Ellas también ruedan

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

Para el parque automotor, la moto siempre está acompañada de la impertinencia. El hecho de que los motorizados burlen los atolladeros con pericia y poco espacio posiblemente ha generado en los conductores una envidia secreta ante la audacia y descaro de los corceles de acero. El hecho de que nadie quiera a los motorizados ha ocasionado que esta raza desarrollara un sentido de camaradería y unión tal que puede desafiar en unión al sindicato más pintado: te metes con un motorizado, y te tienes que preparar para que te caigan todos encima.

Razas motorizadas

Con el surgimiento del mercado de los moto taxis, la moto en la ciudad adquirió una nueva prestancia. Así, motorizados acostumbrados a matar tigres como mensajeros ahora podían generar mejores ingresos, haciendo de transporte informal para los transeúntes desesperados. El rechazo general amainó un poco con este oficio.

Otra raza que se aparta del motorizado popular es la de los motoqueros: jinetes que visten como roqueros y montan naves de alta cilindrada para pasear o lanzarse viajes largos por carretera. Esta raza es vista con mejores ojos por ser de clase media-alta quienes se conducen en dos ruedas.

Sin embargo, a pesar de haber una diversidad de especies moteras, la moto parece ser un dispositivo para uso exclusivo de los hombres. En el caso de que aparezca una mujer en escena, las usan como objetos sexuales que adornen la máquina y nada más. Resulta que existen cada vez más mujeres que han decidido lanzarse a manejar moto, bien fueran como moto taxistas, como motorizadas populares o como motoqueras experimentadas. Aun así, la discriminación existe en todos los casos.

Ellas montan moto

Conocimos el caso de la presidenta del club de motoqueras “Ratgirls”, Ana Julia Mosquera, que se ha hecho una coraza contra las frases sexistas que suelen gritarle cuando maneja su moto de alta cilindrada: “Esa es mucha moto para ti”, “¡Ésa no puede!”. Ana Julia asegura que para manejarse sola en la ciudad prefiere usar ropa holgada para parecer hombre, a exponerse a que la ataquen por ser mujer: “A veces prefiero conducir pareciendo un hombre, por seguridad”, asiente.

Mujer al volante… ¿peligro constante?

Para la mujer que monta moto el panorama se hace doblemente peligroso, ya que la cultura motociclista suele desafiar no solo los escollos de conducirse en una vía adversa, sino el hecho de ser mujeres. Se hace imperioso apoyar a las hermanas a visibilizarlas mediáticamente a fin de que la sociedad se acostumbre al hecho de que la mujer también se conduce bien en dos ruedas.

ÉPALE 407

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