POR VÍCTOR FHA / ILUSTRACIÓN L. “RAZOR” BALZA

ÉPALE 229 SOBERANIASAunque probablemente no lo lean, este artículo va dirigido a todx aquelx  opositorx que, asumiéndose liberal, moderno y/o gay, piense que la certeza de su libertad es un derecho irrevocable y apoye incondicionalmente las acciones de la derecha venezolana en su rebelión permanente con el fin de sacar por la fuerza a un gobierno bolivariano que consideran
—entre otros muchos supuestos “defectos”— profundamente homofóbico.

Resulta que en el período democrático que vivió Alemania entre la I y II Guerra Mundial lxs homosexuales experimentaron cierta apertura. A pesar de ser considerada la homosexualidad un delito había en Berlín locales nocturnos, más de una veintena de revistas dirigidas a homosexuales —entre ellas la primera revista gay en la historia de Occidente—, novelas que abordaban el tema y hasta una película (Diferente a los demás). Todo esto bajo el empuje que generaba la existencia de un instituto para la investigación sexual y también de grupos en defensa de los derechos de las personas homosexuales, como la Comunidad de los Especiales. Entre los connotados líderes de la corriente nacionalsocialista que gestó el nazismo se encontraba Ernst Röhm, jefe de un grupo armado del partido del nacionalsocialismo alemán (NSDAP) conocido como la SA, quien no renegaba de su homosexualidad. Cuando se instaura el nacionalsocialismo en el gobierno, despluma la democracia e inicia el proceso de persecución a la población judía; Röhm, en la plenitud de su liderazgo, es traicionado por Hitler, quien organiza su sorpresiva detención y no interviene para evitar su asesinato. Luego de este episodio, conocido como la Noche de los Cuchillos Largos, se inició oficialmente una arremetida contra lxs homosexuales. En Los homosexuales en el Tercer Reich, de Till Bastian, se estima que entre 1933 y 1945 fueron juzgados, nada más en Alemania, unos 100.000 hombres por este “delito”, mientras que entre 5.000 y 15.000 fueron enviados a campos de concentración, llevando una insignia que los ubicaba en lo más bajo de la escala de rehenes.

Hago este recorrido histórico porque podemos advertir hoy día en nuestra Venezuela un fascismo, en fase de germinal, manifiesto en ciudadanos comunes que gritan, agarran a patadas, queman y hasta apuñalan a cualquier otro ciudadano común que en la vía pública es señalado como chavista. En contraste con esta pavorosa actualidad, en los 18 años de gobierno bolivariano la homosexualidad pasó de ser una vergüenza innombrable a constituirse en la comunidad sexo-género diversa que participa activamente en la discusión y construcción política del país. Con todo y los innecesarios descalificativos de “capriloca” por parte de pocos líderes revolucionarios, hoy día se ven como nunca banderas de arcoíris en las movilizaciones políticas; se rechaza la homofobia en entrevistas y artículos de opinión; y se consolida este grupo como un sector que sueña y disputa por el reconocimiento de sus derechos. A los hechos me remito.

 

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