TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL

ÉPALE262-TRAS EL DISCURSOEl filme Amigos de armas (War dogs, EEUU, 2016) es uno más donde se plantea el deleznable negocio de la venta de armas —y toda la carga de inescrupulosidad que gira en torno a él— por parte del mayor proveedor mundial: los Estados Unidos de América. En esta ocasión el tema se aborda con el género comedia y con la suntuosa pretensión de alcanzar la sátira sociopolítica, cosa que no llega a buen término a pesar de poseer elementos de moderada hilaridad. La historia se centra en las vicisitudes de dos compañeros de infancia que se reencuentran e inician una meteórica carrera en la venta de armas para el ejército estadounidense. Los veinteañeros son expuestos con una evidente aura de eso que se ha dado en llamar “emprendimiento”, que en el mundo real funciona más como el enriquecimiento raudo y a cualquier precio que como una actividad económica lícita. En la escena inicial se plantea la guerra como lo que es, sin medias tintas: un gigantesco negocio (muy al margen de los conceptos de patriotismo y libertad con que suele vendérnoslo la mediática gringa) del cual el par de jóvenes solo obtienen la licitación de las migajas que oferta el Departamento de Defensa, por obra y gracia de una apertura que se dio luego de un escándalo en el que estuvo involucrado la nefasta figura de Dick Cheney.

El hecho de que un par de adolescentes —cuyas personalidades se asemejan más a las de unos inmaduros infantes— hayan obtenido, por un inverosímil golpe de suerte, un contrato por más de 300 millones de dólares al venderle al ejército más grande y poderoso de la Historia un enorme lote de balas chinas —prohibidas por el Gobierno norteamericano— para la guerra en Afganistán, no despierta otra cosa que una gran suspicacia, considerando cómo pudieron burlar las trabas burocráticas. La Historia nos da ejemplos de lo que sucede después de todo gran escándalo que involucre a una figura pública prominente: algún chivo expiatorio debe pagar, tiene que haber un pagote.

A lo largo de la narración fílmica se van presentando títulos de capítulos, a manera de mandamientos. Solo uno de ellos está en concordancia, es pertinente con la hipocresía que existe respecto al tema: “¿Desde cuándo decir la verdad sirve de algo?”.

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