ÉPALE298-CHRISTIAAN BARNARD

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Sudafricano, nació en 1922. Su infancia y su juventud al abrigo de una modesta familia religiosa y una madre que, según palabras de él mismo, exigía de sus hijos lo mejor. En 1955 Christiaan Barnard ya era médico. Una década más tarde, especializado en materia cardiovascular, investigaba las formas de realizar un transplante de corazón en una época en que la medicina daba avances a pasos acelerados y cada nuevo aporte convertía a sus protagonistas en algo muy parecido a las celebridades del cine.

El 3 de diciembre de 1967, luego de varios años de investigación en perros y simios, Barnard y su equipo lograron la hazaña: el corazón de una joven de 25 años, atropellada por un automóvil, fue puesto a trabajar en el pecho de Louis Washkansky, un hombre de más de 50. Aunque el hombre apenas vivió 19 días más, aquello fue visto mundialmente como lo que era: una hazaña que iniciaría una nueva etapa en la medicina, y a Barnard comenzaron a lloverle glorias e invitaciones provenientes de todo el mundo.

Guapo y de orígenes conservadores, una vez rodeado de la innumerable cantidad de mujeres que, admiradas por su hazaña, se le acercaron durante sus viajes, fue poco lo que tardó el doctor de los corazones en hacerle honor a su apodo. Los casi 140 trasplantes que realizó durante su vida como cirujano no fueron más llamativos que sus muchos amoríos, entre los que destacan una relación sentimental con Gina Lollobrigida y sus tres matrimonios, uno de ellos con una multimillonaria alemana de 19 años y otro, a sus 66, con una modelo de tan solo 18.

Se opuso siempre a las políticas del apartheid. La mano derecha de Barnard en el quirófano se llamaba Hamilton Naki, un hombre autodidacta de pulso impecable y grandes cualidades como cirujano, que de no haber sido por la complicidad de Barnard no habría podido realizar otras labores distintas a las de jardinero en la institución. “Un negro no debía operar a blancos, esa era la ley”, cuenta Naki.

Una artritis reumatoide acabó con su carrera como cirujano, pero el ímpetu de Barnard no le permitió echarse a sí mismo al olvido. En 1986 el doctor de los corazones anunció su nueva proeza: el desarrollo de una infalible crema antienvejecimiento cuya fórmula fue comercializada por millones de dólares. Craso error: la crema no funcionaba y Barnard fue denunciado por fraude. Sus últimos años los pasó escribiendo novelas, varias de las cuales llegaron a ser best sellers.

A la gente le encanta una extravagancia, por eso se corrió el rumor de que había muerto del corazón, lo cual no es cierto. Christiaan Barnard murió de un paro respiratorio a los 78 años de edad. Miles de corazones seguirán latiendo en su recuerdo.

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