial, quizás la mayor de la historia del siglo XX, según los entendidos, aun cuando el puesto de la más relevante probablemente le corresponda a la de Kursk.  Dicen los especialistas que este encuentro de muerte ha sido hasta ahora la mayor carnicería en la historia de las guerras en la historia contemporánea. De acuerdo con el historiador William Craig, fueron los siete meses más cruentos de este conflicto. El enfrentamiento tuvo lugar entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943. Los alemanes bautizaron este conflicto como “Der Rattenkrieg” (“la guerra de ratas”), dado el nivel de saña y perversión con que el ejército alemán intentó invadir la Unión Soviética.

Tres millones de nazis fueron a  la URSS

Tres millones de nazis fueron a la URSS

Tras el fracaso de la Operación Barbarroja en diciembre de 1941, Hitler decidió continuar sus operaciones ofensivas a gran escala con objeto de conseguir doblegar a la Unión Soviética en 1942. La ciudad de Stalingrado (hoy en día conocida como Volgogrado), era un importante centro industrial y un núcleo de comunicaciones esencial con los campos petrolíferos del Cáucaso, por lo que era un objetivo importante del ejército alemán durante la invasión de la URSS.

El saldo mortal: más de cuatro millones

El saldo mortal: más de cuatro millones

Stalingrado en aquel momento era un refugio para las personas que buscaban huir desesperadamente de los combates, y además, debido a las enfermedades y muertes constantes por causa de la pobreza y el frío, esta ciudad  se erigió en refugio para muchas niñas y niños huérfanos.

TESTIMONIOS COMO EL DE ESTA MUJER SE MULTIPLICARON POR MÁS DE CUATRO MILLONES, ENTRE SOLDADOS DE AMBOS BANDOS Y CIVILES

Galina Russanova habla de su testimonio en el documental de 25 minutos que RT produjera en ocasión de los 70 años del cese al fuego en aquella ciudad. En aquel entonces, era una niña, y junto a su madre llegaron a Stalingrado en 1941. En septiembre de ese mismo año, el último acceso por tierra a esa ciudad fue cortado. Era la única vía para suministrar alimentos a la población. La entonces pequeña Galina, de 12 años, queda huérfana de su madre muy poco después, y le toca enfrentar la realidad de haberse quedado sola en el mundo, en medio del invierno más cruento y ante la inminencia de las trompetas del apocalipsis. Sin embargo, la niña de aquel entonces no se quedó para esconderse en los refugios y huir, y fue una de las participantes en los furibundos y cruentos combates que se perpetraron en estos siete meses. “La gente empezó a morir. Literalmente se morían en las calles. Al principio, yo no lo comprendía. Vi a una señora mayor caminando, y de pronto se cayó. Me acerqué para ayudarla a levantarse, pero no se levantó. Había muerto”. El asedio de las tropas alemanas contra los soviéticos duró 900 días, durante los que fallecieron cientos de miles de personas antes de que se diera inicio al fuego. Testimonios como el de esta mujer se multiplicaron por más de cuatro millones, entre soldados de ambos bandos y civiles, si se toman en cuenta la cantidad de bajas durante esta batalla. Hitler estaba convencido de que con 3.050.000 soldados nazis, la invasión a la URSS, perpetrada el 22 de junio de 1941, estaba lista para su colección de países conquistados. Stalingrado era su obsesión. Sin embargo, la resistencia de Leningrado y Sebastopol, y la organización paciente y patriota del pueblo y el ejército soviético, y la contraofensiva en noviembre de 1942 atraparía al 6º Ejército Alemán, que sería derrotado cien días después. Hoy en día Volgogrado es ejemplo de cómo una ciudad y el pueblo unido, pueden vencer las garras del mal.

El 08 de mayo de  1945, gana URSS

El 08 de mayo de 1945, gana URSS

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